Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.03 | N.01 | EneMar | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 51
Innovación empresarial y competitividad
organizacional en entornos globalizados
Business innovation and organizational competitiveness in
globalized environments
Casanova-Villalba, Luis Alberto
1
Páez-Puente, Erika Gabriela
2
https://orcid.org/0009-0009-5229-9378
https://orcid.org/0009-0002-4051-7357
luis.alberto.casanova.villalba@utelvt.edu.ec
erikagabrielapaezp@gmail.com
Ecuador, Santo Domingo, Universidad Técnica Luis
Vargas Torres de Esmeraldas.
Ecaudor, Quito, Instituto Superior Tecnológico Blez
Calahorrano-Zurita, Lourdes Jimena
3
Prada-Bolaños, Marcela
4
https://orcid.org/0009-0009-6990-9507
https://orcid.org/0009-0006-9809-3031
xcalahor@hotmail.com
mprada@estudiante.uniajc.edu.co
Ecaudor, Quito, Instituto Superior Tecnológico Blez
Colombia, Cali, Institución Universitaria Antonio
José Camacho.
Autor de correspondencia
1
DOI / URL: https://doi.org/10.55813/gaea/revistacec/v3/n1/49
Resumen: La innovación empresarial se ha consolidado como un
factor estratégico para la competitividad organizacional en
mercados caracterizados por la aceleración tecnológica, la
interdependencia económica y la transformación constante de las
preferencias del consumidor. El estudio tuvo como propósito
analizar críticamente la relación entre innovación empresarial y
competitividad organizacional en entornos globalizados. Se
desarrolló una revisión bibliográfica exploratoria, cualitativa,
documental y no experimental, basada en publicaciones
difundidas entre 2010 y 2025 e identificadas en Scopus, Web of
Science, SciELO, Redalyc y Google Scholar; la información se
examinó mediante síntesis temática y comparación narrativa. Los
hallazgos muestran que la innovación favorece la diferenciación,
la productividad, la eficiencia y el posicionamiento competitivo
cuando se sustenta en capacidades dinámicas, absorción de
conocimiento, aprendizaje organizacional, liderazgo y
coordinación interfuncional. Asimismo, las innovaciones de
producto, procesos de negocio, organización, colaboración y
digitalización producen efectos diferenciados, condicionados por
el tamaño, el sector, los recursos disponibles y el entorno
institucional. No obstante, la relación no es lineal ni universal,
debido a posibles rendimientos decrecientes, causalidad inversa
y heterogeneidad metodológica. Se concluye que la innovación
fortalece la competitividad cuando se articula con la estrategia,
las capacidades internas y mecanismos efectivos de apropiación
de valor.
Palabras clave: innovación empresarial; competitividad
organizacional; capacidades dinámicas; desempeño empresarial;
globalización.
Artículo Científico
Recibido: 10/Dic/2025
Aceptado: 08/Ene/2026
Publicado: 10/Feb/2026
Cita: Casanova-Villalba, L. A., Páez-Puente,
E. G., Calahorrano-Zurita, L. J., & Prada-
Bolaños, M. (2026). Innovación empresarial y
competitividad organizacional en entornos
globalizados. Revista Científica Enfoques Del
Conocimiento, 3(1), 51-
70. https://doi.org/10.55813/gaea/revistacec/v
3/n1/49
Revista Científica Enfoques del Conocimiento
(RCEC)
https://www.blez.edu.ec
https://revistacec.blez.edu.ec
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Artículo Científico
EneroMarzo 2025
Abstract:
Business innovation has become a strategic driver of organizational competitiveness
in markets characterized by technological acceleration, economic interdependence,
and continuously changing consumer preferences. This study aimed to critically
analyze the relationship between business innovation and organizational
competitiveness in globalized environments. An exploratory, qualitative, documentary,
and non-experimental literature review was conducted using publications issued
between 2010 and 2025 and retrieved from Scopus, Web of Science, SciELO,
Redalyc, and Google Scholar. The information was examined through thematic
synthesis and narrative comparison. The findings indicate that innovation strengthens
differentiation, productivity, operational efficiency, and competitive positioning when
supported by dynamic capabilities, knowledge absorption, organizational learning,
leadership, and cross-functional coordination. Product, business process,
organizational, collaborative, and digital innovations generate differentiated effects
conditioned by firm size, industry, resource availability, and the institutional
environment. However, the relationship is neither linear nor universal because of
potential diminishing returns, reverse causality, and methodological heterogeneity. It
is concluded that innovation enhances competitiveness when it is aligned with
organizational strategy, internal capabilities, and effective mechanisms for value
appropriation.
Keywords: business innovation; organizational competitiveness; dynamic capabilities;
firm performance; globalization.
1. Introducción
La globalización ha intensificado la interdependencia de los mercados, la circulación
internacional del conocimiento y la velocidad con que cambian las tecnologías, las
preferencias de los consumidores y los modelos de negocio. En este escenario, las
empresas compiten no solo mediante precios o economías de escala, sino también
por su capacidad para transformar conocimientos en productos, servicios y procesos
diferenciados. La innovación empresarial comprende la introducción efectiva de
productos o procesos nuevos o significativamente mejorados, mientras que la
competitividad organizacional expresa la capacidad de crear valor, responder al
entorno y sostener una posición favorable frente a los competidores (OECD/Eurostat,
2018; Teece, 2007).
Sin embargo, la necesidad estratégica de innovar contrasta con una desaceleración
de las inversiones que sostienen esa capacidad. El Índice Mundial de Innovación
examina actualmente 139 economías y evidencia que el crecimiento mundial del gasto
en investigación y desarrollo se redujo al 2,9 % en 2024 y se proyectó en 2,3 % para
2025, la expansión más débil en más de una década. Aunque el gasto corporativo en
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investigación y desarrollo alcanzó aproximadamente 1,3 billones de dólares en 2024,
su crecimiento real fue cercano al 1 %, lo que refleja restricciones financieras,
concentración sectorial y dificultades para mantener esfuerzos innovadores continuos
(World Intellectual Property Organization [WIPO], 2025).
Este problema no depende exclusivamente de la disponibilidad de tecnología o capital.
La orientación al aprendizaje, el intercambio interno de conocimiento, la apertura a
cuestionar prácticas establecidas, la comprensión del mercado y la disposición
emprendedora condicionan la capacidad de innovar. Asimismo, las estructuras
rígidas, la fragmentación entre departamentos, el liderazgo adverso al riesgo y la
escasa vinculación con clientes, proveedores, universidades y otros actores reducen
la generación y aplicación de ideas. En entornos globalizados, estas condiciones
deben complementarse con capacidades dinámicas para detectar oportunidades,
aprovecharlas y reconfigurar recursos conforme evolucionan los mercados y las
tecnologías (Calantone et al., 2002; Hult et al., 2004; Teece, 2007).
La insuficiente capacidad innovadora puede traducirse en obsolescencia de
productos, pérdida de participación de mercado, menor productividad y vulnerabilidad
frente a competidores internacionales capaces de responder con mayor rapidez. No
obstante, innovar tampoco garantiza automáticamente resultados superiores, pues
exige inversiones, aprendizaje, coordinación y tolerancia al fracaso (Navarrete-
Zambrano et al., 2025). La evidencia metaanalítica muestra que la relación entre
innovación y desempeño depende de la edad y el tamaño empresarial, el tipo de
innovación, el sector y el contexto cultural; además, algunos resultados sugieren
causalidad recíproca, dado que las organizaciones con mejor desempeño disponen
también de mayores recursos para innovar (Rosenbusch et al., 2011; Rubera & Kirca,
2012).
A pesar de la amplia producción científica, persiste una comprensión fragmentada de
la relación entre innovación empresarial y competitividad organizacional. Parte de la
literatura combina indistintamente recursos destinados a innovar, capacidades
organizacionales, resultados innovadores y desempeño financiero, dificultando la
comparación de hallazgos. Otros estudios privilegian las innovaciones tecnológicas y
conceden menor atención a los cambios organizacionales, comerciales y
administrativos que permiten aprovecharlas. Además, las diferencias entre industrias,
tamaños empresariales y economías desarrolladas o emergentes limitan la
generalización de resultados y explican algunas conclusiones contradictorias
(Crossan & Apaydin, 2010; Camisón & Villar-López, 2014; Rubera & Kirca, 2012).
En consecuencia, revisar críticamente este campo resulta conveniente para precisar
los mecanismos mediante los cuales la innovación puede convertirse en una ventaja
competitiva sostenible. Su relevancia económica y social radica en que mejores
capacidades innovadoras pueden fortalecer la productividad, la diferenciación, la
adaptación empresarial y la generación de soluciones para necesidades cambiantes.
En el plano teórico, la revisión permite articular las perspectivas de aprendizaje
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organizacional, recursos y capacidades dinámicas; mientras que, en términos
prácticos, puede orientar decisiones sobre cultura, liderazgo, inversión, cooperación y
gestión del conocimiento (OECD/Eurostat, 2018; Calantone et al., 2002; Teece, 2007).
La investigación es viable porque existe un cuerpo considerable de artículos revisados
por pares, metaanálisis, estudios empíricos y documentos institucionales disponibles
en bases bibliográficas y repositorios especializados. Esta disponibilidad permite
establecer criterios explícitos de búsqueda, selección, comparación y síntesis,
además de contrastar enfoques conceptuales y resultados obtenidos en distintos
contextos (Casanova-Villalba et al., 2024). Al emplear documentos publicados como
unidad de análisis, no se interviene directamente sobre personas ni se recopilan datos
personales; no obstante, deben asegurarse la trazabilidad de las fuentes, la fidelidad
interpretativa y la transparencia del procedimiento de revisión (Snyder, 2019).
Con base en lo expuesto, el objetivo general del artículo es analizar críticamente la
relación entre innovación empresarial y competitividad organizacional en entornos
globalizados mediante una revisión de la literatura científica. De manera específica,
se propone identificar los principales fundamentos teóricos de ambas variables;
describir los factores organizacionales y ambientales que favorecen o restringen la
innovación; comparar los efectos de las innovaciones de producto, proceso y
organización sobre el desempeño competitivo; y examinar las condiciones que
moderan esta relación según el tamaño, el sector y el contexto económico de las
empresas (Crossan & Apaydin, 2010; Rosenbusch et al., 2011).
Finalmente, la contribución esperada consiste en integrar hallazgos dispersos dentro
de un marco analítico que explique por qué determinadas iniciativas innovadoras
fortalecen la competitividad organizacional, mientras otras producen efectos limitados
o contingentes. La originalidad de la revisión reside en vincular simultáneamente
capacidades internas, modalidades de innovación, condiciones globales y resultados
competitivos, evitando asumir una relación universalmente positiva. Esta síntesis
permitirá delimitar vacíos empíricos, mejorar la coherencia de futuras mediciones y
proponer líneas de investigación comparativa aplicables a empresas de diferentes
tamaños, sectores y niveles de desarrollo económico (Camisón & Villar-López, 2014;
Rubera & Kirca, 2012; Snyder, 2019).
2. Materiales y métodos
La investigación se desarrolló mediante un enfoque cualitativo, con diseño no
experimental, documental y de alcance exploratorio, debido a que se orientó a
examinar cómo la literatura científica conceptualiza y relaciona la innovación
empresarial con la competitividad organizacional en entornos globalizados. La revisión
bibliográfica se asumió como un proceso analítico y crítico, y no como una simple
enumeración de publicaciones, por lo que se integraron aportes teóricos, resultados
empíricos y modelos explicativos procedentes de diferentes sectores y contextos
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económicos. El razonamiento analítico-sintético permitió descomponer el fenómeno
en dimensiones organizacionales, tecnológicas y ambientales, para posteriormente
articularlas dentro de una interpretación conjunta. Este diseño resultó pertinente para
reconocer tendencias de investigación, controversias conceptuales y áreas
insuficientemente estudiadas, sin pretender establecer relaciones causales definitivas
ni generalizaciones estadísticas sobre una población empresarial específica.
La unidad de análisis estuvo constituida por artículos científicos, revisiones de
literatura, libros académicos y documentos técnicos elaborados por organismos
internacionales relacionados con innovación, desempeño empresarial, capacidades
dinámicas, ventaja competitiva y globalización. La búsqueda comprendió
publicaciones difundidas entre enero de 2010 y diciembre de 2025, aunque se
incorporaron trabajos anteriores cuando representaban antecedentes teóricos
indispensables para comprender la evolución de los conceptos estudiados (Casanova-
Villalba et al., 2025). Se consultaron las bases de datos Scopus, Web of Science,
SciELO y Redalyc, mientras que Google Scholar se utilizó de manera complementaria
para localizar versiones de texto completo y rastrear referencias relevantes. La
combinación de varias fuentes documentales permitió ampliar la cobertura temática y
reducir el riesgo de limitar la revisión a una sola disciplina o región geográfica (Moreira
et al., 2024).
La estrategia de búsqueda se estructuró mediante descriptores en español e inglés
combinados con los operadores booleanos AND y OR. Entre las expresiones
utilizadas se incluyeron “innovación empresarial”, “innovación organizacional”,
“capacidad de innovación”, “competitividad organizacional”, “ventaja competitiva”,
“entornos globalizados”, “business innovation”, “organizational innovation”, “innovation
capability”, “firm competitiveness”, “competitive advantage” y “globalization”. Las
ecuaciones relacionaron los conceptos principales mediante combinaciones como:
(“business innovation” OR “organizational innovation”) AND (“organizational
competitiveness” OR “competitive advantage”) AND (“globalization” OR “globalized
environments”). La búsqueda se efectuó en títulos, resúmenes y palabras clave, y se
complementó mediante la revisión retrospectiva de las referencias de los estudios
seleccionados, procedimiento útil para identificar investigaciones relevantes que no
hubieran aparecido en la búsqueda inicial.
Como criterios de inclusión se consideraron publicaciones con texto completo
disponible, redactadas en español, inglés o portugués, vinculadas directamente con
al menos uno de los conceptos centrales del estudio y publicadas en revistas
arbitradas, editoriales académicas u organismos internacionales reconocidos.
También se incluyeron investigaciones teóricas y empíricas que analizaran empresas
de cualquier tamaño o sector, siempre que examinaran factores, capacidades,
resultados o condiciones relacionadas con la innovación y la competitividad. Se
excluyeron documentos duplicados, reseñas breves, editoriales, entradas de blogs,
páginas comerciales, materiales sin autoría identificable y publicaciones que
emplearan el término innovación sin relacionarlo con resultados, capacidades o
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procesos organizacionales. Asimismo, fueron descartados los estudios cuyo objeto
principal correspondiera a innovación educativa, clínica o social sin aplicación
empresarial explícita (Garrido-Moreno et al., 2024).
La selección documental se organizó en tres momentos consecutivos. Inicialmente,
se eliminaron los registros duplicados recuperados en las diferentes bases de datos;
posteriormente, se revisaron títulos y resúmenes para determinar su correspondencia
con el propósito del artículo; finalmente, se realizó la lectura completa de los
documentos potencialmente pertinentes. La decisión de inclusión se sustentó en la
concordancia entre el contenido de cada publicación, los objetivos de la revisión y los
criterios previamente establecidos. Para fortalecer la transparencia del procedimiento,
se registraron la base de procedencia, autoría, o, país o región, sector analizado,
tipo de estudio, conceptos empleados y principales resultados. La secuencia de
identificación, evaluación y selección siguió criterios de trazabilidad compatibles con
las recomendaciones para revisiones exploratorias, aunque el trabajo no se planteó
como una revisión sistemática con metaanálisis (Padilla-Lozano et al., 2024).
La información se extrajo mediante una matriz de análisis documental diseñada para
organizar de manera homogénea los hallazgos de las publicaciones seleccionadas.
La matriz incorporó las categorías de definición de innovación empresarial,
dimensiones de la competitividad organizacional, factores internos, factores externos,
tipos de innovación, indicadores de desempeño, capacidades organizacionales,
variables moderadoras, limitaciones metodológicas y vacíos de investigación.
También se registraron las perspectivas teóricas empleadas, entre ellas la visión
basada en recursos, las capacidades dinámicas, el aprendizaje organizacional y la
innovación abierta. Este procedimiento facilitó la comparación entre estudios
desarrollados en diferentes contextos, evitó la presentación aislada de resultados y
permitió reconocer coincidencias, divergencias y relaciones conceptuales recurrentes
en la literatura examinada (Moreira et al., 2024).
El análisis se efectuó mediante síntesis temática y comparación narrativa. En primer
lugar, se codificaron los argumentos y resultados relacionados con las categorías
previamente definidas; después, se agruparon los hallazgos según su proximidad
conceptual; y, finalmente, se contrastaron las conclusiones de los estudios para
identificar patrones, contradicciones y condiciones contextuales. No se aplicó
metaanálisis debido a la heterogeneidad de los diseños, muestras, escalas de
medición y formas de operacionalizar la innovación y la competitividad. Por
consiguiente, la interpretación se concentró en explicar los mecanismos propuestos
por la literatura, distinguir entre tipos de innovación y examinar cómo el tamaño
empresarial, el sector, la disponibilidad de recursos y el entorno institucional pueden
modificar sus efectos competitivos.
Finalmente, la calidad y pertinencia de los documentos se valoraron considerando la
claridad del propósito, la coherencia metodológica, la definición de las variables, la
correspondencia entre resultados y conclusiones, la procedencia editorial y la
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actualidad de la evidencia. Debido a que la investigación utilizó exclusivamente
información publicada y de acceso documental, no implicó intervención con seres
humanos, recopilación de datos personales ni manipulación de organizaciones. No
obstante, se observaron principios de integridad académica mediante la atribución
correcta de las ideas, la conservación del sentido original de los hallazgos, la exclusión
de fuentes no verificables y el registro transparente de las decisiones de selección e
interpretación. Estas medidas favorecieron la reproducibilidad general de la revisión y
redujeron posibles sesgos derivados de una selección arbitraria de literatura (Sagala
& Őri, 2024).
3. Resultados
3.1 Innovación empresarial como determinante de la competitividad
organizacional en entornos globalizados
La evidencia examinada permite sostener que la innovación empresarial constituye un
determinante estratégico de la competitividad, aunque sus efectos no son
automáticos, homogéneos ni independientes del contexto. En economías
globalizadas, la ventaja competitiva depende menos de la posesión estática de
recursos y más de la capacidad para detectar oportunidades, movilizar activos y
reconfigurar competencias frente a transformaciones tecnológicas, institucionales y
comerciales. Esta exigencia adquiere especial relevancia ante la desaceleración de la
inversión mundial en investigación y desarrollo: su crecimiento real se redujo al 2,9 %
en 2024 y fue proyectado en 2,3 % para 2025, los niveles más bajos desde 2010. Por
consiguiente, la competitividad no deriva únicamente de cuánto invierte una empresa,
sino de la eficacia con la cual convierte recursos, conocimiento y aprendizaje en
innovaciones comercialmente aprovechables (Teece, 2007; World Intellectual
Property Organization [WIPO], 2025).
3.1.1. Capacidades organizacionales que favorecen la innovación
Los resultados de la revisión muestran que las capacidades dinámicas representan
una infraestructura organizacional decisiva para la innovación, debido a que permiten
identificar cambios relevantes, seleccionar oportunidades y transformar la base de
recursos de la empresa. Estas capacidades se expresan en procesos de vigilancia
tecnológica, interpretación del mercado, toma estratégica de decisiones, reasignación
de recursos y renovación de modelos de negocio. Su importancia radica en que una
tecnología adquirida puede ser imitada, mientras que las rutinas mediante las cuales
una organización aprende, coordina y reconfigura sus activos son más difíciles de
reproducir. De este modo, la innovación se configura como el resultado acumulativo
de decisiones, aprendizajes y mecanismos de coordinación, y no como un
acontecimiento fortuito o exclusivamente asociado con la creatividad individual
(Teece, 2007).
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Asimismo, la capacidad de absorción aparece como un componente medular, puesto
que determina la aptitud empresarial para reconocer el valor del conocimiento externo,
asimilarlo y aplicarlo con fines productivos o comerciales. Su desarrollo depende del
conocimiento previamente acumulado, de la diversidad cognitiva del capital humano,
de la experiencia en investigación y desarrollo y de la existencia de canales internos
para compartir información. Por ello, la cooperación con universidades, proveedores,
clientes o centros tecnológicos no produce ventajas por sola; los beneficios
emergen cuando la empresa dispone de competencias para interpretar, combinar y
explotar el conocimiento recibido. En ausencia de esta capacidad, la información
externa puede permanecer desconectada de las necesidades operativas y convertirse
en un recurso subutilizado (Cohen & Levinthal, 1990).
La innovación también requiere una arquitectura organizacional que articule liderazgo,
autonomía, aprendizaje y coordinación interfuncional. El liderazgo innovador cumple
una función habilitadora cuando legitima la experimentación, acepta errores
razonables, asigna recursos y comunica una dirección estratégica coherente.
Paralelamente, la ambidestreza organizacional permite combinar la explotación de
conocimientos existentes —orientada a eficiencia, calidad y perfeccionamiento
incremental— con la exploración de tecnologías y mercados emergentes. Sin
embargo, ambas actividades demandan estructuras, horizontes temporales y
sistemas de incentivos diferentes, por lo que su coexistencia exige mecanismos de
integración gerencial que eviten que la eficiencia operativa desplace la búsqueda de
alternativas futuras (O’Reilly & Tushman, 2013).
En términos empíricos, la innovación organizacional favorece las capacidades
tecnológicas cuando modifica las prácticas administrativas, los sistemas de
coordinación, la gestión de personas y los procesos de decisión. Un estudio realizado
con 144 empresas industriales españolas determinó que la innovación organizacional
contribuye al desarrollo de capacidades de innovación de producto y proceso, las
cuales, a su vez, repercuten sobre el desempeño empresarial. Este hallazgo sugiere
que las modificaciones tecnológicas requieren transformaciones complementarias en
la estructura y en las rutinas de trabajo; de lo contrario, las organizaciones pueden
adquirir tecnologías sin alcanzar niveles superiores de productividad, diferenciación o
respuesta al mercado (Camisón & Villar-López, 2014).
3.1.2. Tipos de innovación y sus efectos competitivos
El análisis de los tipos de innovación exige superar clasificaciones excesivamente
fragmentadas. El Manual de Oslo distingue actualmente dos categorías principales:
innovación de producto e innovación de procesos de negocio. La primera comprende
bienes o servicios nuevos o significativamente mejorados introducidos en el mercado,
mientras que la segunda incluye cambios aplicados en las funciones empresariales,
como producción, distribución, marketing, administración, sistemas de información y
desarrollo de productos. Esta reorganización conceptual integra las antiguas
categorías de innovación de proceso, marketing y organización, y permite estudiar la
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innovación a partir de su aplicación efectiva, en lugar de limitarla a la generación de
ideas o a la inversión realizada (OECD/Eurostat, 2018).
La innovación de producto fortalece la competitividad mediante la diferenciación, el
acceso a nuevos segmentos, la adaptación a preferencias emergentes y la posibilidad
de obtener márgenes superiores. No obstante, sus resultados dependen de la
aceptación del mercado, la velocidad de comercialización, la protección del
conocimiento y la complementariedad con capacidades de marketing. Por su parte, la
innovación de procesos de negocio puede reducir costos, acortar tiempos, mejorar la
calidad y elevar la flexibilidad operativa, aunque su impacto competitivo suele ser
menos visible para el consumidor. En consecuencia, las innovaciones de producto
tienden a incidir directamente sobre la posición de mercado, mientras que las de
proceso actúan principalmente sobre la productividad y la eficiencia interna
(OECD/Eurostat, 2018; Rubera & Kirca, 2012).
A estas categorías se agrega la innovación colaborativa, mediante la cual las
empresas incorporan conocimiento, tecnologías y recursos procedentes de actores
externos. Un metaanálisis de 50 muestras independientes y 29.456 observaciones
encontró una correlación media positiva de 0,362 entre innovación colaborativa y
desempeño innovador, con un intervalo de confianza del 95 % entre 0,287 y 0,432.
Además, la colaboración con integrantes de la cadena de suministro presentó un
efecto mayor que la cooperación entre industria, universidades y organismos de
investigación. Estos resultados indican que la proximidad operativa, la
complementariedad de recursos y la orientación hacia problemas comerciales
concretos pueden facilitar la conversión del conocimiento compartido en resultados
competitivos (Xie et al., 2023).
Tabla 1
Síntesis de los efectos competitivos asociados con los principales tipos de innovación
Mecanismo
competitivo
predominante
Resultados esperados
Limitaciones principales
Diferenciación y
creación de valor para
el cliente
Nuevos mercados,
crecimiento de ventas,
posicionamiento y
fidelización
Incertidumbre de la demanda,
imitación y costos de
comercialización
(OECD/Eurostat, 2018; Rubera
& Kirca, 2012)
Eficiencia, flexibilidad y
coordinación operativa
Reducción de costos,
calidad, productividad y
rapidez de respuesta
Rigidez organizacional, déficit
de habilidades y resistencia al
cambio (Camisón & Villar-
López, 2014)
Reconfiguración de
rutinas, estructuras y
sistemas de gestión
Mayor capacidad
tecnológica, aprendizaje e
integración interna
Resultados indirectos y difíciles
de medir aisladamente
(Camisón & Villar-López, 2014)
Acceso a
conocimientos y
recursos
complementarios
Mayor desempeño
innovador, reducción de
riesgos y aceleración del
desarrollo
Dependencia externa, costos
de coordinación y pérdida de
conocimiento (Xie et al., 2023)
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Mecanismo
competitivo
predominante
Resultados esperados
Limitaciones principales
Integración de datos,
automatización y
conectividad
Productividad, escalabilidad,
internacionalización y
agilidad
Rendimientos decrecientes,
sobreinversión y brechas de
capacidades (Antenozio et al.,
2026)
Nota: (Autores, 2026).
La innovación digital merece una consideración diferenciada porque interviene
simultáneamente en productos, procesos, relaciones comerciales y modelos de
negocio. Sin embargo, la evidencia reciente cuestiona la premisa de que una mayor
digitalización siempre genera mejores resultados. Un estudio longitudinal con 250
pymes innovadoras italianas durante diez años encontró relaciones curvilíneas en
forma de U invertida entre la orientación digital y el desempeño financiero. Esto
significa que la digitalización puede aumentar la competitividad hasta determinado
umbral, pero una intensificación desproporcionada puede generar costos de
integración, complejidad tecnológica, duplicación de sistemas y subutilización de
activos. En consecuencia, la competitividad depende de optimizar los recursos
digitales y no simplemente de incrementar su adquisición (Antenozio et al., 2026).
3.1.3. Factores que condicionan la relación entre innovación y competitividad
La relación entre innovación y competitividad está condicionada, en primer término,
por el tamaño, la edad, el sector y la disponibilidad de recursos empresariales. Las
grandes organizaciones suelen disponer de capital, infraestructura científica,
reputación y canales de comercialización que facilitan la apropiación de los beneficios
innovadores; sin embargo, pueden enfrentar burocracia, lentitud decisoria y
resistencia estructural. En contraste, las empresas pequeñas presentan mayor
flexibilidad y proximidad al cliente, pero sus restricciones financieras y humanas
elevan el costo relativo de los proyectos fallidos. Un metaanálisis de 42 estudios y
21.270 empresas concluyó que la innovación se relaciona positivamente con el
desempeño de las pymes, aunque la magnitud del efecto varía según la antigüedad
empresarial, el tipo de innovación y el contexto cultural (Rosenbusch et al., 2011).
En segundo lugar, la capacidad para equilibrar exploración y explotación depende de
la dotación de recursos. Aunque la ambidestreza suele presentarse como una
condición ideal, la evidencia específica sobre pymes revela una realidad más
matizada. El metaanálisis de 34 estudios, con 5.488 observaciones empresariales,
mostró que la exploración, la explotación y la ambidestreza se relacionan
positivamente con el desempeño; no obstante, las pymes obtienen mayores beneficios
cuando concentran sus recursos en la exploración o en la explotación que cuando
intentan desarrollar ambas simultáneamente. Este resultado sugiere que las
organizaciones con recursos limitados pueden necesitar alternar secuencialmente
ambas orientaciones, en lugar de sostenerlas con la misma intensidad de forma
permanente (Wenke et al., 2021).
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En tercer lugar, la intensidad tecnológica, el grado de novedad y las capacidades de
apropiación modifican los resultados. La síntesis de 159 muestras independientes
procedentes de 153 estudios determinó que la capacidad innovadora influye en el
valor empresarial tanto directa como indirectamente, mediante mejoras en la posición
de mercado y en la situación financiera. Sin embargo, los efectos fueron mayores en
empresas grandes, sectores de alta tecnología, organizaciones con mayor inversión
publicitaria e innovaciones radicales. El mismo estudio detectó causalidad inversa: las
empresas con mejor desempeño también cuentan con más recursos para innovar. Por
ello, una correlación positiva no demuestra necesariamente que la innovación sea la
única causa de la competitividad observada (Rubera & Kirca, 2012).
Finalmente, el entorno institucional condiciona la disponibilidad de financiamiento, la
protección de la propiedad intelectual, la cooperación y la confianza entre los agentes.
Las instituciones formales —legislación, regulación, políticas de investigación y
protección contractual— y las informales —confianza, normas culturales y legitimidad
de la cooperación— pueden reducir la incertidumbre y favorecer la transferencia de
conocimiento. El metaanálisis de Xie et al. comprobó que ambas dimensiones
institucionales fortalecen la relación positiva entre innovación colaborativa y
desempeño innovador. No obstante, una protección excesivamente rígida también
puede restringir la circulación de conocimiento, especialmente en pymes que
dependen de redes externas para compensar sus limitaciones internas (Wenke et al.,
2021; Xie et al., 2023).
3.1.4. Resultados competitivos, contradicciones y vacíos de investigación
En conjunto, los resultados competitivos de la innovación se manifiestan en
dimensiones financieras y no financieras. Entre las primeras se encuentran el
crecimiento de ventas, la rentabilidad, el valor empresarial y la reducción de costos;
entre las segundas destacan la productividad, la calidad, la posición de mercado, la
capacidad exportadora, la rapidez de respuesta, la reputación y la supervivencia. Un
metaanálisis internacional reciente, integrado por 54 muestras de 19 países y 320.529
observaciones, identificó una asociación positiva, estadísticamente significativa y de
magnitud pequeña a moderada entre capacidades de innovación y desempeño
empresarial. No obstante, la relación varió de acuerdo con el indicador de desempeño,
el diseño metodológico y la proximidad entre la capacidad examinada y el resultado
medido (Lestan & Clausen, 2026).
La evidencia no confirma, por tanto, una función lineal según la cual toda inversión
innovadora incrementa indefinidamente la competitividad. Las innovaciones radicales
pueden generar ventajas sustanciales, pero también demandan recursos elevados,
afrontan mayor incertidumbre y requieren cambios complementarios en estructura,
talento y comercialización. Del mismo modo, la apertura colaborativa facilita el acceso
a conocimientos externos, aunque puede aumentar los costos de coordinación, la
dependencia de socios y el riesgo de apropiación del conocimiento. Las relaciones
curvilíneas documentadas en la digitalización refuerzan esta interpretación: después
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de cierto nivel, la complejidad y el costo de absorción pueden superar los beneficios
marginales de nuevas inversiones (Antenozio et al., 2026; Xie et al., 2023).
Las contradicciones también proceden de diferencias conceptuales y metodológicas.
Algunos estudios emplean “innovación” para designar actividades de investigación y
desarrollo; otros miden patentes, lanzamiento de productos, orientación innovadora o
percepción de los directivos. De manera semejante, la competitividad puede
operacionalizarse mediante rentabilidad, ventas, productividad, exportaciones,
participación de mercado o escalas subjetivas. Esta heterogeneidad dificulta la
comparación directa y puede explicar resultados divergentes, porque una capacidad
interna, un resultado innovador y una consecuencia financiera corresponden a etapas
distintas de la cadena causal. La distinción entre producto y procesos de negocio
propuesta por el Manual de Oslo contribuye a mejorar la comparabilidad, pero todavía
persisten diferencias importantes entre sectores, países y tamaños empresariales
(OECD/Eurostat, 2018; Rubera & Kirca, 2012).
Entre los vacíos identificados destaca la escasez de investigaciones longitudinales
que permitan establecer la dirección causal y el tiempo necesario para recuperar las
inversiones en innovación. También se requiere estudiar con mayor precisión las
combinaciones entre innovación tecnológica, organizacional, comercial y de modelo
de negocio, debido a que sus efectos pueden ser complementarios o sustitutivos.
Además, buena parte de la evidencia se concentra en economías desarrolladas y
sectores intensivos en tecnología, lo que limita su transferencia a empresas
informales, industrias tradicionales y economías emergentes. La literatura futura
debería integrar indicadores objetivos y subjetivos, controlar la causalidad inversa y
analizar cómo las instituciones, la transformación digital y las restricciones financieras
modifican la conversión de capacidades innovadoras en ventajas competitivas
sostenibles (Lestan & Clausen, 2026; Rosenbusch et al., 2011).
En síntesis, la innovación empresarial puede considerarse un determinante de la
competitividad cuando se encuentra respaldada por capacidades de absorción,
aprendizaje, reconfiguración y coordinación; cuando el tipo de innovación guarda
correspondencia con la estrategia; y cuando la organización dispone de recursos para
comercializar y apropiarse de los resultados. El hallazgo central no consiste en afirmar
que innovar siempre produce un desempeño superior, sino en reconocer que la
innovación genera valor bajo configuraciones específicas de capacidades, recursos y
condiciones institucionales. Esta perspectiva contingente permite superar
interpretaciones deterministas y comprender la competitividad como el resultado de
una articulación dinámica entre innovación, organización y entorno global (Teece,
2007; Lestan & Clausen, 2026).
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4. Discusión
La evidencia examinada permite interpretar que la innovación empresarial constituye un
determinante relevante de la competitividad organizacional, aunque su incidencia no responde
a una relación lineal, automática ni universal. La introducción de productos, servicios o
procesos novedosos solo adquiere valor estratégico cuando la organización consigue
incorporarlos al mercado o utilizarlos efectivamente en sus operaciones, diferenciación que
evita confundir la innovación con la mera generación de ideas o con el gasto en investigación.
En consecuencia, la competitividad no proviene exclusivamente de invertir en tecnología, sino
de transformar conocimiento y recursos en propuestas de valor difíciles de imitar,
económicamente sostenibles y congruentes con las condiciones del entorno global
(OECD/Eurostat, 2018; Teece, 2007).
Esta interpretación ratifica la centralidad de las capacidades dinámicas, porque la
posesión estática de recursos no garantiza que una empresa pueda responder
oportunamente ante cambios tecnológicos, comerciales o institucionales. La
competitividad se fortalece cuando la organización detecta oportunidades y
amenazas, moviliza recursos para aprovecharlas y reconfigura sus competencias
antes de que pierdan pertinencia. Desde esta perspectiva, la innovación debe
comprenderse como un proceso acumulativo de aprendizaje, experimentación y
renovación estratégica, y no como un acontecimiento aislado. La articulación entre
liderazgo, procesos innovadores y resultados organizacionales confirma, además, que
las capacidades innovadoras se construyen mediante rutinas y decisiones
interdependientes que atraviesan diferentes niveles de la empresa (Crossan &
Apaydin, 2010; Teece, 2007).
De manera complementaria, la capacidad de absorción explica por qué empresas
expuestas a fuentes similares de información obtienen resultados competitivos
divergentes. El acceso a conocimientos procedentes de clientes, proveedores,
universidades, competidores o centros tecnológicos solo genera beneficios cuando la
organización puede reconocer su valor, asimilarlo, combinarlo con saberes previos y
aplicarlo comercialmente. Por consiguiente, la apertura al conocimiento externo no
sustituye las competencias internas, sino que incrementa la necesidad de capital
humano cualificado, comunicación interfuncional, memoria organizacional y
mecanismos de transferencia. La innovación colaborativa puede resultar improductiva
cuando la empresa carece de estructuras que traduzcan la información adquirida en
decisiones, prototipos, procesos o soluciones comercializables (Cohen & Levinthal,
1990; Teece, 2007).
Los hallazgos también muestran que la innovación organizacional desempeña una
función habilitadora respecto de la innovación tecnológica. El estudio de Camisón y
Villar-López, realizado con 144 empresas industriales españolas, comprobó que las
modificaciones en prácticas administrativas, sistemas de coordinación y estructuras
internas contribuyen al desarrollo de capacidades de innovación de productos y
procesos, las cuales repercuten posteriormente en el desempeño empresarial. Este
resultado cuestiona las estrategias centradas exclusivamente en la adquisición de
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maquinaria, software o infraestructura, pues una tecnología avanzada puede producir
efectos limitados si permanece inserta en rutinas obsoletas. La competitividad
emerge, por tanto, de la complementariedad entre cambios tecnológicos y
transformaciones organizacionales que faciliten su apropiación y utilización
sistemática (Camisón & Villar-López, 2014).
En relación con los tipos de innovación, la revisión sugiere que sus efectos
competitivos se manifiestan mediante mecanismos diferenciados. Las innovaciones
de producto inciden principalmente en la diferenciación, la expansión comercial y la
creación de valor para el cliente, mientras que las innovaciones de procesos de
negocio favorecen la eficiencia, la calidad, la flexibilidad y la reducción de costos. No
obstante, ambas categorías no deberían analizarse como compartimentos
independientes, ya que los productos novedosos suelen exigir cambios en producción,
distribución, comercialización, sistemas de información y gestión del talento. De esta
manera, la ventaja competitiva resulta más plausible cuando se conforman carteras
coherentes de innovación y no cuando se ejecutan iniciativas desconectadas de la
estrategia y de las capacidades operativas (OECD/Eurostat, 2018; Arranz et al., 2019).
La coexistencia entre innovaciones incrementales y radicales plantea, asimismo, una
tensión entre explotación y exploración. La explotación perfecciona los conocimientos
existentes y proporciona eficiencia, estabilidad y retornos de corto plazo; en cambio,
la exploración busca tecnologías, mercados y modelos de negocio emergentes,
aunque incorpora mayor incertidumbre y períodos prolongados de recuperación. La
ambidestreza organizacional ofrece un marco para compatibilizar ambas
orientaciones, pero su implementación exige estructuras diferenciadas, liderazgo
integrador y una asignación disciplinada de recursos. En empresas pequeñas o con
restricciones financieras, intentar desarrollar simultáneamente múltiples trayectorias
innovadoras puede ocasionar dispersión estratégica, de modo que la secuenciación
de prioridades podría ser más viable que la ambidestreza plena (O’Reilly & Tushman,
2013; Rosenbusch et al., 2011).
El contexto global refuerza la importancia de administrar selectivamente la innovación.
El gasto corporativo mundial en investigación y desarrollo alcanzó aproximadamente
1,3 billones de dólares en 2024; sin embargo, su crecimiento real fue cercano al 1 %,
mientras que el crecimiento global de la inversión en investigación y desarrollo
disminuyó al 2,9 % en 2024 y se proyectó en 2,3 % para 2025. Estos datos revelan
que el desafío contemporáneo no consiste solamente en incrementar los recursos
destinados a innovar, sino en elevar su productividad y convertirlos en resultados
verificables. Bajo restricciones financieras, las organizaciones necesitan priorizar
iniciativas alineadas con necesidades del mercado, capacidades internas y
posibilidades reales de apropiación del valor generado (World Intellectual Property
Organization [WIPO], 2025).
No obstante, los resultados deben interpretarse con cautela, debido a que la literatura
no respalda la premisa de que toda innovación mejora necesariamente el desempeño.
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El metaanálisis de Rosenbusch et al. evidenció que la relación entre innovación y
desempeño en las pequeñas y medianas empresas está condicionada por la
antigüedad de la organización, el tipo de innovación y el contexto cultural. De manera
concordante, Rubera y Kirca identificaron efectos positivos sobre la posición de
mercado, la situación financiera y el valor empresarial, pero también encontraron
indicios de causalidad inversa: las empresas con mejor desempeño poseen mayores
recursos para financiar innovaciones. En consecuencia, una asociación positiva no
demuestra por sí misma que la innovación sea la causa exclusiva de la competitividad
observada (Rosenbusch et al., 2011; Rubera & Kirca, 2012).
Las contradicciones detectadas también pueden atribuirse a la heterogeneidad
conceptual y metodológica del campo. La innovación ha sido operacionalizada
mediante inversión en investigación y desarrollo, número de patentes, lanzamiento de
productos, adopción tecnológica, orientación innovadora o percepciones directivas;
paralelamente, la competitividad se ha medido mediante rentabilidad, ventas,
productividad, exportaciones, participación de mercado, supervivencia o escalas
subjetivas. Tales indicadores representan etapas distintas del proceso y no deberían
considerarse equivalentes. Esta dispersión dificulta comparar resultados y puede
ocultar efectos indirectos o diferidos, pues una capacidad organizacional precede a la
innovación, mientras que el retorno financiero puede manifestarse varios años
después de su introducción (Crossan & Apaydin, 2010; OECD/Eurostat, 2018; Rubera
& Kirca, 2012).
En el plano gerencial, la discusión indica que las organizaciones deberían sustituir la
lógica de acumulación tecnológica por una arquitectura integral de innovación. Esto
implica fortalecer la vigilancia del entorno, el aprendizaje organizacional, la capacidad
de absorción, la cooperación externa, la experimentación controlada y la coordinación
entre las áreas técnicas y comerciales. Asimismo, la evaluación de las iniciativas
innovadoras debería combinar indicadores inmediatos —tiempo de desarrollo,
calidad, costos o adopción— con resultados de mediano plazo, como productividad,
posición de mercado y rentabilidad. Esta visión impediría abandonar prematuramente
innovaciones con períodos prolongados de maduración o mantener proyectos que
consumen recursos sin perspectivas plausibles de apropiación de valor (Cohen &
Levinthal, 1990; Teece, 2007).
Desde el punto de vista teórico, la principal contribución del artículo radica en integrar
cuatro planos que frecuentemente aparecen fragmentados: las capacidades
organizacionales, los tipos de innovación, las condiciones contextuales y los
resultados competitivos. Esta articulación permite comprender que la innovación no
opera como un recurso autosuficiente, sino como una secuencia en la que el
conocimiento se adquiere, se transforma, se materializa en productos o procesos y,
finalmente, genera resultados sujetos a contingencias empresariales e institucionales.
Tal perspectiva supera las explicaciones deterministas y aproxima el análisis a un
modelo configuracional, según el cual distintas combinaciones de capacidades y
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modalidades innovadoras pueden conducir a desempeños semejantes (Camisón &
Villar-López, 2014; Crossan & Apaydin, 2010; Teece, 2007).
En investigaciones futuras resulta necesario desarrollar diseños longitudinales que
permitan examinar la temporalidad entre inversión, capacidad innovadora,
introducción de innovaciones y desempeño competitivo. También se requiere
comparar empresas de economías desarrolladas y emergentes, incorporar sectores
tradicionales y analizar las condiciones bajo las cuales la transformación digital, la
sostenibilidad y la innovación abierta generan rendimientos decrecientes o efectos
complementarios. En definitiva, la innovación empresarial fortalece la competitividad
cuando se encuentra sustentada por capacidades de aprendizaje y reconfiguración,
se alinea con una estrategia definida y responde a las particularidades del entorno;
fuera de estas condiciones, puede convertirse en una inversión costosa, fragmentada
y difícil de rentabilizar (Rosenbusch et al., 2011; Rubera & Kirca, 2012; Teece, 2007).
5. Conclusiones
La innovación empresarial constituye un determinante estratégico de la competitividad
organizacional en entornos globalizados, siempre que trascienda la incorporación
aislada de tecnologías y se articule con la estrategia, las necesidades del mercado y
la capacidad de generar valor sostenible. Su incidencia competitiva se manifiesta
mediante la diferenciación, la eficiencia operativa, la adaptación al cambio y el acceso
a nuevos mercados; no obstante, dichos resultados dependen de la forma en que cada
organización transforma sus recursos y conocimientos en soluciones efectivamente
implementadas.
Las capacidades organizacionales representan el soporte esencial del proceso
innovador el aprendizaje continuo, la absorción de conocimiento externo, la
coordinación interfuncional, el liderazgo transformador y la reconfiguración de
recursos permiten que la empresa responda con mayor rapidez a las variaciones
tecnológicas, comerciales e institucionales. Por consiguiente, la competitividad no
deriva únicamente de la disponibilidad de capital o infraestructura, sino de la existencia
de rutinas organizacionales capaces de convertir información, experiencia y
cooperación en resultados concretos.
Los distintos tipos de innovación generan efectos competitivos complementarios. Las
innovaciones de producto fortalecen la diferenciación y la expansión comercial,
mientras que las innovaciones de procesos de negocio contribuyen a la productividad,
la calidad y la reducción de costos. A su vez, la innovación organizacional favorece la
apropiación de los avances tecnológicos al modificar estructuras, prácticas
administrativas y sistemas de coordinación. En consecuencia, las organizaciones
obtienen mayores beneficios cuando integran diversas modalidades de innovación
dentro de una arquitectura coherente, en lugar de ejecutar iniciativas fragmentadas y
desvinculadas entre ellos.
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La revisión también permite concluir que la relación entre innovación y competitividad
es contingente. El tamaño empresarial, la disponibilidad de recursos, la antigüedad, el
sector económico, la capacidad de apropiación, la intensidad tecnológica y la calidad
institucional modifican la magnitud y la dirección de los resultados. En especial, las
pequeñas y medianas empresas pueden beneficiarse de su flexibilidad y cercanía al
mercado, aunque enfrentan mayores restricciones financieras, humanas y
tecnológicas, lo que exige priorizar proyectos innovadores compatibles con sus
capacidades y objetivos estratégicos.
Asimismo, innovar no garantiza automáticamente un desempeño superior. Las
inversiones pueden generar sobrecostos, complejidad, dependencia tecnológica o
pérdidas cuando no existe capacidad suficiente para asimilar, comercializar y escalar
los resultados. Además, la evidencia de causalidad inversa indica que las
organizaciones con mejor desempeño también disponen de mayores recursos para
innovar, por lo que la relación entre ambas variables debe entenderse como recíproca
y acumulativa. Este hallazgo obliga a abandonar interpretaciones deterministas y a
valorar la innovación como un proceso estratégico condicionado por múltiples factores
internos y externos.
Finalmente, persisten vacíos relacionados con la heterogeneidad de conceptos,
indicadores y diseños metodológicos utilizados para medir la innovación y la
competitividad. Se requieren estudios longitudinales, comparativos y multisectoriales
que permitan establecer la temporalidad de los efectos, diferenciar resultados directos
e indirectos y examinar con mayor precisión las condiciones de las economías
emergentes. La principal contribución del análisis radica en demostrar que la
competitividad sostenible surge de la interacción entre capacidades organizacionales,
modalidades de innovación, contexto institucional y mecanismos de apropiación del
valor, y no de la innovación considerada de manera aislada.
CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
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