Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 22
Metodologías activas y desarrollo del pensamiento
crítico en estudiantes universitarios
Active learning methods and the development of critical thinking in
college students
Oltramonti, Roberto
1
Casanova-Villalba, César Iván
2
https://orcid.org/0009-0001-8722-364X
https://orcid.org/0000-0001-6486-1334
roberto.oltramonti@mail.huji.ac.il
cesar.casanova.villalba@utelvt.edu.ec
Israel, Jerusalén, Hebrew University of Jerusalem.
Ecuador, La Concordia, Universidad Técnica Luis
Vargas Torres de Esmeraldas.
Tuitice-Tobar, Rebeca Abigail
3
Herrera-Sánchez, Maybelline Jaqueline
4
https://orcid.org/0009-0009-6023-6334
https://orcid.org/0000-0001-6840-3891
beck_aby@hotmail.com
maybelline.herrera.sanchez@utelvt.edu.ec
Ecuador, Quito, Instituto Superior Tecnológico Blez
Ecuador, Santo Domingo, Universidad Técnica Luis
Vargas Torres de Esmeraldas.
Autor de correspondencia
1
DOI / URL: https://doi.org/10.55813/gaea/revistacec/v2/n2/33
Resumen: La educación superior latinoamericana enfrenta el
desafío de transformar el acceso universitario en aprendizajes
complejos, transferibles y socialmente pertinentes,
especialmente ante brechas de rendimiento, permanencia y
desarrollo de habilidades cognitivas superiores. El estudio
tuvo como objetivo analizar la relación entre las metodologías
activas y el desarrollo del pensamiento crítico en estudiantes
universitarios. Se desarrolló una revisión bibliográfica
exploratoria, mediante la selección y análisis temático de
artículos científicos, revisiones, libros y capítulos académicos
publicados principalmente entre 2014 y 2025, considerando
estrategias como aprendizaje basado en problemas,
proyectos, casos, aula invertida, debate, colaboración y
escritura reflexiva. Los resultados evidencian que estas
metodologías favorecen habilidades como análisis,
interpretación, evaluación de evidencias, inferencia,
explicación argumentada y autorregulación, siempre que
exista diseño didáctico intencional, participación cognitiva,
retroalimentación y evaluación coherente. La discusión señala
que la innovación metodológica no garantiza por sola
pensamiento crítico, pues su efectividad depende de
condiciones pedagógicas, institucionales y socioculturales,
especialmente en América Latina. Se concluye que las
metodologías activas constituyen una a pertinente para
fortalecer el pensamiento crítico, pero requieren evaluación
sistemática, contextualización regional y estudios empíricos
más robustos.
Palabras clave: metodologías activas; pensamiento crítico;
educación superior; aprendizaje activo; estudiantes
universitarios.
Artículo Científico
Received: 15/Mar/2025
Accepted: 12/Abr/2025
Published: 16/May/2025
Cita: Oltramonti, R., Casanova-Villalba, C. I.,
Tuitice-Tobar, R. A., & Herrera-Sánchez, M. J.
(2025). Metodologías activas y desarrollo del
pensamiento crítico en estudiantes
universitarios. Revista Científica Enfoques Del
Conocimiento, 2(2), 22-
44. https://doi.org/10.55813/gaea/revistacec/v
2/n2/33
Revista Científica Enfoques del Conocimiento
(RCEC)
https://www.blez.edu.ec
https://revistacec.blez.edu.ec
revistacec@blez.edu.ec
© 2025. Este artículo es un documento de
acceso abierto distribuido bajo los términos y
condiciones de la Licencia Creative
Commons, Atribución-NoComercial 4.0
Internacional.
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 23
Artículo Científico
Abstract:
Latin American higher education faces the challenge of transforming expanded
university access into complex, transferable, and socially relevant learning, especially
in a context marked by academic gaps, unequal completion rates, and the growing
need for higher-order cognitive skills. This study aimed to analyze the relationship
between active learning methods and the development of critical thinking in university
students. An exploratory bibliographic review was conducted through the selection and
thematic analysis of scientific articles, reviews, books, and academic book chapters
published mainly between 2014 and 2025, focusing on strategies such as problem-
based learning, project-based learning, case studies, flipped classroom, debate,
collaborative learning, and reflective writing. The results show that these methods
strengthen skills such as analysis, interpretation, evidence evaluation, inference,
reasoned explanation, and self-regulation, provided that they are supported by
intentional instructional design, cognitive engagement, feedback, and coherent
assessment. The discussion indicates that methodological innovation does not
automatically guarantee critical thinking, since its effectiveness depends on
pedagogical, institutional, and sociocultural conditions, particularly in Latin America. It
is concluded that active learning methods are a relevant pathway for strengthening
critical thinking, but require systematic assessment, regional contextualization, and
stronger empirical research.
Keywords: active learning methods; critical thinking; higher education; active learning;
university students.
1. Introducción
La expansión reciente de la educación superior latinoamericana ha ampliado el
acceso, pero también ha tensionado la capacidad institucional para garantizar
aprendizajes complejos y transferibles. La región registra cerca de 30 millones de
estudiantes universitarios y una tasa bruta de matrícula terciaria cercana al 59% en
2024; sin embargo, la finalización sigue siendo desigual, pues la tasa bruta de
culminación terciaria en América Latina y el Caribe se estima en 25,1%, por debajo
del promedio mundial de 30,8% y 15 puntos porcentuales menos que la OCDE
(UNESCO-IESALC, 2025; World Bank, 2026; Arias Ortiz et al., 2024). Esta brecha
muestra que el desafío no se limita a incorporar más estudiantes, sino a transformar
las experiencias formativas para que la universidad no reproduzca trayectorias de
permanencia frágil, bajo rendimiento y credenciales con escaso valor cognitivo y
profesional. En ese marco, las metodologías activas adquieren relevancia porque
desplazan el énfasis desde la recepción de contenidos hacia la resolución de
problemas, la argumentación, la colaboración y la reflexión situada (Prince, 2004).
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 24
Artículo Científico
La necesidad de fortalecer el pensamiento crítico se vuelve más urgente cuando se
observa que las cohortes que ingresan a la educación superior arrastran déficits
previos de aprendizaje: en PISA 2022, tres de cada cuatro estudiantes
latinoamericanos de 15 años presentaron bajo desempeño en matemáticas y cerca
de la mitad no alcanzó competencias básicas de lectura (Arias Ortiz et al., 2024). Si
estos vacíos no se abordan en la universidad, sus efectos se proyectan sobre la
empleabilidad, la productividad, la participación democrática y la capacidad de tomar
decisiones informadas en contextos atravesados por desinformación, automatización
y desigualdad. La presión económica también es visible: el Foro Económico Mundial
estima que el 39% de las habilidades centrales de los trabajadores cambiará hacia
2030 y que casi siete de cada diez empleadores consideran el pensamiento analítico
como una competencia esencial (World Economic Forum, 2025). Así, el pensamiento
crítico deja de ser un atributo declarativo del currículo y se convierte en una condición
para sostener movilidad social, innovación y juicio ético en entornos profesionales
inciertos.
La literatura internacional ha mostrado que las metodologías activas pueden incidir
favorablemente en el rendimiento académico y en la equidad de resultados, aunque
su efectividad depende de la calidad del diseño pedagógico. Un metaanálisis de 225
estudios en disciplinas STEM encontró que el aprendizaje activo elevó el desempeño
en exámenes en 0,47 desviaciones estándar y que la enseñanza expositiva
incrementó las tasas de reprobación en 55% respecto de cursos con aprendizaje
activo (Freeman et al., 2014). Esta evidencia se complementa con hallazgos que
indican que las estrategias activas reducen brechas de desempeño en grupos
subrepresentados: Theobald et al. (2020) reportaron disminuciones promedio de 33%
en brechas de puntajes y de 45% en brechas de aprobación cuando la participación
activa se implementó con suficiente intensidad. Por tanto, no se trata de sustituir una
técnica por otra, sino de rediseñar la interacción didáctica para que el estudiante
analice, contraste evidencias, argumente y revise sus propios supuestos.
La relación entre metodologías activas y pensamiento crítico, pese a su solidez
conceptual, presenta resultados heterogéneos y vacíos relevantes para el contexto
latinoamericano. Abrami et al. (2008) sintetizaron 117 estudios con 20.698
participantes y hallaron un efecto promedio positivo de las intervenciones
instruccionales sobre pensamiento crítico, aunque con variabilidad asociada al tipo de
estrategia, la explicitación de objetivos y la evaluación empleada. De modo similar, los
estudios sobre aprendizaje basado en problemas muestran efectos favorables, pero
todavía discuten qué componentes explican mejor las mejoras: colaboración,
retroalimentación, complejidad de la tarea, disciplina o duración de la intervención (Liu
et al., 2022). La brecha regional es aún más crítica porque la investigación
latinoamericana sobre pensamiento crítico en educación superior ha tendido a
apoyarse en tradiciones del Norte Global y ha desaprovechado aportes de pedagogías
críticas propias de la región, lo que limita la comprensión de variables culturales,
institucionales y sociohistóricas (Guzmán-Valenzuela et al., 2023).
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 25
Artículo Científico
Este vacío justifica estudiar el fenómeno desde los estudiantes universitarios
latinoamericanos, porque son ellos quienes experimentan la congruencia o la
ruptura— entre la planificación docente, la participación real en aula y el desarrollo de
habilidades de juicio. La conveniencia académica radica en contrastar si metodologías
como aprendizaje basado en problemas, estudio de casos, aula invertida, proyectos
colaborativos y debate académico se asocian con dimensiones observables del
pensamiento crítico, tales como interpretación, análisis, evaluación, inferencia y
explicación (Facione, 1990; Bezanilla et al., 2019). La relevancia social reside en que
estas habilidades permiten enfrentar problemas públicos complejos, desde decisiones
sanitarias hasta dilemas tecnológicos y ambientales, sin reducir la formación
universitaria a acumulación de contenidos. La utilidad metodológica se expresa en la
posibilidad de generar evidencia empírica mediante instrumentos aplicables en
escenarios universitarios reales, con participación voluntaria, resguardo de anonimato
y tratamiento agregado de datos, sin requerir intervenciones invasivas ni riesgos
mayores para los participantes (Facione, 1990).
Desde esta línea argumental, el estudio tiene como objetivo general analizar la
relación entre las metodologías activas y el desarrollo del pensamiento crítico en
estudiantes universitarios latinoamericanos. Para lograrlo, se propone describir la
frecuencia y características con que los estudiantes perciben el uso de metodologías
activas en sus asignaturas; estimar el nivel de desarrollo de las dimensiones del
pensamiento crítico; determinar la asociación entre el uso de metodologías activas y
dichas dimensiones; y comparar posibles diferencias según área disciplinar, ciclo
académico y modalidad de enseñanza. Estos objetivos permiten pasar de
afirmaciones normativas sobre innovación educativa a evidencias contrastables sobre
prácticas concretas, especialmente en una región donde el aumento de matrícula no
siempre ha estado acompañado por mejoras equivalentes en permanencia,
culminación y calidad del aprendizaje (Arias Ortiz et al., 2024; Huber & Kuncel, 2016).
De esta manera, la investigación se orienta a producir insumos útiles para decisiones
curriculares, formación docente y evaluación institucional.
La contribución esperada del trabajo consiste en articular tres planos que con
frecuencia se investigan por separado: la innovación metodológica, el pensamiento
crítico y las condiciones latinoamericanas de masificación, desigualdad y transición
hacia economías intensivas en conocimiento. Su originalidad radica en no asumir que
toda metodología activa desarrolla pensamiento crítico por misma, sino en examinar
qué prácticas se relacionan con qué dimensiones cognitivas y bajo qué condiciones
formativas. Al conectar evidencia internacional con una lectura regional crítica, el
estudio puede aportar un marco para rediseñar asignaturas universitarias que integren
problemas auténticos, discusión argumentada, colaboración estructurada y
evaluación alineada con desempeños de orden superior (Guzmán-Valenzuela et al.,
2023; Bezanilla et al., 2019). En consecuencia, la investigación responde a una brecha
sustantiva: comprender cómo transformar el acceso universitario en aprendizaje
crítico, socialmente pertinente y profesionalmente valioso.
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 26
Artículo Científico
2. Materiales y métodos
El estudio se concibió como una revisión bibliográfica exploratoria orientada a
examinar el estado del conocimiento sobre las metodologías activas y su relación con
el desarrollo del pensamiento crítico en estudiantes universitarios. Se adoptó este tipo
de revisión porque permite mapear tendencias conceptuales, enfoques
metodológicos, hallazgos recurrentes y vacíos de investigación cuando el campo
presenta diversidad teórica, heterogeneidad de diseños y resultados aún no
plenamente consolidados. En coherencia con su propósito, el trabajo no buscó estimar
efectos causales ni realizar metaanálisis, sino organizar críticamente la evidencia
disponible para reconocer cómo se ha estudiado el fenómeno, qué dimensiones han
recibido mayor atención y qué aspectos permanecen insuficientemente abordados en
la educación superior latinoamericana. Este enfoque resulta pertinente cuando se
requiere delimitar un problema emergente, construir una base argumental para futuras
investigaciones empíricas y precisar categorías analíticas útiles para el diseño
curricular y la práctica docente (Rojas-Montero et al., 2024).
Se emplearon combinaciones en español, inglés y portugués de los términos
“metodologías activas”, “aprendizaje activo”, “pensamiento crítico”, “educación
superior”, “estudiantes universitarios”, “active learning”, “critical thinking” y “higher
education”, articulados mediante operadores booleanos para ampliar o restringir los
resultados según pertinencia temática. El periodo de búsqueda se delimitó
preferentemente entre 2014 y 2025, con la posibilidad de incluir textos clásicos cuando
aportaran fundamentos conceptuales necesarios para comprender el pensamiento
crítico o las metodologías activas. Esta decisión permitió equilibrar actualidad empírica
y solidez teórica, evitando que la revisión se redujera a estudios recientes sin anclaje
conceptual suficiente (Piedra-Castro et al., 2024b).
La selección de documentos consideró como criterios de inclusión artículos científicos,
revisiones, capítulos de libro y libros académicos que abordaran de forma explícita
metodologías activas, pensamiento crítico o ambas categorías en el contexto
universitario. Se priorizaron estudios con población estudiantil de educación superior,
investigaciones desarrolladas en América Latina o con resultados transferibles a este
contexto, y trabajos que describieran estrategias como aprendizaje basado en
problemas, aprendizaje basado en proyectos, aula invertida, estudios de caso,
debates académicos, aprendizaje colaborativo o resolución de problemas. Se
excluyeron documentos centrados exclusivamente en educación básica o secundaria,
textos de opinión sin sustento académico, materiales institucionales sin autoría
identificable, publicaciones duplicadas y trabajos cuyo vínculo con el pensamiento
crítico fuera meramente declarativo. De este modo, la revisión mantuvo una
delimitación coherente con el título del artículo y con la unidad de análisis propuesta:
estudiantes universitarios y experiencias formativas mediadas por metodologías
activas.
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 27
Artículo Científico
El procedimiento de análisis se desarrolló en fases sucesivas: identificación de
registros, depuración de duplicados, lectura de títulos y resúmenes, revisión del texto
completo y organización temática de los documentos seleccionados. Para cada fuente
se registraron autoría, año, país o región, tipo de documento, enfoque metodológico,
población estudiada, metodología activa analizada, dimensión del pensamiento crítico
considerada y principales aportes o limitaciones. Posteriormente, la información se
agrupó en categorías interpretativas relacionadas con fundamentos conceptuales,
estrategias pedagógicas, efectos reportados, condiciones institucionales, evaluación
del pensamiento crítico y vacíos de investigación en América Latina. Esta organización
permitió comparar convergencias y divergencias entre estudios, reconocer patrones
de evidencia y evitar una síntesis meramente descriptiva. El análisis se orientó por
una lógica temática, apropiada para integrar literatura heterogénea y construir
interpretaciones transversales sobre fenómenos educativos complejos (Piedra-Castro
et al., 2024a).
La calidad y pertinencia de los documentos se valoró a partir de criterios de claridad
conceptual, coherencia metodológica, relevancia para la educación superior,
actualidad, citación en bases académicas y aporte directo al problema de
investigación. Aunque la revisión no tuvo como finalidad aplicar una evaluación formal
de riesgo de sesgo propia de una revisión sistemática, se incorporó una lectura
crítica de los alcances y limitaciones de cada estudio para distinguir evidencia robusta,
aproximaciones exploratorias y afirmaciones poco sustentadas. Asimismo, se prestó
especial atención a la procedencia geográfica de las investigaciones, dado que una
parte importante de la literatura sobre metodologías activas y pensamiento crítico
proviene de contextos anglosajones, lo cual exige cautela al trasladar sus
conclusiones a universidades latinoamericanas. Esta decisión metodológica fortaleció
la interpretación contextual de los hallazgos y permitió situar la discusión en las
condiciones reales de formación, masificación, desigualdad y transformación
curricular de la región (Herrera Enríquez et al., 2021).
Desde el punto de vista ético, el estudio no involucró intervención directa con
personas, recolección de datos sensibles ni aplicación de instrumentos a estudiantes
o docentes, por lo que se trabajó únicamente con documentos académicos de acceso
público o disponibles en bases de datos institucionales. No obstante, se preservaron
principios de integridad científica mediante el reconocimiento explícito de autorías, la
trazabilidad de las fuentes, la exclusión de referencias no verificables y la
diferenciación entre hallazgos empíricos, fundamentos teóricos e inferencias propias
del análisis. La metodología adoptada permitió construir una base documental viable
en términos de tiempo, acceso y recursos, al mismo tiempo que ofreció un camino
riguroso para fundamentar el propósito del artículo: explorar cómo las metodologías
activas se han vinculado con el desarrollo del pensamiento crítico en estudiantes
universitarios y qué brechas requieren investigaciones posteriores de carácter
empírico, comparativo o explicativo (Burbano-Buñay, 2025).
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 28
Artículo Científico
3. Resultados
3.1. Relación entre metodologías activas y desarrollo del pensamiento crítico en
estudiantes universitarios
La literatura revisada permite comprender que la relación entre metodologías activas
y pensamiento crítico no debe interpretarse como una asociación mecánica ni lineal,
sino como una convergencia pedagógica mediada por la calidad del diseño didáctico,
la intencionalidad formativa y el grado de exigencia cognitiva de las tareas propuestas.
En educación superior, las metodologías activas adquieren relevancia cuando
desplazan al estudiante de una posición receptiva hacia una participación intelectual
sostenida, en la que debe interpretar problemas, seleccionar evidencias, contrastar
argumentos, formular juicios y justificar decisiones. Esta dinámica se aproxima al
núcleo conceptual del pensamiento crítico, entendido como juicio reflexivo y
autorregulado que integra interpretación, análisis, evaluación, inferencia, explicación
y autorregulación (Facione, 1990; Abrami et al., 2008).
Los hallazgos acumulados indican que el aprendizaje activo favorece condiciones
pedagógicas más propicias para el pensamiento crítico que la clase expositiva
tradicional, aunque sus efectos dependen de la profundidad con que se implementa.
Freeman et al. (2014), en un metaanálisis de 225 estudios, demostraron que las
estrategias de aprendizaje activo incrementan el rendimiento académico y reducen la
probabilidad de reprobación en cursos universitarios de ciencia, tecnología, ingeniería
y matemáticas. Sin embargo, tales resultados no implican que cualquier actividad
participativa genere pensamiento crítico, porque la mejora cognitiva se produce
cuando el estudiante enfrenta problemas auténticos, recibe retroalimentación
pertinente y dispone de criterios claros para revisar la calidad de sus razonamientos
(Freeman et al., 2014; Huber & Kuncel, 2016).
Desde una perspectiva más amplia, el pensamiento crítico se fortalece cuando las
metodologías activas logran convertir el aula universitaria en un espacio de
indagación, deliberación y construcción argumentada del conocimiento. Las
evidencias revisadas sugieren que no basta con modificar la forma externa de la clase;
es necesario transformar la lógica de la experiencia formativa, de modo que las
actividades exijan al estudiante movilizar saberes, reconocer sesgos, dialogar con
perspectivas divergentes y fundamentar sus conclusiones. Por ello, las metodologías
activas funcionan como mediaciones pedagógicas, no como soluciones
autosuficientes, y su valor depende de la coherencia entre objetivos, actividades,
evaluación y acompañamiento docente (Prince, 2004; Bezanilla et al., 2019).
3.1.1. Metodologías activas predominantes en la literatura revisada
En la literatura revisada predominan metodologías activas que sitúan al estudiante
ante situaciones de análisis, resolución y toma de decisiones, entre las cuales
destacan el aprendizaje basado en problemas, el aprendizaje basado en proyectos, el
estudio de casos, el aula invertida, el aprendizaje colaborativo, el debate académico
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 29
Artículo Científico
y las actividades de escritura reflexiva. Estas estrategias comparten un rasgo central:
reorganizan el proceso de enseñanza para que el estudiante no se limite a reproducir
información, sino que la examine, la relacione con contextos específicos y la utilice
para responder a problemas conceptuales o prácticos. En esa dirección, Bonwell y
Eison (1991) describieron el aprendizaje activo como un conjunto de experiencias que
involucran al estudiante en hacer y pensar sobre lo que hace, mientras que Prince
(2004) enfatizó que su efectividad depende de la implicación cognitiva y no solo de la
actividad observable (Bonwell & Eison, 1991; Prince, 2004).
El aprendizaje basado en problemas aparece como una de las metodologías más
vinculadas al desarrollo del pensamiento crítico, debido a que introduce al estudiante
en escenarios problemáticos abiertos, ambiguos y cercanos a situaciones
profesionales. Al enfrentarse a problemas que no poseen una única respuesta
inmediata, el estudiante debe formular hipótesis, discriminar información relevante,
evaluar alternativas y defender soluciones razonadas. Esta estructura metodológica
favorece procesos de inferencia, análisis y evaluación, especialmente cuando el
docente actúa como mediador y no como transmisor exclusivo del conocimiento. Las
revisiones recientes han mostrado que el aprendizaje basado en problemas puede
generar efectos positivos sobre el pensamiento crítico en educación superior, aunque
dichos efectos varían según duración, disciplina, diseño de intervención y calidad de
la evaluación (Olivares Olivares & Heredia Escorza, 2012; Liu & Pásztor, 2022).
El aprendizaje basado en proyectos también ocupa un lugar importante, porque
vincula el conocimiento académico con la elaboración de productos, propuestas o
soluciones aplicadas. Su aporte al pensamiento crítico se observa cuando el proyecto
exige investigar, planificar, contrastar información, tomar decisiones y revisar los
resultados obtenidos a la luz de criterios previamente establecidos. Guo et al. (2020)
señalan que esta metodología se asocia con resultados cognitivos, afectivos y
conductuales en educación superior, aunque advierten que muchas investigaciones
todavía dependen de cuestionarios de percepción y no siempre evalúan de forma
directa los desempeños intelectuales logrados por los estudiantes. Esta limitación
sugiere que el potencial del aprendizaje basado en proyectos depende de la calidad
de las evidencias producidas y no únicamente de la implementación nominal de la
estrategia (Guo et al., 2020).
El estudio de casos y el debate académico se identifican como metodologías
especialmente pertinentes para activar el razonamiento evaluativo, porque obligan al
estudiante a interpretar situaciones, ponderar consecuencias, sostener argumentos y
responder a objeciones. En el estudio de casos, el conocimiento se organiza alrededor
de escenarios concretos que requieren análisis contextual; en el debate, la exigencia
se desplaza hacia la defensa pública de posiciones mediante razones y evidencias.
Ambas estrategias favorecen el tránsito desde la opinión inmediata hacia el juicio
fundamentado, lo cual resulta esencial para la formación universitaria. Bezanilla et al.
(2019) encontraron que docentes universitarios reconocen la argumentación oral y
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 30
Artículo Científico
escrita, la lectura analítica, los estudios de caso y la reflexión como estrategias
relevantes para enseñar pensamiento crítico (Bezanilla et al., 2019).
El aula invertida, aunque con una presencia creciente en la literatura, muestra una
relación más indirecta con el pensamiento crítico. Su contribución no radica
únicamente en trasladar contenidos teóricos a espacios previos a la clase, sino en
liberar tiempo presencial para actividades de mayor complejidad cognitiva, tales como
discusión, aplicación, resolución de problemas, análisis colaborativo y
retroalimentación. O’Flaherty y Phillips (2015) advierten que esta metodología puede
favorecer aprendizajes de orden superior cuando existe una articulación sólida entre
preparación autónoma, interacción en aula y evaluación del aprendizaje. Por ello, el
aula invertida solo contribuye al pensamiento crítico cuando el tiempo presencial no
se reduce a ejercicios rutinarios, sino que se orienta a procesos de interpretación,
argumentación y transferencia (O’Flaherty & Phillips, 2015).
3.1.2. Habilidades del pensamiento crítico más fortalecidas
Las habilidades del pensamiento crítico más fortalecidas por las metodologías activas
se agrupan en torno al análisis, la interpretación, la evaluación de evidencias, la
inferencia, la explicación argumentada y la autorregulación del razonamiento. Estas
dimensiones coinciden con el consenso experto dirigido por Facione (1990), donde el
pensamiento crítico se concibe como un juicio intencional y autorregulado que permite
decidir qué creer o qué hacer a partir de criterios racionales. En la educación
universitaria, dichas habilidades se vuelven centrales porque permiten que el
estudiante no solo comprenda contenidos disciplinares, sino que los interrogue, los
contextualice y los aplique con criterio propio (Facione, 1990; Halpern, 2014).
El análisis se fortalece cuando las metodologías activas exigen descomponer
problemas, identificar relaciones entre variables, reconocer supuestos implícitos y
distinguir información relevante de aquella que resulta secundaria. Esta habilidad
suele aparecer en el aprendizaje basado en problemas, el estudio de casos y el
aprendizaje basado en proyectos, debido a que tales estrategias presentan
situaciones complejas que no pueden resolverse mediante memorización. En estos
escenarios, el estudiante debe examinar la estructura del problema antes de proponer
una respuesta, lo cual incrementa su capacidad para organizar información y construir
interpretaciones coherentes. Abrami et al. (2008) demostraron que las intervenciones
instruccionales orientadas explícitamente al pensamiento crítico producen efectos
positivos, sobre todo cuando combinan enseñanza directa de habilidades críticas con
oportunidades de práctica aplicada (Abrami et al., 2008).
La evaluación de evidencias constituye otra habilidad recurrentemente fortalecida, en
la medida en que las metodologías activas obligan al estudiante a valorar la
credibilidad, pertinencia y suficiencia de la información utilizada. Esta dimensión
resulta particularmente importante en contextos universitarios atravesados por
sobreabundancia informativa, circulación de desinformación y uso creciente de
fuentes digitales. Las actividades de debate, análisis de casos, revisión de literatura,
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 31
Artículo Científico
escritura argumentativa y resolución colaborativa de problemas pueden favorecer esta
competencia siempre que se exija fundamentar afirmaciones con datos, teorías o
evidencias verificables. Liu, Frankel y Roohr (2014) subrayan que la evaluación del
pensamiento crítico debe atender precisamente estas operaciones cognitivas, porque
permiten distinguir entre razonamiento sustentado y opinión no examinada (Liu et al.,
2014).
La inferencia y la explicación también emergen como habilidades fortalecidas,
especialmente cuando el estudiante debe derivar conclusiones a partir de información
incompleta, justificar una postura o proponer soluciones plausibles ante problemas
abiertos. Estas habilidades no se desarrollan con actividades repetitivas, sino con
tareas que incorporan incertidumbre, conflicto cognitivo y necesidad de
argumentación. En ambientes de aprendizaje basado en problemas, por ejemplo, el
estudiante debe formular explicaciones provisionales, revisarlas a medida que accede
a nueva información y defenderlas ante sus pares. Olivares Olivares y Heredia
Escorza (2012) encontraron que estudiantes formados en ambientes de aprendizaje
basado en problemas mostraron mejores desempeños en dimensiones vinculadas al
pensamiento crítico en comparación con entornos más tradicionales (Olivares Olivares
& Heredia Escorza, 2012).
La autorregulación, aunque menos visible que el análisis o la evaluación, representa
una habilidad decisiva porque permite al estudiante examinar la calidad de su propio
razonamiento. En metodologías activas bien diseñadas, esta habilidad se promueve
mediante retroalimentación, autoevaluación, coevaluación, escritura reflexiva y
revisión iterativa de productos académicos. Su importancia radica en que el
pensamiento crítico no consiste únicamente en cuestionar argumentos externos, sino
también en revisar los propios supuestos, detectar errores, reconocer limitaciones y
modificar conclusiones cuando la evidencia lo exige. Halpern (2014) sostiene que una
enseñanza orientada al pensamiento crítico debe favorecer la transferencia y la
metacognición, de modo que el estudiante pueda aplicar estrategias de razonamiento
más allá de una asignatura particular (Halpern, 2014).
3.1.3. Participación estudiantil como condición para el desarrollo crítico
La participación estudiantil aparece como una condición indispensable para el
desarrollo del pensamiento crítico, siempre que se entienda como implicación
cognitiva y no como simple intervención verbal o presencia en actividades grupales.
En este sentido, participar supone examinar problemas, formular preguntas, construir
argumentos, confrontar perspectivas, recibir retroalimentación y reformular ideas. Las
metodologías activas crean oportunidades para esta participación, pero su impacto
depende de que las tareas obliguen a razonar y no solo a cumplir procedimientos.
Theobald et al. (2020) demostraron que el aprendizaje activo puede reducir brechas
de desempeño en estudiantes universitarios, lo que sugiere que la participación
estructurada también puede operar como mecanismo de equidad académica
(Theobald et al., 2020).
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 32
Artículo Científico
Tabla 1
Participación estudiantil como condición para el desarrollo del pensamiento crítico
Aspecto analizado
Descripción
Idea central
La participación estudiantil es una condición indispensable para el
desarrollo del pensamiento crítico.
Tipo de participación
requerida
Debe entenderse como una implicación cognitiva profunda, no como simple
intervención verbal, asistencia o trabajo grupal superficial.
Acciones que implica
participar
Examinar problemas, formular preguntas, construir argumentos, confrontar
perspectivas, recibir retroalimentación y reformular ideas.
Papel de las
metodologías activas
Generan oportunidades para que los estudiantes participen de manera
reflexiva, crítica y colaborativa.
Condición para su
impacto
Las actividades deben exigir razonamiento, análisis y argumentación, no
solo el cumplimiento mecánico de procedimientos.
Aporte de Theobald et al.
(2020)
Evidenciaron que el aprendizaje activo puede reducir brechas de
desempeño en estudiantes universitarios.
Implicación educativa
La participación estructurada puede funcionar como un mecanismo de
equidad académica y fortalecimiento del pensamiento crítico.
Referencia citada
Theobald et al. (2020).
Nota: La tabla sintetiza la participación estudiantil desde una perspectiva cognitiva, destacando su
relación con las metodologías activas, el razonamiento argumentativo y la equidad académica en
estudiantes universitarios, con base en los aportes de Theobald et al. (2020) (Autores, 2026).
La participación adquiere valor formativo cuando convierte al estudiante en agente
epistémico de su propio aprendizaje. Esta noción implica que el estudiante no solo
recibe conocimiento validado por el docente, sino que interviene en su construcción,
contrastación y aplicación. En actividades colaborativas, por ejemplo, el pensamiento
crítico se fortalece cuando los estudiantes distribuyen responsabilidades, justifican sus
aportes, negocian significados y elaboran productos comunes. No obstante, la
colaboración solo favorece el pensamiento crítico si existe interdependencia positiva,
responsabilidad individual y criterios de evaluación transparentes. De lo contrario,
puede derivar en división superficial de tareas o dependencia de estudiantes con
mayor desempeño académico (Bonwell & Eison, 1991; Prince, 2004).
La discusión argumentada constituye una de las formas más potentes de
participación, porque expone al estudiante a la pluralidad de interpretaciones y le exige
sostener sus afirmaciones ante otros. El debate académico, la defensa de proyectos,
el análisis de dilemas y la discusión de casos permiten que el estudiante aprenda a
distinguir entre preferencia personal y argumento fundamentado. Esta diferencia es
crucial para el pensamiento crítico, ya que la formación universitaria no busca
únicamente que el estudiante tenga opiniones, sino que pueda justificar, revisar y
eventualmente transformar esas opiniones frente a evidencias y contraargumentos.
Bezanilla et al. (2019) identifican precisamente la argumentación oral y escrita como
una de las estrategias docentes más asociadas al desarrollo crítico en educación
superior (Bezanilla et al., 2019).
La retroalimentación docente y entre pares también resulta decisiva para que la
participación se convierta en desarrollo crítico. Cuando el estudiante recibe
comentarios específicos sobre la solidez de sus argumentos, la pertinencia de sus
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 33
Artículo Científico
evidencias o la coherencia de sus conclusiones, dispone de insumos para mejorar su
razonamiento. En cambio, cuando la participación se evalúa solo por asistencia,
frecuencia de intervención o entrega de productos, se pierde la posibilidad de incidir
en las operaciones cognitivas profundas. Por ello, el docente cumple una función
mediadora: diseña situaciones retadoras, orienta la discusión, regula la interacción y
explicita criterios de calidad intelectual (O’Flaherty & Phillips, 2015; Liu et al., 2014).
La participación estudiantil, además, se relaciona con la motivación académica y el
sentido de pertenencia, dos dimensiones que pueden influir indirectamente en el
pensamiento crítico. Cuando las actividades activas se vinculan con problemas reales,
dilemas profesionales o contextos sociales relevantes, el estudiante encuentra mayor
sentido en el aprendizaje y se compromete con procesos de indagación más
exigentes. Sin embargo, la motivación por sola no garantiza pensamiento crítico;
debe estar acompañada de exigencia conceptual, evaluación rigurosa y oportunidades
de reflexión. Esta articulación explica por qué las metodologías activas son más
efectivas cuando integran relevancia contextual, desafío cognitivo y acompañamiento
pedagógico (Guo et al., 2020; Huber & Kuncel, 2016).
3.1.4. Limitaciones de la evidencia en el contexto latinoamericano
La evidencia latinoamericana sobre metodologías activas y pensamiento crítico
presenta avances relevantes, pero también limitaciones que restringen la posibilidad
de establecer conclusiones robustas y comparables. Una primera limitación se
relaciona con la dispersión conceptual: distintos estudios emplean nociones de
pensamiento crítico asociadas a habilidades cognitivas, competencias genéricas,
razonamiento reflexivo, juicio ético o conciencia crítica, sin siempre explicitar sus
fundamentos teóricos. Esta heterogeneidad dificulta comparar resultados entre
investigaciones y construir acumulación científica. Guzmán-Valenzuela et al. (2023)
advierten que en América Latina existe una tensión entre enfoques cognitivos
importados y tradiciones de pedagogía crítica propias de la región, lo cual genera una
disyunción epistemológica en la forma de estudiar el pensamiento crítico (Guzmán-
Valenzuela et al., 2023).
Otra limitación se ubica en el plano metodológico, ya que muchas investigaciones
regionales recurren a diseños transversales, muestras pequeñas, experiencias
localizadas o mediciones basadas en percepciones de estudiantes y docentes.
Aunque estos estudios son valiosos para describir prácticas y explorar significados,
resultan insuficientes para determinar con precisión el efecto de una metodología
activa sobre dimensiones específicas del pensamiento crítico. Esta situación se
agrava cuando las intervenciones no incluyen mediciones iniciales y finales, grupos
de comparación o instrumentos validados. La consecuencia es que algunas
conclusiones sobre mejora del pensamiento crítico permanecen en un plano
inferencial, más cercano a la percepción de innovación que a la verificación empírica
del aprendizaje (Olivares Olivares & Heredia Escorza, 2012; Liu et al., 2014).
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 34
Artículo Científico
La transferencia de evidencia internacional al contexto latinoamericano también exige
cautela. Buena parte de los metaanálisis y revisiones de alto impacto se ha
desarrollado con predominio de estudios provenientes de Norteamérica, Europa,
Australia o Asia, donde las condiciones institucionales, tecnológicas y curriculares
pueden diferir significativamente de las universidades latinoamericanas. En la región,
la masificación de la educación superior, las desigualdades de capital académico
previo, la heterogeneidad de recursos institucionales y la diversidad de perfiles
estudiantiles pueden modular la efectividad de las metodologías activas. Por ello, no
resulta metodológicamente prudente asumir que una estrategia exitosa en un contexto
se replicará con igual intensidad en otro sin adaptaciones culturales, curriculares e
institucionales (Guzmán-Valenzuela et al., 2023; Huber & Kuncel, 2016).
La formación docente constituye otra dimensión insuficientemente explorada en la
evidencia latinoamericana. Implementar metodologías activas exige dominio
disciplinar, competencia didáctica, manejo de grupos, diseño de problemas,
evaluación auténtica y capacidad para sostener procesos de retroalimentación. Sin
estas condiciones, la metodología puede convertirse en una secuencia de actividades
desarticuladas que incrementan la carga de trabajo del estudiante sin necesariamente
profundizar su razonamiento. Bezanilla et al. (2019) muestran que la perspectiva
docente es clave para comprender cómo se enseña el pensamiento crítico, mientras
que O’Flaherty y Phillips (2015) subrayan que la efectividad de innovaciones como el
aula invertida depende de la coherencia pedagógica de su implementación (Bezanilla
et al., 2019; O’Flaherty & Phillips, 2015).
También se observa una insuficiente problematización del vínculo entre pensamiento
crítico y contexto sociocultural latinoamericano. En varios estudios, el pensamiento
crítico se aborda como una competencia cognitiva universal, sin explorar
suficientemente su relación con desigualdad, ciudadanía, participación democrática,
justicia social o producción situada de conocimiento. Esta omisión resulta relevante
porque la universidad latinoamericana no solo enfrenta el desafío de formar
profesionales competentes, sino también sujetos capaces de interrogar problemas
públicos, reconocer relaciones de poder y participar en transformaciones sociales. En
este punto, la pedagogía crítica regional podría enriquecer los modelos cognitivos
tradicionales, ampliando la comprensión del pensamiento crítico hacia dimensiones
éticas, políticas y comunitarias (Guzmán-Valenzuela et al., 2023).
3.1.5. Necesidad de evaluación sistemática del pensamiento crítico
La necesidad de evaluación sistemática del pensamiento crítico emerge como una de
las conclusiones más importantes de la revisión, porque sin mediciones rigurosas
resulta difícil determinar si las metodologías activas producen aprendizajes críticos
verificables. Evaluar pensamiento crítico implica operacionalizar dimensiones
complejas, seleccionar instrumentos adecuados, establecer criterios de desempeño y
distinguir entre percepción de aprendizaje y evidencia de razonamiento. Liu et al.
(2014) destacan que la evaluación del pensamiento crítico en educación superior
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 35
Artículo Científico
enfrenta retos vinculados con definición conceptual, validez, confiabilidad, formato de
prueba, motivación estudiantil y utilidad pedagógica de los resultados (Liu et al., 2014).
Una evaluación sistemática debería combinar instrumentos estandarizados, rúbricas
analíticas y evidencias auténticas de desempeño. Las pruebas estandarizadas
pueden aportar información comparativa sobre habilidades como análisis, inferencia
o evaluación, mientras que las rúbricas permiten valorar productos complejos, como
ensayos argumentativos, estudios de caso, proyectos, debates o informes de
resolución de problemas. Esta combinación resulta pertinente porque el pensamiento
crítico no siempre se manifiesta de la misma manera en todas las disciplinas; analizar
un dilema bioético, interpretar un caso jurídico, evaluar una evidencia científica o
resolver un problema de ingeniería exige operaciones críticas similares, pero
expresadas mediante lenguajes disciplinares distintos (Facione, 1990; Halpern, 2014).
La evaluación también debe alinearse con las metodologías activas implementadas.
Si una asignatura utiliza aprendizaje basado en problemas, la evaluación debería
observar cómo el estudiante formula el problema, selecciona información, propone
hipótesis, justifica decisiones y revisa sus conclusiones. Si se emplea debate
académico, deberían valorarse la estructura argumentativa, la pertinencia de
evidencias, la capacidad de refutación y la apertura a revisar posiciones. Si se trabaja
con proyectos, deberían evaluarse el proceso de indagación, la coherencia entre
diagnóstico y propuesta, la calidad de la solución y la reflexión sobre limitaciones. Esta
alineación entre estrategia y evaluación evita que se promuevan metodologías activas
mientras se mantiene una evaluación memorística o exclusivamente reproductiva
(Guo et al., 2020; Liu et al., 2014).
La literatura también sugiere la conveniencia de incorporar diseños longitudinales y
mediciones pretest-postest para valorar cambios reales en el pensamiento crítico. Los
estudios transversales permiten identificar asociaciones, pero no muestran con
suficiente claridad la evolución de las habilidades críticas ni la influencia acumulativa
de experiencias formativas sostenidas. Huber y Kuncel (2016), en su metaanálisis
sobre educación universitaria y pensamiento crítico, señalan que la universidad puede
contribuir al desarrollo de estas habilidades, aunque los efectos dependen de múltiples
factores y requieren mediciones sólidas. En consecuencia, futuras investigaciones
deberían examinar no solo si los estudiantes perciben que piensan críticamente, sino
cómo cambia su desempeño argumentativo, evaluativo e inferencial a lo largo del
tiempo (Huber & Kuncel, 2016).
La adaptación cultural de instrumentos constituye un desafío especialmente
importante para América Latina. No basta con traducir pruebas diseñadas en otros
contextos; es necesario analizar su pertinencia lingüística, disciplinar y sociocultural,
así como sus propiedades psicométricas en poblaciones universitarias diversas. Butler
et al. (2012) mostraron que instrumentos como el Halpern Critical Thinking
Assessment pueden tener aplicaciones transculturales, pero tales usos requieren
validación rigurosa. Esta exigencia es crucial para evitar mediciones
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 36
Artículo Científico
descontextualizadas que no capten formas locales de argumentación, deliberación o
razonamiento práctico. Por tanto, la agenda regional debería avanzar hacia
instrumentos válidos, comparables y culturalmente sensibles (Butler et al., 2012; Liu
et al., 2014).
En síntesis, la relación entre metodologías activas y pensamiento crítico en
estudiantes universitarios se configura como un campo prometedor, pero aún
necesitado de mayor precisión conceptual, solidez metodológica y contextualización
regional. La evidencia permite afirmar que estrategias como el aprendizaje basado en
problemas, proyectos, casos, debates, aula invertida y aprendizaje colaborativo
pueden favorecer habilidades críticas cuando se implementan con intencionalidad
pedagógica, participación estructurada y evaluación alineada. No obstante, el principal
reto para futuras investigaciones consiste en demostrar con mayor rigor qué
dimensiones del pensamiento crítico se desarrollan, bajo qué condiciones, en qué
disciplinas y con qué instrumentos de medición. Esta precisión resulta indispensable
para que la innovación educativa no permanezca en el plano discursivo, sino que se
traduzca en aprendizajes universitarios intelectualmente exigentes y socialmente
pertinentes (Abrami et al., 2008; Guzmán-Valenzuela et al., 2023).
4. Discusión
Los resultados de esta revisión bibliográfica exploratoria confirman que las
metodologías activas se vinculan con el desarrollo del pensamiento crítico en
estudiantes universitarios cuando dejan de operar como simples recursos
participativos y se convierten en dispositivos de problematización intelectual. La
evidencia analizada permite discutir que el aprendizaje activo no produce pensamiento
crítico por mera sustitución de la clase magistral, sino por la incorporación deliberada
de tareas que exigen interpretar información, examinar supuestos, evaluar evidencias,
formular inferencias y justificar decisiones. Esta lectura coincide con la definición
clásica del pensamiento crítico como juicio autorregulado, orientado por operaciones
de interpretación, análisis, evaluación, inferencia y explicación, lo que permite
comprender que la actividad pedagógica solo adquiere valor crítico cuando
compromete procesos cognitivos de orden superior (Facione, 1990; Abrami et al.,
2008). En consecuencia, el aporte central de las metodologías activas no radica en
dinamizar el aula, sino en reconfigurar la relación del estudiante con el conocimiento,
desplazándolo desde la recepción hacia la deliberación fundamentada (Prince, 2004).
La revisión también permite sostener que las metodologías activas predominantes —
aprendizaje basado en problemas, aprendizaje basado en proyectos, estudio de
casos, aula invertida, debate académico, aprendizaje colaborativo y escritura
reflexiva— comparten una arquitectura didáctica orientada a la indagación, la
aplicación situada y la toma de decisiones. Esta convergencia resulta relevante porque
tales estrategias no se limitan a incrementar la interacción, sino que introducen
incertidumbre, conflicto cognitivo y necesidad de argumentación. En particular, el
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 37
Artículo Científico
aprendizaje basado en problemas aparece como una de las estrategias con mayor
consistencia empírica, pues una revisión metaanalítica de Liu y Pásztor (2022)
sintetizó 50 estudios, 5.210 participantes y 58 tamaños de efecto, encontrando un
efecto significativo del ABP sobre el pensamiento crítico, aunque con heterogeneidad
atribuible a instrumentos, disciplinas, duración de la intervención y características
muestrales. Esta variabilidad refuerza una interpretación prudente: el ABP es
prometedor, pero su eficacia depende de su diseño, secuencia, mediación docente y
evaluación (Liu & Pásztor, 2022).
En relación con las habilidades más fortalecidas, la literatura sugiere que las
metodologías activas inciden especialmente en el análisis, la evaluación de
evidencias, la inferencia, la explicación argumentada y la autorregulación. Estas
habilidades emergen con mayor claridad cuando el estudiante enfrenta problemas
abiertos, interpreta casos complejos, contrasta fuentes o defiende una postura ante
objeciones. Abrami et al. (2008), en un metaanálisis de 117 estudios con 20.698
participantes, identificaron un efecto positivo de las intervenciones instruccionales
sobre habilidades y disposiciones de pensamiento crítico, lo cual indica que la
enseñanza puede favorecer estos procesos cuando los hace explícitos y los vincula
con oportunidades sistemáticas de práctica. De este modo, los resultados revisados
permiten discutir que la formación crítica exige algo más que exposición a contenidos:
requiere entrenamiento deliberado en razonamiento, argumentación y revisión de
juicios (Abrami et al., 2008; Halpern, 2014).
La discusión adquiere mayor densidad al observar que el aprendizaje activo también
se asocia con mejores resultados académicos generales, lo que permite vincular
pensamiento crítico y desempeño universitario. Freeman et al. (2014), en un
metaanálisis de 225 estudios, reportaron que los estudiantes en cursos con
aprendizaje activo obtuvieron mejores desempeños en exámenes y conceptos, y que
la probabilidad de reprobar fue mayor en cursos basados en enseñanza expositiva
tradicional. Este hallazgo no debe interpretarse como una descalificación absoluta de
la clase magistral, sino como evidencia de que los aprendizajes universitarios
complejos requieren participación cognitiva sostenida, práctica guiada y
retroalimentación. Por ello, las metodologías activas parecen ofrecer mejores
condiciones para que el estudiante convierta la información disciplinar en
razonamiento aplicable, especialmente cuando las actividades se orientan a resolver
problemas, justificar procedimientos y evaluar alternativas (Freeman et al., 2014;
Huber & Kuncel, 2016).
El papel de la participación estudiantil constituye otro eje interpretativo decisivo,
porque la evidencia revisada muestra que no toda participación favorece pensamiento
crítico. Participar críticamente implica formular preguntas pertinentes, sostener
argumentos, contrastar perspectivas, reconocer limitaciones y reformular ideas a partir
de retroalimentación. En este sentido, el aprendizaje colaborativo, el debate y el
estudio de casos pueden ser altamente formativos siempre que exista una estructura
pedagógica que evite la dispersión, la reproducción de opiniones no examinadas o la
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 38
Artículo Científico
distribución inequitativa del trabajo. Bezanilla et al. (2019) destacan que la
argumentación oral y escrita, la reflexión, la lectura analítica y los estudios de caso
son estrategias reconocidas por docentes universitarios como relevantes para
enseñar pensamiento crítico; por tanto, la participación debe ser entendida como una
práctica epistémica regulada y no como mera actividad grupal (Bezanilla et al., 2019;
Bonwell & Eison, 1991).
No obstante, los resultados obligan a matizar el entusiasmo pedagógico: la
incorporación de metodologías activas no garantiza, por misma, transformaciones
profundas en el pensamiento crítico. El aprendizaje basado en proyectos, por ejemplo,
ha sido descrito como una estrategia con potencial para promover resultados
cognitivos, afectivos y conductuales; sin embargo, Guo et al. (2020) advierten que
muchas investigaciones sobre esta metodología privilegian cuestionarios, entrevistas,
observaciones o diarios reflexivos, mientras que la evaluación directa de productos
cognitivos complejos continúa siendo menos frecuente. De manera análoga, el aula
invertida puede favorecer aprendizajes de orden superior solo cuando la preparación
autónoma previa se articula con actividades presenciales de análisis, aplicación y
retroalimentación, pues de lo contrario se corre el riesgo de trasladar contenidos sin
modificar sustantivamente la calidad del razonamiento exigido (Guo et al., 2020;
O’Flaherty & Phillips, 2015).
En el contexto latinoamericano, la discusión revela un vacío particularmente
significativo: la evidencia disponible tiende a ser s fragmentaria y, en ocasiones,
epistemológicamente dependiente de marcos producidos en el Norte Global. Guzmán-
Valenzuela et al. (2023) sostienen que la investigación sobre pensamiento crítico en
educación superior latinoamericana presenta una disyunción epistémica, pues
privilegia teorías y metodologías de tradición cognitiva importadas, mientras deja en
segundo plano la riqueza de las pedagogías críticas regionales. Esta observación es
crucial para el artículo, porque el pensamiento crítico en América Latina no puede
reducirse a una competencia cognitiva abstracta; también debe comprenderse como
capacidad para leer problemas sociales, cuestionar desigualdades, deliberar
democráticamente y construir conocimiento situado. En consecuencia, la discusión de
las metodologías activas debe integrar no solo su eficacia instruccional, sino también
su pertinencia cultural, ética y política (Guzmán-Valenzuela et al., 2023).
Esta limitación regional se conecta con una tensión metodológica más amplia: muchas
investigaciones infieren el desarrollo del pensamiento crítico a partir de percepciones
estudiantiles o docentes, sin medir de manera directa las habilidades implicadas. Liu
et al. (2014) advierten que la evaluación del pensamiento crítico en educación superior
enfrenta dificultades conceptuales y psicométricas, entre ellas la diversidad de
definiciones, la elección de formatos de medición, la confiabilidad de subescalas, la
motivación del estudiante en pruebas de baja consecuencia y la necesidad de
instrumentos sensibles a distintos dominios disciplinares. Por ello, la discusión de los
resultados conduce a una exigencia metodológica: las investigaciones futuras
deberían combinar instrumentos estandarizados, rúbricas analíticas, evaluación de
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 39
Artículo Científico
desempeños auténticos, mediciones pretest-postest y triangulación de evidencias. Sin
esta evaluación sistemática, la innovación educativa corre el riesgo de sostenerse en
valoraciones favorables, pero insuficientes para demostrar cambios reales en análisis,
inferencia, argumentación y autorregulación (Liu et al., 2014; Butler et al., 2012).
Desde una perspectiva curricular, los hallazgos sugieren que la universidad
latinoamericana enfrenta el desafío de pasar de una adopción nominal de
metodologías activas a una integración pedagógica rigurosa. Esto implica alinear
objetivos, actividades, mediación docente y evaluación con dimensiones explícitas del
pensamiento crítico. Una asignatura que declara utilizar aprendizaje basado en
problemas, pero evalúa principalmente reproducción memorística, mantiene una
contradicción interna que limita el desarrollo crítico. Del mismo modo, una actividad
colaborativa sin roles, criterios ni retroalimentación puede aumentar la interacción sin
mejorar la calidad del razonamiento. Por tanto, la contribución de esta revisión
consiste en mostrar que las metodologías activas deben ser diseñadas como
ecosistemas de razonamiento: problemas auténticos, diálogo argumentado, evidencia
verificable, reflexión metacognitiva y evaluación coherente (Facione, 1990; Prince,
2004; Liu et al., 2014).
En síntesis, la discusión permite afirmar que las metodologías activas constituyen una
vía pedagógica pertinente para fortalecer el pensamiento crítico en estudiantes
universitarios, pero su efectividad depende de condiciones específicas:
intencionalidad formativa, exigencia cognitiva, participación estructurada,
retroalimentación, contextualización latinoamericana y evaluación sistemática. La
originalidad del análisis radica en no asumir que toda innovación metodológica
produce pensamiento crítico, sino en problematizar las mediaciones que hacen
posible ese desarrollo. Así, el artículo aporta una lectura integradora para comprender
que el pensamiento crítico no emerge de la actividad en misma, sino de la calidad
epistemológica de las experiencias de aprendizaje que colocan al estudiante ante
problemas relevantes, evidencias discutibles y decisiones justificables. Esta
conclusión abre una agenda de investigación orientada a estudios empíricos
comparativos, longitudinales y culturalmente situados, capaces de precisar qué
metodologías activas fortalecen qué habilidades críticas, en qué condiciones
institucionales y con qué efectos formativos (Abrami et al., 2008; Guzmán-Valenzuela
et al., 2023; Liu & Pásztor, 2022).
5. Conclusiones
Las metodologías activas constituyen una vía pedagógica pertinente para fortalecer el
pensamiento crítico en estudiantes universitarios, siempre que su implementación
trascienda la simple incorporación de dinámicas participativas. Su valor formativo se
evidencia cuando las actividades proponen problemas auténticos, exigen análisis
riguroso, promueven la argumentación fundamentada y obligan al estudiante a revisar
sus propios supuestos antes de emitir juicios o tomar decisiones.
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 40
Artículo Científico
Entre las estrategias más relevantes se identifican el aprendizaje basado en
problemas, el aprendizaje basado en proyectos, el estudio de casos, el aula invertida,
el debate académico, el aprendizaje colaborativo y la escritura reflexiva. Estas
metodologías favorecen el desarrollo crítico porque desplazan el aprendizaje desde la
recepción pasiva de información hacia procesos de indagación, deliberación,
contraste de evidencias y construcción autónoma del conocimiento.
Las habilidades del pensamiento crítico que emergen con mayor fuerza son el análisis,
la interpretación, la evaluación de evidencias, la inferencia, la explicación
argumentada y la autorregulación. Sin embargo, estas capacidades no se consolidan
de manera espontánea; requieren tareas intelectualmente exigentes,
acompañamiento docente, retroalimentación oportuna y criterios de evaluación
coherentes con los desempeños esperados en la educación superior.
La revisión también permite concluir que el contexto latinoamericano demanda una
lectura situada de las metodologías activas y del pensamiento crítico. Las condiciones
de masificación universitaria, desigualdad académica previa, heterogeneidad
institucional y diversidad sociocultural obligan a evitar la transferencia acrítica de
modelos externos. Por ello, el desarrollo del pensamiento crítico debe comprenderse
no solo como una competencia cognitiva, sino también como una capacidad para
interpretar problemas sociales, cuestionar realidades complejas y participar
responsablemente en la vida académica, profesional y ciudadana.
Finalmente, se advierte la necesidad de fortalecer la evaluación sistemática del
pensamiento crítico en futuras investigaciones. La producción científica revisada
muestra avances significativos, pero también limitaciones relacionadas con el
predominio de percepciones, muestras reducidas y escasa aplicación de instrumentos
validados. En consecuencia, se recomienda avanzar hacia estudios empíricos,
longitudinales y comparativos que permitan determinar con mayor precisión qué
metodologías activas fortalecen determinadas habilidades críticas, bajo qué
condiciones pedagógicas y con qué efectos reales en la formación universitaria.
CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
Referencias Bibliográficas
Abrami, P. C., Bernard, R. M., Borokhovski, E., Wade, A., Surkes, M. A., Tamim, R., &
Zhang, D. (2008). Instructional interventions affecting critical thinking skills and
dispositions: A stage 1 meta-analysis. Review of Educational Research, 78(4),
11021134. https://doi.org/10.3102/0034654308326084
Andrade-Buñay, Z., Durán-Muñoz, R., Santos-Baranda, J., & Rodriguez-Revelo, E.
(2025). La retroalimentación del aprendizaje mediante herramientas digitales
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 41
Artículo Científico
en la asignatura de Historia. Revista Científica Zambos, 4(2), 135-154.
https://doi.org/10.69484/rcz/v4/n2/112
Arias Ortiz, E., Bos, M. S., Giambruno, C., & Zoido, P. (2024). Learning can’t wait:
Lessons for Latin America and the Caribbean from PISA 2022. Inter-American
Development Bank. https://publications.iadb.org/en/learning-cant-wait-lessons-
latin-america-and-caribbean-pisa-2022
Arias Ortiz, E., Bos, M. S., Giambruno, C., & Zoido, P. (2024). The state of education
in Latin America and the Caribbean 2023. Inter-American Development Bank.
https://publications.iadb.org/en/state-education-latin-america-and-caribbean-
2023
Bezanilla, M. J., Fernández-Nogueira, D., Poblete, M., & Galindo-Domínguez, H.
(2019). Methodologies for teaching-learning critical thinking in higher education:
The teacher’s view. Thinking Skills and Creativity, 33, 100584.
https://doi.org/10.1016/j.tsc.2019.100584
Bonwell, C. C., & Eison, J. A. (1991). Active learning: Creating excitement in the
classroom (ASHE-ERIC Higher Education Report No. 1). George Washington
University. https://eric.ed.gov/?id=ED336049
Burbano-Buñay, E. S. (2025). Prácticas de innovación educativa para la enseñanza
de la historia y ciencias sociales en educación superior. Journal of Economic
and Social Science Research, 5(1), 188–200.
https://doi.org/10.55813/gaea/jessr/v5/n1/169
Butler, H. A., Dwyer, C. P., Hogan, M. J., Franco, A., Rivas, S. F., Saiz, C., & Almeida,
L. S. (2012). The Halpern Critical Thinking Assessment and real-world
outcomes: Cross-national applications. Thinking Skills and Creativity, 7(2), 112–
121. https://doi.org/10.1016/j.tsc.2012.04.001
Chulde-Cabrera, S. V., Cordero-Jiménez, M. G., & Cueva-Tapia, A. C. (2025).
Desafíos y resiliencia de docentes unidocentes en el cantón Espíndola,
Ecuador: Un estudio de método mixto. Revista Científica Zambos, 4(2), 101-
117. https://doi.org/10.69484/rcz/v4/n2/110
Colina-Vargas, A. M., & Espinoza-Mina, M. A. (2025). Impacto multidimensional de la
crisis energética en la juventud universitaria ecuatoriana. Editorial Grupo AEA.
https://doi.org/10.55813/egaea.l.117
Concha-Ramirez, J. A., Saavedra-Calberto, I. M., Ordoñez-Loor, I. I., & Alcivar-
Córdova, D. M. (2023). Impacto de la gamificación en la motivación y el
compromiso estudiantil en educación primaria. Revista Científica Ciencia Y
Método, 1(4), 44-55. https://doi.org/10.55813/gaea/rcym/v1/n4/22
Facione, P. A. (1990). Critical thinking: A statement of expert consensus for purposes
of educational assessment and instruction. American Philosophical Association.
https://files.eric.ed.gov/fulltext/ED315423.pdf
Freeman, S., Eddy, S. L., McDonough, M., Smith, M. K., Okoroafor, N., Jordt, H., &
Wenderoth, M. P. (2014). Active learning increases student performance in
science, engineering, and mathematics. Proceedings of the National Academy
of Sciences, 111(23), 8410–8415. https://doi.org/10.1073/pnas.1319030111
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 42
Artículo Científico
Guo, P., Saab, N., Post, L. S., & Admiraal, W. (2020). A review of project-based
learning in higher education: Student outcomes and measures. International
Journal of Educational Research, 102, 101586.
https://doi.org/10.1016/j.ijer.2020.101586
Guzmán-Valenzuela, C., Chiappa, R., Rojas-Murphy Tagle, A., Ismail, N., & Pedraja-
Rejas, L. (2023). Investigating critical thinking in higher education in Latin
America: Acknowledging an epistemic disjuncture. Critical Studies in Teaching
and Learning, 11(Special Issue), 71–99.
https://doi.org/10.14426/cristal.v11iSI.624
Halpern, D. F. (2014). Thought and knowledge: An introduction to critical thinking (5th
ed.). Psychology Press. https://www.routledge.com/Thought-and-Knowledge-
An-Introduction-to-Critical-Thinking/Halpern/p/book/9781848726291
Herrera Enríquez, G., Castillo Páez, S., Zambrano Vera, D., Herrera Sánchez, M. J.,
& Casanova Villalba, C. I. (2021). Incidencia de las metodologías de enseñanza
en las carreras de ciencias administrativas ofertadas por las universidades
públicas del DMQ. Visionario Digital, 5(1), 6–25.
https://doi.org/10.33262/visionariodigital.v5i1.1526
Herrera-Enríquez, G., Herrera-Sánchez, M., Casanova-Villalba, C., Puyol-Cortez, J.,
Mendoza-Armijos, H, (2021). Manual para Elaboración del Plan de Titulación
como Conclusión de Carrera. Editorial Grupo Compás.
Herrera-Enríquez, V. N., Ilaquiche-Toaquiza, M. O., Mendoza-Armijos, H. E.,
Saavedra-Calberto, I. M., & Bonilla-Morejón, D. M. (2023). Estrategias de
aprendizaje híbrido para mejorar la equidad educativa en zonas rurales. Revista
Científica Ciencia Y Método, 1(1), 55-69.
https://doi.org/10.55813/gaea/rcym/v1/n1/10
Huber, C. R., & Kuncel, N. R. (2016). Does college teach critical thinking? A meta-
analysis. Review of Educational Research, 86(2), 431–468.
https://doi.org/10.3102/0034654315605917
Jacome-Vélez, T. G., Campos-Tufiño, M., & Casanova-Villalba, C. I. (2025). Libro de
Memorias: I Congreso Internacional de Innovación y Sostenibilidad Digital -
CiiSD. Editorial Grupo AEA. https://doi.org/10.55813/egaea.l.124
Liu, O. L., Frankel, L., & Roohr, K. C. (2014). Assessing critical thinking in higher
education: Current state and directions for next-generation assessment. ETS
Research Report Series, 2014(1), 1–23. https://doi.org/10.1002/ets2.12009
Liu, Y., Pásztor, A., & Molnár, G. (2022). Effects of problem-based learning
instructional intervention on critical thinking in higher education: A meta-
analysis. Thinking Skills and Creativity, 45, 101069.
https://doi.org/10.1016/j.tsc.2022.101069
Loor-Macías, M. G., Palma-Loor, C. L., Alcívar-Catagua, M. A., Lino-García , M. J.,
Fienco-Bacusoy, A. R., Quimis-Gomez, A. J., Álvarez-Gutiérrez, Y. de las M.,
Fienco-Bacusoy, D. E., & Cañarte-Baque, S. J. (2025). Educación ambiental y
seguridad ocupacional como base para el desarrollo sostenible. Editorial Grupo
AEA. https://doi.org/10.55813/egaea.l.116
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 43
Artículo Científico
Lucio-Ramos, Y. J. (2025). Evaluación de modelos pedagógicos basados en
neurodidáctica en facultades de educación. Journal of Economic and Social
Science Research, 5(1), 107–118.
https://doi.org/10.55813/gaea/jessr/v5/n1/163
Mendoza-Armijos, H. E., Rivadeneira-Moreira, J. C., Carvajal-Jumbo, A. V., &
Saavedra-Calberto, I. M. (2023). Análisis de la relación entre el uso de
dispositivos digitales y el rendimiento académico en matemáticas. Revista
Científica Ciencia Y Método, 1(2), 43-57.
https://doi.org/10.55813/gaea/rcym/v1/n2/14
Montalvo-Vergara, M. S., Salazar-Vergara, L. del C., Maliza-Muñoz, W. F., & Tapia-
Bastidas, T. (2025). Uso de la tecnología asistiva en la enseñanza de niños con
autismo. Revista Científica Zambos, 4(2), 38-53.
https://doi.org/10.69484/rcz/v4/n2/107
O’Flaherty, J., & Phillips, C. (2015). The use of flipped classrooms in higher education:
A scoping review. The Internet and Higher Education, 25, 8595.
https://doi.org/10.1016/j.iheduc.2015.02.002
Olivares Olivares, S. L., & Heredia Escorza, Y. (2012). Desarrollo del pensamiento
crítico en ambientes de aprendizaje basado en problemas en estudiantes de
educación superior. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 17(54), 759–
778. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S1405-66662012000300004
Piedra-Castro, W. I. (2025). Enseñanza de las ciencias sociales con metodologías
pedagógicas de inteligencia artificial. Journal of Economic and Social Science
Research, 5(1), 119–130. https://doi.org/10.55813/gaea/jessr/v5/n1/164
Piedra-Castro, W. I., Burbano-Buñay, E. S., Tamayo-Verdezoto, J. J., & Moreira-
Alcívar, E. F. (2024a). Inteligencia artificial y su incidencia en la estrategia
metodológica de aprendizaje basado en investigación. Journal of Economic and
Social Science Research, 4(2), 178–196.
https://doi.org/10.55813/gaea/jessr/v4/n2/106
Piedra-Castro, W. I., Cajamarca-Correa, M. A., Burbano-Buñay, E. S., & Moreira-
Alcívar, E. F. (2024b). Integración de la inteligencia artificial en la enseñanza
de las ciencias sociales en la educación superior. Journal of Economic and
Social Science Research, 4(3), 105–126.
https://doi.org/10.55813/gaea/jessr/v4/n3/123
Posso-De-la-Cruz, A. E., Angulo-Cerezo, M. I., Maliza-Muñoz, W. F., & Bernardes-
Carballo, K. (2025). Gamificación implementada en Quizziz como estrategia de
aprendizaje activo en Ciencias Naturales. Unidad Educativa Academia Militar
“San Diego". Revista Científica Zambos, 4(2), 87-100.
https://doi.org/10.69484/rcz/v4/n2/109
Prince, M. (2004). Does active learning work? A review of the research. Journal of
Engineering Education, 93(3), 223–231. https://doi.org/10.1002/j.2168-
9830.2004.tb00809.x
Puyol-Cortez, J. L., Casanova-Villalba, C. I., Herrera-Sánchez, M. J., & Rivadeneira-
Moreira, J. C. (2024). REVISIÓN METODOLÓGICA AG2C PARA LA
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.02 | AbrJun | 2025 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 44
Artículo Científico
ENSEÑANZA DEL ÁLGEBRA BÁSICA A ESTUDIANTES CON
DISCALCULIA. Perfiles, 1(32), 15-27. https://doi.org/10.47187/perf.v1i32.280
Puyol-Cortez, J. L., Piedra-Castro, W. I., Saavedra-Calberto, I. M., Mendoza-Cusme,
M. P., & Centeno-Bone, C. V. (2023). Evaluación del impacto de la educación
emocional en el rendimiento académico en adolescentes. Revista Científica
Ciencia Y Método, 1(1), 42-54. https://doi.org/10.55813/gaea/rcym/v1/n1/9
Rojas-Montero, M. E., Ocampo-Valle, G. F., Llanos-García, R. V., Bonilla-Fierro, L. F.,
& Bonilla-Alarcón, L. A. (2024). Innovación pedagógica en ciencias sociales y
derecho: Estrategias y técnicas de educación superior. Editorial Grupo AEA.
https://doi.org/10.55813/egaea.l.95
Salazar-Alcivar, A. N., Alcivar-Córdova, D. M., Flores-Verdesoto, G. E., Montaño-Villa,
J. J., & Salazar-Alcivar, L. E. (2024). Educación ambiental como herramienta
para fomentar la conciencia ecológica en estudiantes de secundaria. Revista
Científica Ciencia Y Método, 2(2), 40-52.
https://doi.org/10.55813/gaea/rcym/v2/n2/42
Salazar-Alcivar, A. N., Alcivar-Córdova, D. M., Montaño-Villa, J. J., Salazar-Alcivar, L.
E., & Yaulema-Torres, G. M. (2025). Rol del liderazgo educativo en la
implementación de políticas inclusivas en instituciones escolares. Revista
Científica Ciencia Y Método, 3(1), 57-71.
https://doi.org/10.55813/gaea/rcym/v3/n1/36
Theobald, E. J., Hill, M. J., Tran, E., Agrawal, S., Arroyo, E. N., Behling, S., Chambwe,
N., Cintrón, D. L., Cooper, J. D., Dunster, G., et al. (2020). Active learning
narrows achievement gaps for underrepresented students in undergraduate
science, technology, engineering, and math. Proceedings of the National
Academy of Sciences, 117(12), 6476–6483.
https://doi.org/10.1073/pnas.1916903117
Torres Roberto, M. A. (2021). Enseñanza y aprendizaje de la geometría en 3.º ESO a
través de la metodología taller educativo [Trabajo de fin de máster, Universidad
Internacional de La Rioja]. ResearchGate.
https://doi.org/10.13140/RG.2.2.24355.16163
Torres Roberto, M. A. (2024). Evaluación formativa continua en la educación
matemática: Enfoques en la enseñanza y aprendizaje del cálculo en educación
superior. Generis Publishing. https://generis-
publishing.com/book.php?title=strong-evaluacin-formativa-continua-en-la-
educacin-matemtica-strong-2356
Torres Roberto, M. A. (2025). Estrategias de aprendizaje y factores emocionales en
Cálculo Diferencial: Experiencias del estudiantado de ingeniería en Colombia.
Revista Actualidades Investigativas en Educación, 25(2), 1-34.
https://doi.org/10.15517/aie.v25i2.62607
World Economic Forum. (2025). The future of jobs report 2025.
https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2025/