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Análisis de las tendencias contemporáneas de
Infraestructura verde y planificación urbana
sostenible
Analysis of contemporary trends in green infrastructure and
sustainable urban planning
Zapata-Mendoza, Prospero Cristhian Onofre
1
https://orcid.org/0000-0001-7473-964X
pzapata@unf.edu.pe
Perú, La Libertad, Institución a la que pertenece.
Autor de correspondencia
1
DOI / URL: https://doi.org/10.55813/gaea/revistacec/v2/n1/30
Resumen: La acelerada urbanización latinoamericana, junto
con la desigualdad territorial, la vulnerabilidad climática y los
déficits de infraestructura, ha convertido la infraestructura
verde en un componente prioritario para repensar la
planificación urbana sostenible. El objetivo del estudio fue
analizar las tendencias contemporáneas de la infraestructura
verde en América Latina, considerando su aporte a la
resiliencia climática, la equidad territorial y la gestión integrada
de los sistemas urbanos. Metodológicamente, se desarrolló
una revisión bibliográfica exploratoria basada en artículos
científicos, revisiones, libros, informes institucionales y
documentos de política pública publicados preferentemente
entre 2014 y 2025, organizados mediante categorías
temáticas de análisis. Los resultados evidencian que la
infraestructura verde ha dejado de concebirse como recurso
ornamental para consolidarse como red multifuncional
vinculada con drenaje sostenible, regulación térmica,
biodiversidad, salud pública, espacio público y justicia
ambiental. La discusión muestra que sus beneficios dependen
de la calidad, accesibilidad, mantenimiento, financiamiento y
gobernanza, pues su implementación enfrenta barreras
institucionales, territoriales y presupuestarias. Se concluye
que la infraestructura verde posee alto potencial
transformador si se incorpora como política urbana estructural,
integrada y socialmente equitativa.
Palabras clave: infraestructura verde; planificación urbana
sostenible; resiliencia climática; justicia ambiental; América
Latina.
Artículo Científico
Received: 24/Dic/2024
Accepted: 23/Ene/2025
Published: 25/Feb/2025
Cita: Zapata-Mendoza, P. C. O. (2025).
Análisis de las tendencias contemporáneas de
Infraestructura verde y planificación urbana
sostenible. Revista Científica Enfoques Del
Conocimiento, 2(1), 57-
72. https://doi.org/10.55813/gaea/revistacec/v
2/n1/30
Revista Científica Enfoques del Conocimiento
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Abstract:
Accelerated urbanization in Latin America, together with territorial inequality, climate
vulnerability, and persistent infrastructure deficits, has positioned green infrastructure
as a strategic component for rethinking sustainable urban planning. The objective of
this study was to analyze contemporary trends in green infrastructure in Latin America,
considering its contribution to climate resilience, territorial equity, and integrated urban
systems management. Methodologically, an exploratory bibliographic review was
conducted based on scientific articles, reviews, books, institutional reports, and public
policy documents published preferably between 2014 and 2025, organized through
thematic analytical categories. The results show that green infrastructure has moved
beyond an ornamental conception and has become a multifunctional network linked to
sustainable drainage, thermal regulation, biodiversity conservation, public health,
public space, and environmental justice. The discussion indicates that its benefits
depend on quality, accessibility, maintenance, financing, and governance, since its
implementation faces institutional, territorial, and budgetary barriers. It is concluded
that green infrastructure has high transformative potential when incorporated as a
structural, integrated, and socially equitable urban policy.
Keywords: green infrastructure; sustainable urban planning; climate resilience;
environmental justice; Latin America.
1. Introducción
América Latina constituye uno de los laboratorios urbanos más relevantes para
analizar la infraestructura verde, porque más del 80 % de su población vive en
ciudades y, por tanto, la sostenibilidad regional depende de cómo se planifican,
financian y mantienen sus sistemas urbanos (ONU-Hábitat, s. f.; Banco Mundial,
2025). En este escenario, la unidad de análisis no se reduce a parques o arbolado
aislado, sino que abarca la articulación entre infraestructura, planificación urbana,
corredores verdes, drenaje sostenible, áreas azules, suelos permeables y redes
ecológicas conectadas con servicios públicos. La literatura define la infraestructura
verde como una red planificada de espacios naturales y seminaturales capaz de
producir beneficios ambientales, sociales y sanitarios, pero en América Latina esta red
opera bajo fuertes asimetrías territoriales (Tzoulas et al., 2007; Hansen & Pauleit,
2014). La evidencia reciente en 371 ciudades de 11 países latinoamericanos muestra
una alta heterogeneidad en cantidad, configuración y disponibilidad de áreas verdes
urbanas, lo que confirma que la planificación sostenible no puede tratar la región como
un bloque homogéneo (Bakhtsiyarava et al., 2024).
La presión sobre la infraestructura urbana se intensifica por la expansión periférica, la
segregación socioespacial, la informalidad residencial, la impermeabilización del suelo
y la fragilidad fiscal de los gobiernos locales. En 2014, ONU-Hábitat estimó que 24,4
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% de la población urbana latinoamericana vivía en asentamientos informales,
condición que aumenta la exposición a inundaciones, deslizamientos, déficit de
saneamiento, estrés térmico y baja accesibilidad a espacios públicos de calidad (ONU-
Hábitat, s. f.; Breen et al., 2020). La región enfrentó en 2024 una temperatura media
de +0,90 °C respecto al promedio 1991–2020, junto con sequías, incendios,
huracanes e inundaciones que afectaron cadenas de suministro, agricultura y medios
de vida urbanos (Organización Meteorológica Mundial [OMM], 2025). En Brasil, las
inundaciones de Rio Grande do Sul dejaron más de 180 fallecidos y pérdidas agrícolas
cercanas a 8.500 millones de reales, lo que muestra que no intervenir la infraestructura
urbana multiplica costos sociales y económicos (OMM, 2025).
La infraestructura verde adquiere relevancia porque permite responder
simultáneamente a problemas que la infraestructura gris suele tratar de forma
sectorial: calor urbano, escorrentía, contaminación atmosférica, pérdida de
biodiversidad, salud pública y deterioro del espacio común. Las revisiones
sistemáticas han asociado los espacios verdes urbanos con menor mortalidad, mayor
actividad física, mejor estado de ánimo y reducción de violencia, aunque la magnitud
del efecto depende de acceso, calidad, seguridad y proximidad (Kondo et al., 2018;
Rojas-Rueda et al., 2019). En términos epidemiológicos, Rojas-Rueda et al. (2019)
reportaron un hazard ratio combinado de 0,96 por cada incremento de 0,1 en NDVI
dentro de 500 metros de la residencia, lo que sugiere una reducción relativa del riesgo
de mortalidad general asociada con mayor verdor residencial. En América Latina,
además, se identificaron 156 proyectos de soluciones basadas en la naturaleza
orientados a agua, saneamiento, vivienda, transporte y reducción de riesgos, aunque
más de la mitad aún requería financiamiento o escalamiento (Ozment et al., 2021).
La literatura disponible, sin embargo, revela vacíos importantes que justifican una
revisión crítica de las tendencias contemporáneas. Breen et al. (2020) encontraron
solo 47 publicaciones centradas en la gestión de infraestructura verde urbana en
América Latina, con concentración geográfica, predominio de iniciativas lideradas por
gobiernos locales y escasa investigación sobre cogobernanza, autogestión
comunitaria y mecanismos de mercado. Esta limitación es relevante porque los
estudios del Norte Global suelen asumir capacidades institucionales, catastros
actualizados y presupuestos de mantenimiento que no siempre existen en ciudades
latinoamericanas (Breen et al., 2020). A ello se suma que los modelos espaciales más
influyentes integran beneficios como drenaje, vulnerabilidad social, aire, calor,
conectividad y acceso, pero pocas investigaciones regionales evalúan de manera
conjunta sinergias, compensaciones y prioridades territoriales (Meerow & Newell,
2017). Así, el vacío no es solo empírico, sino metodológico e institucional.
La conveniencia de estudiar estas tendencias se refuerza por la magnitud financiera
del desafío urbano. El Banco Interamericano de Desarrollo estimó que América Latina
y el Caribe necesitan invertir US$2.220.736 millones hasta 2030 en agua y
saneamiento, energía, transporte y telecomunicaciones; de ese monto, 59 %
corresponde a nueva infraestructura y 41 % a mantenimiento y reposición de activos
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existentes (Brichetti et al., 2021). En términos anuales, la región requeriría al menos
3,12 % de su PIB para cerrar brechas básicas, sin incluir plenamente criterios de
resiliencia, sostenibilidad y adaptación climática (Brichetti et al., 2021). La
infraestructura verde, al integrarse con sistemas grises, puede mejorar la eficiencia
del gasto público al generar beneficios múltiples por unidad de inversión,
especialmente en drenaje, control de inundaciones, regulación térmica y recuperación
de espacio público (Ozment et al., 2021). Por ello, su análisis tiene relevancia social,
valor teórico y utilidad práctica para planificadores, municipios, bancos de desarrollo
y comunidades urbanas.
La viabilidad de un estudio regional sobre estas tendencias se sustenta en la
disponibilidad creciente de datos abiertos, literatura revisada por pares, imágenes
satelitales, índices de vegetación, bases urbanas, reportes climáticos y documentos
de política pública comparables entre ciudades. Variables como cobertura verde,
densidad poblacional, accesibilidad, temperatura superficial, exposición a
inundaciones, inversión pública y presencia de asentamientos informales pueden
analizarse sin recopilar datos personales, lo que reduce riesgos éticos y facilita un
diseño documental, comparativo y reproducible (Bakhtsiyarava et al., 2024; Meerow
& Newell, 2017). Desde esta base, el propósito del estudio es analizar las tendencias
contemporáneas de infraestructura verde y planificación urbana sostenible en América
Latina, considerando su contribución a la resiliencia, la equidad territorial y la gestión
integrada de infraestructura. Para alcanzarlo, se proponen cuatro objetivos
específicos: describir los enfoques conceptuales predominantes, determinar los
factores urbanos e institucionales asociados, comparar evidencias empíricas
regionales y relacionar beneficios ambientales, sociales y económicos reportados en
la literatura (Breen et al., 2020; Hansen & Pauleit, 2014).
La contribución esperada radica en organizar un campo de conocimiento disperso y
convertirlo en una lectura integrada de tendencias, brechas y oportunidades para la
planificación urbana sostenible latinoamericana. La originalidad del trabajo se ubica
en conectar tres niveles que con frecuencia aparecen separados: la evidencia biofísica
sobre áreas verdes, la discusión institucional sobre gobernanza urbana y la dimensión
financiera de la infraestructura sostenible (Brichetti et al., 2021; Ozment et al., 2021).
Este enfoque permite superar diagnósticos centrados únicamente en cobertura
vegetal o casos emblemáticos, incorporando desigualdad, mantenimiento, datos,
escalabilidad y criterios de priorización territorial. En una región donde más de 4 de
cada 5 habitantes reside en áreas urbanas y donde los eventos extremos ya producen
pérdidas humanas y económicas significativas, analizar la infraestructura verde como
componente estratégico de planificación no es una opción estética, sino una
necesidad de resiliencia urbana (ONU-Hábitat, s. f.; OMM, 2025).
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2. Materiales y métodos
El estudio se desarrolló como una revisión bibliográfica de carácter exploratorio,
orientada a examinar las tendencias contemporáneas de la infraestructura verde y su
articulación con la planificación urbana sostenible en América Latina. Dado que el
propósito no fue comprobar hipótesis causales ni medir efectos mediante trabajo de
campo, se adoptó una estrategia documental centrada en identificar, organizar e
interpretar aportes teóricos, empíricos e institucionales disponibles sobre el tema. Esta
aproximación permitió reconocer patrones recurrentes, enfoques emergentes, vacíos
analíticos y líneas de discusión aún poco consolidadas en torno a la infraestructura
verde como componente de resiliencia, equidad urbana y sostenibilidad territorial
(Vargas-Fonseca et al., 2023).
La unidad de análisis estuvo constituida por documentos académicos, técnicos e
institucionales referidos a infraestructura verde, soluciones basadas en la naturaleza,
planificación urbana sostenible, resiliencia climática, servicios ecosistémicos urbanos
y gestión territorial en ciudades latinoamericanas. Se consideraron artículos
científicos, revisiones, libros académicos, capítulos especializados, informes de
organismos internacionales y documentos de política pública publicados
preferentemente entre 2014 y 2025, sin excluir trabajos clásicos cuando aportaron
definiciones conceptuales relevantes. La delimitación regional se centró en América
Latina, aunque se incorporaron estudios internacionales cuando ofrecieron marcos
teóricos o metodológicos útiles para interpretar el fenómeno en contextos urbanos
comparables.
La búsqueda bibliográfica se planteó mediante combinaciones de términos en español
e inglés, tales como “infraestructura verde”, “green infrastructure”, “planificación
urbana sostenible”, “urban green space”, “nature-based solutions”, “resiliencia
urbana”, “servicios ecosistémicos urbanos” y “Latin America”. Las fuentes fueron
localizadas en bases académicas y repositorios especializados como Scopus, Web of
Science, ScienceDirect, SpringerLink, Google Scholar y portales institucionales de
organismos multilaterales. Para mejorar la pertinencia de los resultados, se aplicó una
lectura inicial de títulos, resúmenes y palabras clave, seguida de una revisión completa
de los documentos que respondían directamente al objetivo del artículo (Bush &
Doyon, 2019).
Los criterios de inclusión comprendieron documentos que abordaran la infraestructura
verde desde una perspectiva urbana, ambiental, territorial, social, económica o
institucional; estudios con referencia explícita a ciudades latinoamericanas o con
aplicabilidad conceptual para la región; investigaciones que analizaran beneficios,
limitaciones, instrumentos de planificación, gobernanza, financiamiento o impactos
asociados; y publicaciones con información verificable, procedencia académica o
respaldo institucional. Se excluyeron textos sin relación directa con planificación
urbana, documentos meramente opinativos, publicaciones duplicadas, materiales sin
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autoría identificable y estudios centrados exclusivamente en infraestructura gris sin
conexión con enfoques verdes o sostenibles (Adams et al., 2024).
El análisis de la información se realizó mediante una lectura analítica y comparativa
de los documentos seleccionados, organizando los hallazgos en categorías temáticas
vinculadas con conceptualización de la infraestructura verde, beneficios ambientales
y sociales, integración con planificación urbana, desafíos de gobernanza,
financiamiento, desigualdad territorial y brechas de investigación. A partir de estas
categorías, se identificaron convergencias, tensiones e inconsistencias en la literatura,
prestando atención a la forma en que los estudios relacionan la infraestructura verde
con adaptación climática, salud urbana, gestión del agua, biodiversidad, espacio
público y justicia ambiental. Esta estrategia permitió construir una interpretación
integradora, más que una simple descripción acumulativa de antecedentes (Jato-
Espino et al., 2023).
La revisión mantuvo un alcance exploratorio, por lo que sus resultados se orientaron
a reconocer tendencias y vacíos, no a establecer conclusiones definitivas ni
estimaciones estadísticas generalizables. En consecuencia, no se aplicó metaanálisis
ni evaluación cuantitativa de efectos, debido a la heterogeneidad de diseños, escalas,
indicadores y contextos presentes en la literatura disponible. No obstante, se procuró
conservar rigor mediante la triangulación de fuentes académicas e institucionales, la
comparación entre estudios de distintos países y la selección de evidencia pertinente
para el problema de investigación. Al tratarse de una revisión bibliográfica basada en
fuentes públicas, no se trabajó con participantes humanos ni datos personales, por lo
que no se generaron riesgos éticos directos (Korkou et al., 2023).
3. Resultados
3.1. Tendencias contemporáneas de la infraestructura verde en la planificación
urbana sostenible latinoamericana
El análisis bibliográfico permite sostener que la infraestructura verde se ha desplazado
desde una comprensión paisajística y ornamental hacia una concepción estratégica
de planificación urbana sostenible. En América Latina, esta transición adquiere
especial densidad porque la región combina alta urbanización, desigualdad territorial,
presión climática, informalidad urbana y brechas históricas de inversión pública; por
ello, las áreas verdes ya no pueden interpretarse únicamente como equipamientos
recreativos, sino como sistemas urbanos capaces de regular riesgos, redistribuir
beneficios ambientales y fortalecer la habitabilidad. En esta línea, la infraestructura
verde opera como una red multifuncional de parques, corredores ecológicos, suelos
permeables, arbolado urbano, humedales, jardines de lluvia y espacios públicos
vegetados que articulan servicios ecosistémicos con decisiones de ordenamiento
territorial (Hansen & Pauleit, 2014; Bakhtsiyarava et al., 2024).
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La tendencia contemporánea más relevante no consiste solo en “incorporar más
verde” a la ciudad, sino en integrar la infraestructura verde como parte de la
arquitectura funcional de la planificación urbana. Esto implica reconocer que la
vegetación, el agua, el suelo y la biodiversidad cumplen funciones equivalentes o
complementarias a las de la infraestructura gris, especialmente cuando se planifican
con criterios de conectividad, proximidad, accesibilidad y mantenimiento. En
consecuencia, la infraestructura verde se convierte en un instrumento de gobernanza
urbana, porque obliga a coordinar sectores que tradicionalmente han operado de
manera fragmentada: ambiente, vivienda, movilidad, salud, gestión del riesgo, agua y
espacio público (Breen et al., 2020; Ozment et al., 2021).
3.1.1. Integración de la infraestructura verde como estrategia de resiliencia
climática urbana
La revisión evidencia que la infraestructura verde se incorpora crecientemente como
respuesta a la intensificación de riesgos climáticos urbanos, en particular
inundaciones, olas de calor, sequías, deslizamientos, escorrentía superficial y pérdida
de permeabilidad. Esta orientación resulta consistente con el deterioro climático
regional: en 2024, América Latina y el Caribe registró una temperatura media 0,90 °C
superior al promedio 1991–2020, junto con impactos persistentes por huracanes,
incendios, sequías e inundaciones. Bajo este escenario, la planificación urbana
sostenible requiere abandonar una racionalidad meramente correctiva y avanzar hacia
esquemas preventivos, donde parques inundables, humedales urbanos, corredores
verdes y drenaje sostenible reduzcan exposición y vulnerabilidad antes de que el daño
ocurra (Organización Meteorológica Mundial [OMM], 2025; Frantzeskaki et al., 2019).
La integración climática de la infraestructura verde también supone cuestionar la
hegemonía de la infraestructura gris como única respuesta técnica al riesgo urbano.
Canales, muros, tuberías y sistemas de drenaje convencionales siguen siendo
necesarios, pero resultan insuficientes cuando la expansión urbana impermeabiliza el
suelo, ocupa zonas de amenaza y concentra población vulnerable en territorios con
baja capacidad adaptativa. En este punto, las soluciones basadas en la naturaleza
amplían el repertorio técnico porque retienen agua, reducen velocidad de escorrentía,
atenúan temperaturas, restauran bordes hídricos y generan beneficios colaterales
sobre biodiversidad y espacio público. Por ello, su valor no radica solo en reemplazar
obras grises, sino en complementar, flexibilizar y hacer más resiliente el sistema
urbano (Ozment et al., 2021; Hansen & Pauleit, 2014).
No obstante, la evidencia regional muestra que la infraestructura verde no puede
planificarse mediante recetas homogéneas, porque la disponibilidad, distribución y
funcionalidad de los espacios verdes varían según clima, densidad, estructura vial,
nivel socioeconómico y decisiones de política urbana. El estudio de Bakhtsiyarava et
al. (2024), realizado en 371 ciudades grandes de 11 países latinoamericanos,
demuestra que la disponibilidad de áreas verdes urbanas presenta una
heterogeneidad sustantiva y que los parques dependen de condiciones ambientales,
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pero también de variables asociadas con la planificación. Esta constatación es crucial:
una ciudad árida no enfrenta los mismos desafíos que una ciudad tropical, y una
metrópoli densa con suelo escaso requiere instrumentos distintos a los de una ciudad
intermedia con mayor disponibilidad territorial (Bakhtsiyarava et al., 2024).
3.1.2. Aportes sociales, ambientales y sanitarios de la infraestructura verde
Los aportes de la infraestructura verde se manifiestan en una triple dimensión:
ambiental, social y sanitaria. En el plano ambiental, contribuye a regular temperatura,
capturar contaminantes, favorecer infiltración, conservar biodiversidad urbana y
conectar fragmentos ecológicos que, de otro modo, permanecerían aislados por la
expansión construida. En el plano social, mejora la calidad del espacio público,
favorece movilidad activa, recreación, encuentro comunitario y apropiación territorial.
En el plano sanitario, la literatura asocia la exposición a espacios verdes con actividad
física, salud mental, menor estrés y reducción de riesgos vinculados con mortalidad
general, aunque estos beneficios dependen de calidad, seguridad, proximidad y
accesibilidad efectiva (Kondo et al., 2018; Rojas-Rueda et al., 2019).
La dimensión sanitaria merece especial atención porque permite comprender la
infraestructura verde como política preventiva de salud pública y no solo como política
ambiental. Rojas-Rueda et al. (2019) identificaron una asociación inversa entre
proximidad a espacios verdes y mortalidad por todas las causas, con un hazard ratio
de 0,96 por cada incremento de 0,1 en NDVI dentro de 500 metros de la residencia.
Este hallazgo es particularmente relevante para ciudades latinoamericanas donde la
población de menores ingresos suele residir en áreas con mayor exposición a calor,
contaminación, déficit de espacio público y menor cobertura vegetal. Por tanto, ampliar
infraestructura verde en zonas vulnerables puede operar como una intervención
redistributiva de bienestar, siempre que no se limite a proyectos estéticos en áreas
consolidadas de alta renta (Rojas-Rueda et al., 2019; Kondo et al., 2018).
El aporte social de la infraestructura verde no debe evaluarse únicamente por metros
cuadrados de vegetación, sino por su capacidad de generar acceso real, uso cotidiano
y beneficios territorialmente justos. Un parque distante, inseguro, mal mantenido o
culturalmente desvinculado de la comunidad puede figurar como área verde en los
indicadores urbanos, pero no necesariamente produce bienestar. Por eso, la literatura
reciente insiste en analizar calidad, conectividad, distribución, equipamiento,
seguridad, sombra, accesibilidad universal y pertinencia social. Esta mirada es
decisiva para América Latina, donde la desigualdad urbana transforma el acceso al
verde en un marcador de justicia ambiental: no todos los habitantes reciben los
mismos beneficios ecológicos, térmicos, recreativos y sanitarios de la ciudad
(Bakhtsiyarava et al., 2024; Romero-Duque et al., 2020).
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3.1.3. Limitaciones institucionales, financieras y territoriales para su
implementación
Las limitaciones para implementar infraestructura verde en América Latina no se
explican por falta de reconocimiento conceptual, sino por una brecha persistente entre
discurso, planificación, financiamiento y gestión. Breen et al. (2020) evidencian que la
investigación sobre gestión de infraestructura verde urbana en la región sigue siendo
reducida y geográficamente concentrada, con vacíos en gobernanza, participación,
mantenimiento y escalamiento. Esta debilidad importa porque los proyectos verdes
suelen fracasar cuando se diseñan como intervenciones aisladas, sin presupuesto de
largo plazo, sin indicadores de desempeño, sin coordinación intersectorial y sin
apropiación comunitaria. En consecuencia, el principal desafío no es solo construir
infraestructura verde, sino institucionalizarla como parte ordinaria del ciclo de
planificación urbana (Breen et al., 2020).
La restricción financiera profundiza esta brecha, pues los gobiernos locales deben
incorporar infraestructura verde en contextos de déficit acumulado de infraestructura
básica. El Banco Interamericano de Desarrollo estimó que América Latina y el Caribe
necesita invertir US$2.220.736 millones hasta 2030 en agua y saneamiento, energía,
transporte y telecomunicaciones para aproximarse al cumplimiento de los Objetivos
de Desarrollo Sostenible; además, 59 % de esa inversión corresponde a nueva
infraestructura y 41 % a mantenimiento y reposición de activos existentes. Esta cifra
muestra que la infraestructura verde debe competir por recursos en agendas públicas
saturadas, salvo que se demuestre su capacidad de producir beneficios múltiples y
reducir costos futuros por inundaciones, calor, deterioro ambiental y enfermedades
asociadas al entorno urbano (Brichetti et al., 2021; Ozment et al., 2021).
También existen barreras territoriales que condicionan la viabilidad de estas
intervenciones. La escasez de suelo urbano, la informalidad residencial, la
fragmentación administrativa, la presión inmobiliaria y la desigual distribución de áreas
verdes dificultan que los proyectos se localicen donde más se necesitan. Además, la
infraestructura verde puede producir efectos no deseados cuando incrementa el valor
del suelo y favorece procesos de desplazamiento indirecto, especialmente si no se
articula con políticas de vivienda, regulación del mercado urbano y participación
comunitaria. Por ello, su implementación debe asumir una lógica de justicia espacial:
no basta con reverdecer la ciudad, es necesario definir quién accede, quién decide,
quién mantiene y quién se beneficia de esos espacios (Breen et al., 2020; Romero-
Duque et al., 2020).
En conjunto, los resultados permiten argumentar que la infraestructura verde
representa una tendencia estructural de la planificación urbana sostenible
latinoamericana, pero su consolidación depende de resolver tres tensiones
simultáneas: la tensión climática, vinculada con adaptación y reducción del riesgo; la
tensión social, asociada con distribución equitativa de beneficios; y la tensión
institucional-financiera, relacionada con capacidades públicas, mantenimiento y
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sostenibilidad presupuestaria. De este modo, la infraestructura verde no debe
entenderse como un complemento decorativo de la ciudad, sino como una plataforma
de transformación urbana que articula resiliencia, salud, biodiversidad y justicia
territorial. Su originalidad como campo de intervención radica precisamente en esa
capacidad de conectar dimensiones que la planificación convencional ha tratado de
forma fragmentada (Hansen & Pauleit, 2014; Bakhtsiyarava et al., 2024; Brichetti et
al., 2021).
4. Discusión
R Los hallazgos permiten afirmar que la infraestructura verde en América Latina
atraviesa un proceso de reconfiguración conceptual: ya no se interpreta como una
dotación paisajística secundaria, sino como una infraestructura urbana estratégica
para enfrentar riesgos climáticos, déficits de habitabilidad y desigualdades territoriales.
Esta lectura coincide con la evolución teórica que entiende la infraestructura verde
como una red multifuncional de componentes naturales y seminaturales orientada a
producir servicios ecosistémicos, resiliencia y bienestar urbano (Hansen & Pauleit,
2014). En una región donde cerca del 80 % de la población vive en ciudades, esta
transformación adquiere relevancia estructural, porque la sostenibilidad urbana
latinoamericana depende de la capacidad de integrar suelo, agua, vegetación,
movilidad, vivienda y espacio público dentro de una misma racionalidad territorial
(ONU-Hábitat, s. f.).
La discusión central no radica únicamente en ampliar la cobertura vegetal, sino en
determinar qué tipo de infraestructura verde se localiza, dónde se inserta, quién
accede a ella, cómo se mantiene y qué beneficios produce en territorios
históricamente desiguales. En este sentido, Bakhtsiyarava et al. (2024) muestran que
la disponibilidad de áreas verdes urbanas en 371 ciudades latinoamericanas es
altamente heterogénea y está asociada con factores climáticos, morfológicos y
socioeconómicos, lo que impide formular soluciones homogéneas para toda la región.
Esta evidencia obliga a superar enfoques normativos centrados en estándares
generales de metros cuadrados por habitante, pues tales indicadores pueden ocultar
desigualdades de calidad, conectividad, seguridad, accesibilidad y funcionalidad
ecológica (Bakhtsiyarava et al., 2024).
Desde la perspectiva climática, los resultados respaldan la pertinencia de incorporar
la infraestructura verde como dispositivo de resiliencia urbana. La intensificación de
inundaciones, sequías, incendios y olas de calor confirma que la infraestructura gris,
aunque indispensable, resulta insuficiente cuando opera de forma aislada frente a
amenazas sistémicas. La OMM (2025) reportó que en 2024 la temperatura media de
América Latina y el Caribe fue +0,90 °C superior al promedio 1991–2020, escenario
que refuerza la necesidad de parques inundables, humedales urbanos, jardines de
lluvia, corredores ribereños, arbolado de sombra y superficies permeables como
mecanismos de adaptación preventiva. Esta interpretación converge con Frantzeskaki
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et al. (2019), quienes sostienen que las soluciones basadas en la naturaleza permiten
abordar simultáneamente adaptación, mitigación y bienestar urbano cuando se
integran a la toma de decisiones públicas.
Los aportes sociales y sanitarios de la infraestructura verde también refuerzan su
carácter de política pública transversal. La evidencia revisada indica asociaciones
entre exposición a espacios verdes y menor mortalidad, mejor estado de ánimo, mayor
actividad física, reducción de violencia y beneficios cardiovasculares, aunque tales
efectos dependen de condiciones materiales de acceso y uso (Kondo et al., 2018;
Rojas-Rueda et al., 2019). En particular, Rojas-Rueda et al. (2019) identificaron una
asociación inversa entre verdor residencial y mortalidad por todas las causas, lo que
permite discutir la infraestructura verde no solo como intervención ambiental, sino
como intervención preventiva en salud urbana. En América Latina, esta lectura es
especialmente significativa, porque la distribución desigual del verde urbano puede
intensificar exposiciones diferenciales al calor, la contaminación, el estrés y el
sedentarismo (Kondo et al., 2018).
No obstante, el potencial redistributivo de la infraestructura verde no debe asumirse
de manera automática. Un parque, corredor ecológico o proyecto de revegetación
puede producir beneficios ambientales y, al mismo tiempo, reproducir exclusiones si
se localiza en zonas consolidadas de mayor renta o si desencadena procesos de
valorización inmobiliaria sin protección social. Por ello, la infraestructura verde debe
discutirse desde una perspectiva de justicia ambiental, en la que la pregunta por la
eficiencia ecológica se complemente con la pregunta por la distribución social de los
beneficios y cargas urbanas (Breen et al., 2020; Romero-Duque et al., 2020). La
planificación sostenible latinoamericana requiere, por tanto, pasar de una lógica de
embellecimiento urbano a una lógica de reparación territorial, priorizando barrios con
déficit de sombra, baja permeabilidad, exposición a inundaciones, precariedad
habitacional y escasa accesibilidad a espacios públicos de calidad (Romero-Duque et
al., 2020).
Las limitaciones institucionales identificadas en la literatura revelan que la
infraestructura verde enfrenta menos problemas de legitimidad discursiva que de
gobernanza efectiva. Breen et al. (2020) advierten que la investigación regional sobre
gestión de infraestructura verde urbana sigue siendo reducida y concentrada, con
vacíos en participación, cogobernanza, mantenimiento, financiamiento y articulación
intersectorial. Esta debilidad es crítica porque los proyectos verdes suelen demandar
continuidad presupuestaria, capacidades técnicas, monitoreo ecológico,
mantenimiento comunitario e integración normativa; sin estos componentes, la
infraestructura verde corre el riesgo de convertirse en una intervención fragmentaria,
dependiente de ciclos políticos y vulnerable al deterioro físico e institucional (Breen et
al., 2020).
La dimensión financiera profundiza esta tensión. Brichetti et al. (2021) estiman que
América Latina y el Caribe necesita invertir aproximadamente US$2,22 billones hasta
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2030 para cerrar brechas de infraestructura vinculadas con los Objetivos de Desarrollo
Sostenible, lo que evidencia la magnitud de las restricciones fiscales y de inversión
regional. En este contexto, la infraestructura verde solo podrá consolidarse si
demuestra capacidad de producir cobeneficios medibles: reducción de daños por
inundaciones, regulación térmica, mejora de calidad del aire, disminución de costos
sanitarios, aumento de biodiversidad y recuperación de espacio público (Brichetti et
al., 2021; Ozment et al., 2021). Dicho de otro modo, su viabilidad dependerá de
abandonar una defensa exclusivamente ambiental y construir argumentos
económicos, sanitarios e institucionales capaces de insertarse en carteras de
inversión pública y financiamiento climático (Ozment et al., 2021).
La revisión también permite reconocer una brecha metodológica relevante: buena
parte de la literatura privilegia mediciones biofísicas del verdor, mientras que los
vínculos entre infraestructura verde, gobernanza, desigualdad, financiamiento,
apropiación social y sostenibilidad del mantenimiento siguen menos desarrollados.
Romero-Duque et al. (2020) señalan que la investigación sobre servicios
ecosistémicos urbanos en América Latina y el Caribe ha crecido, pero todavía requiere
mayor incorporación en políticas de planificación urbana. Esta brecha importa porque
la infraestructura verde no funciona únicamente como objeto físico, sino como
ensamblaje socioecológico: depende de reglas, presupuestos, actores, prácticas de
cuidado, indicadores y conflictos por el uso del suelo (Romero-Duque et al., 2020;
Hansen & Pauleit, 2014).
En conjunto, la discusión confirma que la infraestructura verde constituye una
tendencia contemporánea decisiva para la planificación urbana sostenible
latinoamericana, pero su capacidad transformadora dependerá de su
institucionalización como política estructural y no como proyecto aislado. Su mayor
aporte radica en vincular resiliencia climática, salud pública, biodiversidad y justicia
territorial dentro de una agenda urbana común; sin embargo, esa promesa exige
planificación multiescalar, financiamiento estable, participación social, criterios de
priorización espacial y evaluación de resultados. Así, el principal desafío no consiste
en demostrar que la infraestructura verde es necesaria, sino en construir las
condiciones políticas, técnicas y económicas para que sus beneficios lleguen a los
territorios más expuestos y menos favorecidos por la urbanización latinoamericana
(Bakhtsiyarava et al., 2024; Breen et al., 2020; Rojas-Rueda et al., 2019).
5. Conclusiones
La infraestructura verde se consolida como una herramienta estratégica para
reorientar la planificación urbana sostenible en América Latina, especialmente en un
contexto regional marcado por urbanización acelerada, desigualdad territorial,
vulnerabilidad climática y déficits persistentes de infraestructura. Su importancia
radica en que permite trascender la visión ornamental del verde urbano y situarlo como
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un componente funcional de la ciudad, capaz de articular resiliencia climática, salud
pública, biodiversidad, gestión hídrica y calidad del espacio público.
El análisis desarrollado evidencia que la integración de parques, corredores
ecológicos, arbolado urbano, humedales, jardines de lluvia, suelos permeables y
soluciones basadas en la naturaleza no debe asumirse como una intervención aislada,
sino como parte de una red territorial conectada con los instrumentos de planificación,
inversión pública y gestión del riesgo. En consecuencia, la infraestructura verde
adquiere mayor valor cuando se diseña desde criterios de conectividad, accesibilidad,
mantenimiento, equidad y adaptación a las condiciones biofísicas de cada ciudad.
También se concluye que los beneficios ambientales, sociales y sanitarios de la
infraestructura verde son significativos, pero no automáticos. Su capacidad para
reducir islas de calor, mitigar inundaciones, mejorar la calidad del aire, promover
actividad física, favorecer bienestar psicológico y fortalecer la cohesión social depende
de la calidad de los espacios, su proximidad a la población, la seguridad percibida, la
apropiación comunitaria y la distribución territorial de sus beneficios. Por ello, no basta
con incrementar la superficie verde; resulta indispensable garantizar que esta llegue
a los sectores urbanos con mayores carencias ambientales y sociales.
Las principales barreras para su implementación se ubican en el plano institucional,
financiero y territorial. La fragmentación administrativa, la limitada coordinación
intersectorial, la falta de presupuestos estables para mantenimiento, la presión
inmobiliaria, la informalidad urbana y la insuficiencia de indicadores comparables
dificultan que la infraestructura verde se consolide como política pública estructural.
Esta situación demuestra que el desafío no consiste únicamente en diseñar proyectos
verdes, sino en construir capacidades de gobernanza que aseguren continuidad,
financiamiento, monitoreo y participación social.
Finalmente, el artículo permite afirmar que la infraestructura verde constituye una
tendencia contemporánea con alto potencial transformador para la planificación
urbana sostenible latinoamericana, siempre que sea incorporada desde una
perspectiva integral y no meramente estética. Su contribución principal radica en
vincular adaptación climática, justicia ambiental, bienestar urbano y eficiencia
territorial en una misma agenda de intervención. En ese sentido, su originalidad como
campo de estudio y acción se encuentra en proponer una lectura de la ciudad donde
la naturaleza no aparece como complemento del desarrollo urbano, sino como
condición indispensable para su sostenibilidad futura.
CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
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