
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.04 | Oct–Dic | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 50
armados prolongados (ACNUR, 2025). El desplazamiento no constituye solo un efecto
colateral de la guerra; suele expresar fallas persistentes de distinción, prevención,
control territorial y respuesta institucional, pues obliga a las comunidades a abandonar
redes económicas, vínculos sociales, servicios públicos y mecanismos locales de
protección (ACNUR, 2025; Melzer, 2019).
El uso de armas explosivas en zonas pobladas muestra con especial crudeza la
distancia entre la promesa normativa del DIH y la realidad operacional de las guerras
contemporáneas. En 2023, el Secretario General de Naciones Unidas informó que
casi 30.000 civiles murieron o resultaron heridos por armas explosivas en seis
conflictos —Gaza, Myanmar, Sudán, Siria, Ucrania y Yemen—, y que los civiles
representaron el 90% de las víctimas cuando dichas armas se emplearon en áreas
habitadas (Naciones Unidas, 2024). Este dato confirma que la protección civil no
depende solo de prohibir ataques deliberados, sino de restringir medios y métodos de
guerra cuyos efectos de área hacen previsible un daño masivo sobre viviendas,
hospitales, escuelas, redes de agua, energía y otras infraestructuras indispensables
para la supervivencia (Naciones Unidas, 2024; Sassòli, 2019).
El caso colombiano permite observar cómo la inobservancia del DIH produce daños
humanitarios que se acumulan en el tiempo y afectan tanto la vida individual como la
gobernabilidad territorial. El CICR reportó que en 2025 la crisis humanitaria en
Colombia se profundizó por el irrespeto de las reglas de la guerra: documentó 965
personas muertas o heridas por artefactos explosivos —la mayoría civiles—, 308
desapariciones individuales y 845 presuntas infracciones al DIH (CICR, 2026). Estas
cifras son relevantes porque muestran que la protección civil no fracasa únicamente
en episodios excepcionales de violencia extrema, sino también en prácticas reiteradas
de control armado, contaminación por explosivos, desaparición, confinamiento y
restricción de movilidad que deterioran la vida cotidiana de comunidades enteras
(CICR, 2026; CICR, 2025).
El fortalecimiento institucional debe orientarse a desplazar el DIH desde el plano
declarativo hacia el plano decisional. Ello implica incorporar la protección civil en la
planificación militar, las reglas de enfrentamiento, la evaluación de objetivos, la
revisión jurídica de armas, la capacitación de mandos, la documentación del daño y la
investigación independiente de presuntas infracciones (Melzer, 2019; Sassòli, 2019).
También exige mejorar los sistemas de información humanitaria, porque sin datos
desagregados sobre edad, sexo, territorio, tipo de daño, actor presuntamente
responsable y patrón de ataque, la respuesta institucional queda atrapada en
diagnósticos generales que no permiten prevenir riesgos ni asignar responsabilidades
con suficiencia probatoria (Davies et al., 2025; Naciones Unidas, 2024).
La eficacia del DIH, por tanto, es condicionada y progresiva: existe un reconocimiento
normativo robusto, pero su potencia protectora depende de instituciones capaces de
traducir normas en prevención, monitoreo, sanción y reparación. La evidencia
revisada sugiere que el problema contemporáneo no es la irrelevancia del DIH, sino