Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 82
Agricultura sostenible y seguridad alimentaria en
contextos de cambio climático
Sustainable agriculture and food security in the context of climate
change
Patiño-Uyaguari, Javier Leonardo
1
Guerrero-Calero, Juan Manuel
2
https://orcid.org/0000-0001-7636-6197
https://orcid.org/0000-0002-1356-0475
jpatinou@uteq.edu.ec
juan.guerrero@unesum.edu.ec
Ecuador, Quevedo, Universidad Técnica Estatal de
Quevedo.
Ecuador, Portoviejo, Universidad Estatal del Sur de
Manabí.
Castro-Landin, Alfredo Lesvel
3
http://orcid.org/0000-0001-6340-8749
alfredo.castro@unesum.edu.ec
Cuba, Matanza, Universidad Estatal del Sur de
Manabí.
Autor de correspondencia
1
DOI / URL: https://doi.org/10.55813/gaea/revistacec/v1/n3/21
Resumen: El cambio climático intensifica sequías,
inundaciones, degradación de los suelos y volatilidad
productiva en América Latina, donde la elevada capacidad
agropecuaria coexiste con persistentes dificultades de acceso
a alimentos suficientes y saludables. El estudio tuvo como
objetivo analizar la relación entre las prácticas de agricultura
sostenible y la seguridad alimentaria en contextos
latinoamericanos afectados por el cambio climático. Se
desarrolló una revisión bibliográfica exploratoria, documental
y cualitativa de publicaciones comprendidas entre 2015 y
2025; las fuentes seleccionadas se organizaron en una matriz
y se examinaron mediante lectura crítica y categorización
temática. Los resultados identificaron la diversificación de
cultivos, la agroecología, la agroforestería, la agricultura de
conservación, el manejo ecológico del suelo, la gestión
eficiente del agua y los sistemas silvopastoriles como
prácticas capaces de favorecer la disponibilidad, el acceso, la
calidad nutricional y la estabilidad alimentaria. La evidencia
indica que sus beneficios dependen de su articulación
sistémica y de condiciones territoriales, financieras, técnicas e
institucionales que posibiliten su adopción. Se concluye que la
agricultura sostenible constituye una estrategia relevante,
aunque insuficiente por sola, para fortalecer la resiliencia
agroalimentaria y reducir vulnerabilidades climáticas,
económicas y sociales.
Palabras clave: agricultura sostenible; seguridad alimentaria;
cambio climático; resiliencia agroalimentaria; agroecología.
Artículo Científico
Received: 17/Jul/2024
Accepted: 15/Ago/2024
Published: 17/Sep/2024
Cita: Patiño-Uyaguari, J. L., Guerrero-Calero,
J. M., & Castro-Landin, A. L. (2024). Agricultura
sostenible y seguridad alimentaria en
contextos de cambio climático. Revista
Científica Enfoques Del Conocimiento, 1(3),
82-
101. https://doi.org/10.55813/gaea/revistacec/
v1/n3/21
Revista Científica Enfoques del Conocimiento
(RCEC)
https://www.blez.edu.ec
https://revistacec.blez.edu.ec
revistacec@blez.edu.ec
© 2024. Este artículo es un documento de
acceso abierto distribuido bajo los términos y
condiciones de la Licencia Creative
Commons, Atribución-NoComercial 4.0
Internacional.
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 83
Artículo Científico
Abstract:
Climate change is intensifying droughts, floods, soil degradation, and production
volatility in Latin America, where high agricultural capacity coexists with persistent
difficulties in accessing sufficient and healthy food. This study aimed to analyze the
relationship between sustainable agricultural practices and food security in Latin
American contexts affected by climate change. An exploratory, documentary, and
qualitative literature review of publications from 2015 to 2025 was conducted. The
selected sources were organized in a bibliographic matrix and examined through
critical reading and thematic categorization. The results identified crop diversification,
agroecology, agroforestry, conservation agriculture, ecological soil management,
efficient water management, and silvopastoral systems as practices capable of
improving food availability, access, nutritional quality, and stability. The evidence
indicates that their benefits depend on systemic integration and the territorial, financial,
technical, and institutional conditions enabling their adoption. It is concluded that
sustainable agriculture constitutes a relevant, although insufficient on its own, strategy
for strengthening agri-food resilience and reducing climatic, economic, and social
vulnerabilities.
Keywords: sustainable agriculture; food security; climate change; agri-food resilience;
agroecology.
1. Introducción
La agricultura sostenible y la seguridad alimentaria en América Latina constituyen un
problema estratégico porque la región opera simultáneamente como despensa global,
espacio rural de subsistencia y territorio altamente expuesto al cambio climático. La
agricultura primaria aporta cerca del 7% del PIB regional, mientras que el sistema
agroalimentario ampliado representa alrededor de una cuarta parte del PIB y emplea
aproximadamente a un tercio de los trabajadores en varios países, lo que convierte a
la relación agricultura–clima en una unidad de análisis económica, social y
ambientalmente decisiva (World Bank, 2025). Esta centralidad se refuerza porque
América Latina y el Caribe representan cerca del 14% de la producción agrícola
mundial y el 23% de las exportaciones agropecuarias y pesqueras, con una
participación proyectada de casi 27% en las exportaciones globales hacia 2034
(OECD/FAO, 2025).
La magnitud productiva regional no se traduce automáticamente en seguridad
alimentaria, ya que el acceso, la estabilidad, la utilización biológica y la disponibilidad
de alimentos están siendo tensionados por sequías, inundaciones, olas de calor,
degradación de suelos y volatilidad de precios. En 2023, el hambre afectó a 41
millones de personas en América Latina y el Caribe, equivalente al 6,2% de la
población, mientras que 186,7 millones experimentaron inseguridad alimentaria
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 84
Artículo Científico
moderada o grave, equivalente al 28,2% regional (FAO et al., 2025). La desigualdad
territorial profundiza esta paradoja: la inseguridad alimentaria fue 8,2 puntos
porcentuales mayor en zonas rurales que urbanas, y la brecha entre hombres y
mujeres alcanzó 5,2 puntos porcentuales, la s amplia entre regiones del mundo
(FAO et al., 2025).
El cambio climático agrava esa tensión porque modifica los calendarios agrícolas,
reduce la previsibilidad hídrica y aumenta la exposición de productores dependientes
de lluvias estacionales. El IPCC advierte que la menor precipitación y la alteración del
inicio y fin de la estación lluviosa comprometen la agricultura de subsistencia en el
Corredor Seco centroamericano y los Andes tropicales; además, la duración del ciclo
de crecimiento del maíz en esas zonas se redujo al menos 5% entre 1981–2010 y
20152019 (Castellanos et al., 2022). Las proyecciones también muestran contrastes
regionales críticos, con reducciones de precipitación de hasta −22% en el nordeste de
Brasil y aumentos de +25% en el sudeste de Sudamérica, lo que exige respuestas
diferenciadas y no paquetes tecnológicos homogéneos (Castellanos et al., 2022).
La afectación no se limita al rendimiento agrícola, pues el deterioro climático se
transmite a los hogares mediante precios, empleo, nutrición y gasto público. En 2022,
una dieta saludable costó 4,56 dólares PPA por persona al día en América Latina y el
Caribe, por encima del promedio mundial de 3,96 dólares PPA, y 182,9 millones de
personas —27,7% de la población regional— no pudieron costearla (FAO et al., 2025).
Este deterioro convive con la doble carga de la malnutrición, dado que la obesidad
adulta aumentó de 22,4% en 2012 a 29,9% en 2022, mostrando que producir más no
garantiza dietas adecuadas (FAO et al., 2025). Al mismo tiempo, la agricultura y los
cambios de uso del suelo generan casi la mitad de las emisiones regionales, con la
ganadería explicando alrededor del 60% de esas emisiones, lo que vuelve insuficiente
cualquier respuesta que separe seguridad alimentaria y mitigación climática (Dumas
et al., 2022).
La literatura disponible coincide en que la agricultura sostenible puede reducir
vulnerabilidades cuando combina diversificación productiva, manejo eficiente del
agua, conservación de suelos, agroforestería, innovación climática y fortalecimiento
institucional. Una segundo metaanálisis basada en 69 metaanálisis, 324 tamaños de
efecto y más de 5.000 estudios originales mostró que la diversificación agrícola
incrementa biodiversidad y servicios ecosistémicos sin comprometer el rendimiento
promedio de los cultivos, lo que respalda su potencial para reconciliar productividad y
sostenibilidad (Tamburini et al., 2020). De modo convergente, la agricultura
climáticamente inteligente y la agroecología se han propuesto como enfoques
capaces de articular adaptación, mitigación y seguridad alimentaria, aunque sus
resultados dependen del contexto, del acceso a conocimiento técnico y de la
capacidad de los productores para sostener la adopción en el tiempo (HLPE, 2019;
Jat et al., 2016).
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 85
Artículo Científico
La evidencia sigue siendo fragmentaria porque buena parte de los estudios evalúa
riesgos climáticos, rendimiento agronómico o seguridad alimentaria como
dimensiones separadas, sin explicar suficientemente las relaciones entre prácticas
sostenibles, ingresos, acceso a mercados, capacidades institucionales y calidad de la
dieta. Esta brecha es relevante porque los pequeños agricultores no enfrentan el
cambio climático como un promedio regional, sino como una combinación situada de
exposición, sensibilidad y capacidad adaptativa; en Centroamérica, por ejemplo, 87%
de productores de maíz y 66% de productores de café reportaron impactos negativos
del clima sobre la producción, mientras que 32% señaló inseguridad alimentaria
después de eventos extremos (Harvey et al., 2018). Las revisiones sobre productores
de pequeña escala en Centroamérica y México también identifican vacíos de
información sobre ubicación de grupos más vulnerables, eficacia comparada de
medidas adaptativas y necesidades de política pública (Donatti et al., 2019).
La pertinencia del estudio se sostiene en que existen bases públicas y comparables
—FAOSTAT, WDI, reportes regionales de seguridad alimentaria, inventarios
climáticos y estadísticas agropecuarias nacionales— que permiten aproximar
empíricamente la relación entre agricultura sostenible, clima y seguridad alimentaria
sin depender de datos sensibles de personas identificables (FAO et al., 2025; World
Bank, 2025). Desde esa viabilidad, el objetivo general consiste en analizar cómo las
prácticas de agricultura sostenible se relacionan con la seguridad alimentaria en
contextos latinoamericanos afectados por cambio climático. En coherencia, los
objetivos específicos son describir la exposición climática y las condiciones
productivas de los sistemas agrícolas; determinar la relación entre prácticas
sostenibles y dimensiones de seguridad alimentaria; comparar diferencias por
subregión, escala productiva y tipo de cultivo; y estimar el papel de factores
institucionales, ingreso agrícola y acceso a mercados como mediadores de dicha
relación (HLPE, 2019; OECD/FAO, 2025).
La contribución esperada radica en desplazar el análisis desde una lectura
productivista de la agricultura hacia un enfoque integrado que conecte sostenibilidad
ecológica, estabilidad climática, acceso económico a alimentos y resiliencia territorial.
Esta originalidad es especialmente necesaria en América Latina porque la región
combina alta capacidad exportadora, persistencia de inseguridad alimentaria rural,
costos elevados de dieta saludable y una estructura agroalimentaria con peso
significativo en empleo y emisiones (FAO et al., 2025; Dumas et al., 2022). Al enlazar
variables agronómicas, climáticas, económicas e institucionales, el estudio puede
aportar evidencia útil para la academia y para el diseño de políticas diferenciadas,
evitando recomendaciones generales que ignoren la heterogeneidad de productores,
territorios y cadenas alimentarias (Castellanos et al., 2022; Donatti et al., 2019).
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 86
Artículo Científico
2. Materiales y métodos
La investigación se desarrolló como una revisión bibliográfica exploratoria orientada a
examinar la relación entre agricultura sostenible y seguridad alimentaria en contextos
latinoamericanos afectados por el cambio climático. El abordaje fue documental, de
carácter cualitativo y alcance exploratorio, debido a que el propósito no fue comprobar
hipótesis causales ni estimar efectos estadísticos, sino reconocer tendencias
conceptuales, enfoques predominantes, vacíos analíticos y relaciones emergentes en
la literatura disponible. En consecuencia, la unidad de análisis estuvo conformada por
artículos científicos, libros académicos, capítulos especializados, informes técnicos de
organismos internacionales y documentos institucionales vinculados con agricultura
sostenible, seguridad alimentaria, adaptación climática, resiliencia rural y sistemas
agroalimentarios. Esta estrategia permitió reunir evidencia diversa y pertinente para
comprender un fenómeno complejo que integra dimensiones ambientales,
productivas, económicas, sociales e institucionales.
La búsqueda bibliográfica se organizó mediante una estrategia sistemática, aunque
flexible, coherente con el carácter exploratorio del estudio. Se consideraron
documentos publicados entre 2015 y 2025, con el fin de priorizar literatura reciente
sobre cambio climático, transición agroecológica, productividad agrícola, acceso a
alimentos y sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios. Para ampliar la
recuperación de documentos, se combinaron términos en español, inglés y portugués,
tales como “agricultura sostenible”, “seguridad alimentaria”, “cambio climático”,
“América Latina”, “sustainable agriculture”, “food security”, “climate change
adaptation” y “Latin America”. Las ecuaciones de búsqueda se ajustaron
progresivamente mediante operadores booleanos, combinaciones temáticas y
revisión de referencias citadas en los estudios más relevantes.
Los criterios de inclusión contemplaron documentos centrados en América Latina o
con evidencia aplicable a contextos agrícolas latinoamericanos, publicaciones
relacionadas con prácticas sostenibles de producción, impactos climáticos sobre la
agricultura, disponibilidad y acceso a alimentos, adaptación rural, agroecología,
agricultura climáticamente inteligente o gobernanza agroalimentaria. También se
incorporaron estudios empíricos, revisiones teóricas, revisiones sistemáticas,
informes regionales y documentos técnicos con respaldo institucional. Se excluyeron
textos sin relación directa con agricultura y seguridad alimentaria, publicaciones
duplicadas, documentos sin autoría identificable, materiales de opinión no académica,
notas periodísticas y estudios cuyo contenido se limitara a aspectos estrictamente
tecnológicos sin conexión con sostenibilidad, clima o alimentación. Cuando un
documento abordaba la seguridad alimentaria de forma tangencial, solo fue
considerado si ofrecía información útil para interpretar disponibilidad, acceso,
estabilidad o utilización de alimentos.
La selección de fuentes se efectuó en tres momentos articulados. Primero, se
revisaron títulos, resúmenes y palabras clave para identificar la pertinencia temática
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 87
Artículo Científico
de cada documento. Luego, se realizó una lectura parcial de introducción,
metodología, resultados y conclusiones, con el propósito de valorar la calidad
argumental, el alcance geográfico y la utilidad del contenido para los objetivos del
artículo. Finalmente, los documentos seleccionados se organizaron en una matriz
bibliográfica que registró autoría, año, país o región de análisis, tipo de documento,
enfoque metodológico, variables centrales, principales hallazgos, limitaciones y
aportes al problema de investigación. Esta matriz permitió comparar enfoques,
detectar recurrencias, reconocer contradicciones y ordenar la evidencia según tres
ejes: sostenibilidad agrícola, vulnerabilidad climática y seguridad alimentaria.
El análisis de la información se realizó mediante lectura crítica y categorización
temática. En una primera fase, se identificaron conceptos recurrentes vinculados con
prácticas agrícolas sostenibles, resiliencia productiva, disponibilidad de alimentos,
acceso económico, estabilidad del suministro, degradación ambiental, gestión hídrica,
diversificación agrícola y capacidades institucionales. En una segunda fase, los
hallazgos fueron agrupados por afinidad conceptual para establecer patrones
explicativos y relaciones entre variables. En una tercera fase, se contrastaron los
aportes de la literatura con las brechas detectadas, especialmente aquellas
relacionadas con la escasa integración entre enfoques agronómicos, climáticos,
económicos y alimentarios. Esta lectura permitió construir una interpretación
integradora del fenómeno, evitando reducir la agricultura sostenible a una dimensión
técnica o la seguridad alimentaria a un problema exclusivo de producción.
Dado el carácter bibliográfico del estudio, no se trabajó con participantes humanos ni
se recolectó información primaria, por lo que no se requirió intervención directa sobre
comunidades, productores o instituciones. No obstante, se mantuvieron criterios éticos
asociados al uso responsable de la información, la trazabilidad de las fuentes, la
fidelidad interpretativa y la exclusión de documentos sin respaldo académico o
institucional suficiente. La revisión se delimitó a fuentes disponibles en acceso abierto
o mediante bases consultables, lo que hizo viable el estudio en términos de tiempo,
recursos y disponibilidad documental. Como limitación metodológica, se reconoce que
la amplitud del tema puede impedir una cobertura exhaustiva de toda la producción
científica regional; sin embargo, el diseño exploratorio permite ordenar el campo de
estudio, identificar tendencias relevantes y proponer una base conceptual sólida para
investigaciones posteriores de mayor alcance empírico.
3. Resultados
3.1. Agricultura sostenible como estrategia de resiliencia para la seguridad
alimentaria en contextos de cambio climático
La agricultura sostenible emerge en la literatura reciente como una estrategia de
resiliencia porque permite enfrentar, de manera simultánea, tres tensiones
estructurales de los sistemas agroalimentarios contemporáneos: la necesidad de
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 88
Artículo Científico
sostener la producción, la urgencia de reducir la degradación ecológica y la obligación
social de garantizar dietas suficientes, estables y saludables. En América Latina y el
Caribe, esta relación adquiere particular relevancia porque el cambio climático
intensifica sequías, inundaciones, olas de calor, pérdida de humedad edáfica y
desplazamiento de calendarios agrícolas, mientras la inseguridad alimentaria
moderada o grave afectó a 186,7 millones de personas en 2023, equivalentes al 28,2%
de la población regional (FAO et al., 2025). La resiliencia, por tanto, no puede
entenderse solo como recuperación posterior a un evento climático, sino como
capacidad anticipatoria, adaptativa y transformadora de los agroecosistemas y de las
comunidades que dependen de ellos (Castellanos et al., 2022; HLPE, 2019).
Desde esta perspectiva, la agricultura sostenible se distingue de los enfoques
productivistas convencionales porque no reduce la seguridad alimentaria a
disponibilidad agregada de alimentos, sino que incorpora acceso económico,
estabilidad del suministro, calidad nutricional, gobernanza territorial y conservación de
funciones ecosistémicas. Esta diferencia es crucial, pues el cambio climático ya ha
reducido el crecimiento de la productividad agrícola total global en aproximadamente
21% desde 1961, con pérdidas más severas —entre 26% y 34%— en regiones cálidas
como África, América Latina y el Caribe (Ortiz-Bobea et al., 2021). En consecuencia,
los sistemas agrícolas latinoamericanos requieren transitar desde respuestas
reactivas y sectoriales hacia arreglos productivos diversificados, climáticamente
informados y socialmente inclusivos, capaces de disminuir vulnerabilidades
acumuladas en pequeños productores, mujeres rurales, pueblos indígenas y territorios
dependientes de agricultura de secano (Donatti et al., 2019; Harvey et al., 2018).
3.1.1. Prácticas sostenibles identificadas en la literatura
La literatura identifica como primer eje de prácticas sostenibles la diversificación
agrícola, entendida como la incorporación deliberada de heterogeneidad biológica,
productiva y funcional en la finca y el paisaje. Esta categoría incluye policultivos,
rotaciones, asociaciones de cultivos, cultivos de cobertura, integración cultivo–
ganadería, sistemas agroforestales, cercas vivas, huertos familiares, bancos de
semillas locales y manejo de variedades adaptadas a condiciones climáticas
específicas. Su valor reside en que reemplaza la lógica de homogeneidad y
dependencia de insumos externos por una lógica de redundancia funcional: si una
especie, variedad o componente productivo falla ante sequía, plaga o exceso de lluvia,
otros componentes pueden amortiguar el impacto sobre producción, ingresos y
alimentación familiar (Tamburini et al., 2020; Gliessman, 2015).
La evidencia empírica sobre diversificación es sólida. Un metaanálisis de segundo
orden que sintetizó 69 metaanálisis, 324 tamaños de efecto y más de 5.000 estudios
originales encontró que la diversificación agrícola mejora biodiversidad, polinización,
control biológico de plagas, ciclado de nutrientes, fertilidad del suelo y regulación
hídrica sin comprometer, en promedio, los rendimientos de los cultivos (Tamburini et
al., 2020). Este hallazgo es central porque cuestiona la dicotomía entre productividad
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 89
Artículo Científico
y sostenibilidad: los sistemas diversificados no necesariamente producen menos, sino
que redistribuyen riesgos, elevan la estabilidad ecológica y reducen la dependencia
de fertilizantes, plaguicidas y agua de riego bajo escenarios climáticos inciertos
(Tamburini et al., 2020; Reganold & Wachter, 2016).
Un segundo conjunto de prácticas se vincula con la agroecología, que en la literatura
se define simultáneamente como ciencia, conjunto de prácticas y movimiento social
orientado a rediseñar sistemas agroalimentarios desde principios ecológicos y de
justicia territorial. En términos productivos, la agroecología privilegia el reciclaje de
nutrientes, la eficiencia energética, la reducción de insumos sintéticos, la conservación
de biodiversidad funcional, el manejo orgánico de suelos, la articulación entre saber
local y conocimiento científico, y la construcción de redes campesino-a-campesino
(HLPE, 2019; Altieri et al., 2015). A diferencia de una simple sustitución de insumos,
el enfoque agroecológico implica rediseñar las relaciones entre suelo, agua, semillas,
biodiversidad, trabajo rural, mercados locales y alimentación, lo que explica su
pertinencia para territorios con alta vulnerabilidad climática y baja capacidad de
inversión (Gliessman, 2015; Bezner Kerr et al., 2021).
La agricultura de conservación constituye un tercer eje recurrente, basado en tres
principios articulados: mínima o nula remoción del suelo, cobertura permanente
mediante residuos o biomasa, y diversificación de especies en rotaciones o
asociaciones. Su aporte climático se explica por la reducción de erosión, la mejora de
infiltración, la retención de humedad, el incremento gradual de materia orgánica y la
protección del suelo frente a lluvias intensas y sequías prolongadas (Kassam et al.,
2019). No obstante, la evidencia también advierte que la agricultura de conservación
no debe implementarse como receta única, porque sus efectos sobre rendimientos
dependen de clima, textura del suelo, manejo de residuos, acceso a maquinaria,
control de malezas y complementariedad con rotaciones; por ello, su eficacia aumenta
cuando se aplica como paquete ecológico completo y no solo como labranza cero
aislada (Pittelkow et al., 2015).
La agroforestería y los sistemas silvopastoriles aparecen como prácticas
especialmente relevantes para América Latina, debido al peso de la ganadería, la
deforestación y los cambios de uso del suelo en las emisiones regionales. Estos
sistemas integran árboles, arbustos, cultivos y animales en arreglos espaciales o
temporales que proporcionan sombra, alimento, madera, captura de carbono,
regulación microclimática, reciclaje de nutrientes y protección contra erosión (Mbow et
al., 2014). Su pertinencia es doble: contribuyen a la adaptación al reducir estrés
térmico y mejorar humedad edáfica, y aportan a la mitigación al incrementar reservas
de carbono en biomasa y suelo. En regiones tropicales, donde las altas temperaturas
afectan cultivos y animales, la presencia estratégica de árboles puede operar como
infraestructura ecológica de bajo costo para estabilizar la producción (Mbow et al.,
2014; Dumas et al., 2022).
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 90
Artículo Científico
La gestión sostenible del agua configura otro núcleo de prácticas estratégicas,
particularmente en territorios donde la agricultura depende de lluvias estacionales
cada vez más erráticas. En esta línea se identifican cosecha de agua de lluvia, zanjas
de infiltración, terrazas, riego por goteo, acolchados, reservorios comunitarios,
restauración de microcuencas, selección de cultivos menos demandantes de agua y
monitoreo climático para ajustar fechas de siembra. Estas medidas son relevantes
porque el cambio climático no solo reduce o incrementa la precipitación media, sino
que altera su distribución temporal, intensifica eventos extremos y deteriora la
predictibilidad de los ciclos productivos (Castellanos et al., 2022). En consecuencia, la
seguridad alimentaria depende crecientemente de la capacidad de los sistemas
agrícolas para convertir el agua disponible en humedad útil, productividad estable y
menor exposición a pérdidas catastróficas (FAO, 2013; Castellanos et al., 2022).
La literatura también destaca el manejo ecológico de suelos como condición basal de
resiliencia agrícola. Prácticas como compostaje, abonos verdes, incorporación de
estiércol, biofertilizantes, cobertura vegetal, rotaciones con leguminosas, control de
erosión, reducción de compactación y restauración de materia orgánica incrementan
la capacidad del suelo para retener agua, sostener microorganismos benéficos y
amortiguar variaciones térmicas. Este punto es decisivo porque el suelo no es un
soporte inerte de la producción, sino una matriz viva que regula nutrientes, agua,
carbono y biodiversidad; por ello, su degradación compromete simultáneamente
rendimientos, estabilidad alimentaria y capacidad de adaptación climática (Altieri et
al., 2015; Reganold & Wachter, 2016). La evidencia sobre fincas nicaragüenses
después del huracán Mitch mostró que parcelas con manejo sostenible presentaron
más capa superficial, mayor humedad, más vegetación, menos erosión y menores
pérdidas económicas que parcelas convencionales comparables, lo que ilustra la
función protectora del suelo sano ante eventos extremos (Holt-Giménez, 2002).
La agricultura climáticamente inteligente, por su parte, opera como marco de
intervención orientado a integrar productividad, adaptación y mitigación. La FAO la
define mediante tres pilares: aumentar sosteniblemente productividad e ingresos;
fortalecer adaptación y resiliencia climática; y reducir o remover emisiones de gases
de efecto invernadero cuando sea posible (FAO, 2013). Sin embargo, la literatura
crítica advierte que este enfoque debe ser territorializado para evitar su conversión en
una etiqueta amplia que agrupe intervenciones tecnológicas sin transformación social.
En otras palabras, una práctica puede ser “climáticamente inteligente” solo si mejora
la capacidad adaptativa de quienes producen alimentos, reduce vulnerabilidades
concretas y no traslada costos ambientales o económicos hacia pequeños
productores (HLPE, 2019; FAO, 2013).
Las prácticas identificadas no son equivalentes ni intercambiables, pues actúan sobre
escalas y mecanismos distintos. Mientras la diversificación incide en redundancia
biológica y estabilidad productiva, la agroforestería regula microclimas y captura
carbono; la agricultura de conservación protege suelo y humedad; la agroecología
articula prácticas ecológicas con organización social; y la agricultura climáticamente
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 91
Artículo Científico
inteligente ofrece un marco de política pública para vincular adaptación, productividad
y mitigación. La revisión sugiere que los mejores resultados aparecen cuando estas
prácticas se combinan en sistemas complejos, porque la resiliencia no surge de un
componente aislado, sino de interacciones entre biodiversidad, conocimiento local,
infraestructura ecológica, instituciones, mercados y capacidades de aprendizaje
(Pretty et al., 2018; Bezner Kerr et al., 2021).
3.1.2. Aportes de estas prácticas a la seguridad alimentaria
El principal aporte de las prácticas sostenibles a la seguridad alimentaria se expresa
en la disponibilidad estable de alimentos. Los sistemas diversificados tienden a
producir una gama más amplia de cultivos y productos a lo largo del año, lo que reduce
la dependencia de monocultivos expuestos a fallas climáticas, plagas o fluctuaciones
de mercado. Esta estabilidad es particularmente importante para pequeños
productores que consumen parte de su producción, porque una pérdida parcial de
rendimiento puede traducirse en menor disponibilidad doméstica, endeudamiento o
reducción de la diversidad dietaria (Harvey et al., 2018). En Centroamérica, 95% de
productores encuestados declaró haber observado cambios climáticos, y una
proporción considerable reportó impactos negativos sobre producción, ingresos y
seguridad alimentaria, lo que confirma que la resiliencia productiva es inseparable de
la seguridad alimentaria rural (Harvey et al., 2018).
El segundo aporte se relaciona con la estabilidad intertemporal del suministro. Las
prácticas sostenibles no solo buscan elevar rendimientos en una campaña específica,
sino disminuir la variabilidad de la producción frente a perturbaciones recurrentes. La
diversificación agrícola, por ejemplo, puede generar efectos de portafolio: distintas
especies responden de manera diferente a sequía, exceso hídrico, plagas o variación
térmica, de modo que la pérdida de un componente puede ser compensada
parcialmente por otros (Tamburini et al., 2020). Esta propiedad sistémica es
fundamental en contextos de cambio climático, donde los promedios históricos pierden
capacidad predictiva y los hogares rurales necesitan estrategias que reduzcan la
probabilidad de fracaso total de la cosecha (Ortiz-Bobea et al., 2021; Tamburini et al.,
2020).
El tercer aporte se manifiesta en el acceso económico a los alimentos. La reducción
de dependencia de insumos externos —fertilizantes sintéticos, pesticidas, semillas
comerciales, energía y riego intensivo— puede disminuir costos de producción y
amortiguar choques de precios, especialmente cuando los mercados internacionales
encarecen insumos agrícolas. Además, la diversificación abre posibilidades de venta
escalonada, autoconsumo, trueque, mercados locales y transformación artesanal, lo
que fortalece ingresos rurales y reduce vulnerabilidad frente a un único canal
comercial (HLPE, 2019). Esta dimensión es crítica en América Latina y el Caribe,
donde la imposibilidad de costear una dieta saludable afectó a 182,9 millones de
personas en 2022, equivalentes al 27,7% de la población regional; por tanto,
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 92
Artículo Científico
seguridad alimentaria implica tanto producir como sostener capacidad adquisitiva y
acceso territorial a alimentos adecuados (FAO et al., 2025).
El cuarto aporte concierne a la calidad nutricional. La agricultura sostenible, cuando
incorpora policultivos, huertos, leguminosas, frutas, hortalizas, granos andinos, raíces,
tubérculos, animales menores y árboles alimentarios, amplía la disponibilidad de
micronutrientes, fibra, proteínas vegetales y alimentos frescos. La evidencia de
revisión sobre agroecología y seguridad alimentaria encontró que 78% de los estudios
seleccionados reportó resultados positivos en seguridad alimentaria y nutrición de
hogares en países de ingresos bajos y medios; además, los sistemas agroecológicos
más complejos —con diversificación, integración cultivo-ganadería, manejo de suelos
y redes de aprendizaje— mostraron mayor probabilidad de producir efectos favorables
(Bezner Kerr et al., 2021). Este resultado es relevante porque desplaza el análisis
desde toneladas producidas hacia dietas diversas, saludables y culturalmente
pertinentes (Bezner Kerr et al., 2021; HLPE, 2019).
El quinto aporte se vincula con la utilización biológica de los alimentos, una dimensión
frecuentemente subestimada en los debates agronómicos. La utilización no depende
solo de ingerir alimentos suficientes, sino de que estos sean inocuos, diversos y
compatibles con condiciones de salud, agua segura, saneamiento y prácticas
alimentarias adecuadas. En este sentido, sistemas agrícolas con menor carga de
plaguicidas, mayor diversidad alimentaria y mejor conservación de recursos hídricos
pueden contribuir indirectamente a dietas más saludables y a menor exposición a
contaminantes, aunque esta relación exige más investigación empírica en América
Latina (Reganold & Wachter, 2016; HLPE, 2019). La agricultura sostenible, por tanto,
debe evaluarse no únicamente por rendimiento o rentabilidad, sino por sus efectos
integrados sobre salud, ambiente y nutrición (FAO et al., 2025).
El sexto aporte aparece en la resiliencia institucional y comunitaria. Las prácticas
sostenibles más efectivas suelen estar asociadas con aprendizaje colectivo, asistencia
técnica, redes de intercambio de semillas, organizaciones de productores, mercados
campesinos, extensión rural participativa y gobernanza local del agua o del territorio.
La experiencia del movimiento campesino-a-campesino en Nicaragua, analizada
después del huracán Mitch, mostró que la investigación participativa y las redes
locales permitieron medir daños, comparar sistemas y orientar la reconstrucción
agrícola hacia prácticas más resilientes (Holt-Giménez, 2002). Esto sugiere que la
resiliencia alimentaria no es una propiedad exclusivamente biofísica de la finca, sino
una capacidad socialmente producida mediante cooperación, conocimiento situado e
instituciones capaces de sostener decisiones adaptativas (Holt-Giménez, 2002;
Donatti et al., 2019).
El séptimo aporte se relaciona con la mitigación climática y, por extensión, con la
estabilidad futura de la seguridad alimentaria. Las prácticas sostenibles pueden
reducir emisiones mediante menor uso de fertilizantes nitrogenados, mejor manejo de
estiércol, captura de carbono en suelos y biomasa, restauración de pasturas,
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 93
Artículo Científico
reducción de deforestación e integración de árboles en paisajes agrícolas. En América
Latina y el Caribe, la agricultura y los cambios de uso del suelo representan una
proporción elevada de las emisiones regionales, por lo que transformar los sistemas
agropecuarios no solo protege la producción frente al clima, sino que reduce la
contribución del propio sistema alimentario al calentamiento global (Dumas et al.,
2022). Esta doble función —adaptación y mitigación— es una de las razones por las
que agroforestería, silvopastoreo y manejo de suelos ocupan un lugar estratégico en
la literatura reciente (Mbow et al., 2014; Dumas et al., 2022).
El octavo aporte se expresa en la reducción de vulnerabilidades diferenciadas. El
cambio climático no impacta a todos los productores por igual: afecta con mayor
intensidad a quienes dependen de agricultura de secano, poseen menor acceso a
crédito, tierras marginales, asistencia técnica limitada o escasa capacidad para
absorber pérdidas. Las prácticas sostenibles pueden disminuir parte de esa
vulnerabilidad al fortalecer autonomía productiva, diversificar fuentes de alimento e
ingreso, mejorar suelos degradados y reducir exposición a insumos costosos; sin
embargo, su adopción también exige condiciones habilitantes, como financiamiento,
formación, seguridad en la tenencia de la tierra, infraestructura y políticas públicas
coherentes (Donatti et al., 2019). Por ello, la agricultura sostenible no debe
romantizarse como solución automática, sino comprenderse como transición que
requiere soporte institucional y justicia territorial (HLPE, 2019; Donatti et al., 2019).
Pese a sus aportes, la literatura también advierte tensiones y límites. Algunas
prácticas sostenibles pueden requerir más trabajo inicial, conocimiento técnico, tiempo
de transición, disponibilidad de biomasa, coordinación comunitaria o acceso a
mercados diferenciados; además, sus beneficios pueden demorarse cuando
dependen de restauración de materia orgánica, recuperación de biodiversidad o
reorganización del sistema productivo. La agricultura de conservación, por ejemplo,
puede mostrar resultados variables si se adopta solo como labranza mínima sin
cobertura permanente ni rotaciones, mientras que la agroforestería puede generar
competencia por luz o agua si el diseño no se adapta al cultivo, al clima y al manejo
local (Pittelkow et al., 2015; Mbow et al., 2014). En consecuencia, la evidencia no
respalda una adopción acrítica, sino un diseño contextual, gradual y evaluable de
transiciones sostenibles (Pretty et al., 2018).
En síntesis, el resultado más consistente de la revisión es que la agricultura sostenible
aporta a la seguridad alimentaria cuando actúa como sistema de resiliencia y no como
suma dispersa de técnicas. Las prácticas identificadas —diversificación, agroecología,
agricultura de conservación, agroforestería, silvopastoreo, manejo ecológico de
suelos, gestión eficiente del agua y agricultura climáticamente inteligente— fortalecen
disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad alimentaria en la medida en que
articulan procesos ecológicos con capacidades sociales e institucionales (HLPE,
2019; Bezner Kerr et al., 2021). La originalidad analítica de este enfoque reside en
conectar la resiliencia climática con la seguridad alimentaria desde una perspectiva
territorial: producir alimentos suficientes no basta si los sistemas que los generan
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 94
Artículo Científico
degradan suelos, excluyen productores, homogenizan dietas o incrementan
vulnerabilidades futuras (FAO et al., 2025; Castellanos et al., 2022).
4. Discusión
Los resultados de esta revisión permiten discutir la agricultura sostenible como una
respuesta estratégica ante la fragilidad climática de los sistemas agroalimentarios
latinoamericanos, pero no en un sentido meramente técnico, sino como un proceso
de reconfiguración ecológica, económica e institucional. La evidencia revisada
muestra que prácticas como la diversificación productiva, la agroecología, la
agroforestería, el manejo sostenible del suelo, la gestión eficiente del agua y los
sistemas silvopastoriles operan como mecanismos de resiliencia porque reducen la
exposición al riesgo, amortiguan pérdidas y sostienen funciones ecosistémicas críticas
para la producción de alimentos. Esta interpretación resulta consistente con el hecho
de que la variabilidad climática y los eventos extremos afectan las cuatro dimensiones
de la seguridad alimentaria —disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad—, lo que
impide tratar la crisis alimentaria como un problema exclusivamente productivo (FAO
et al., 2025).
La discusión central que emerge de los hallazgos es que la sostenibilidad agrícola no
debe entenderse como un complemento ambiental de la agricultura convencional, sino
como una condición de viabilidad para la seguridad alimentaria en escenarios de
cambio climático. El deterioro climático ya ha reducido el crecimiento de la
productividad agrícola total mundial en torno al 21% desde 1961, con impactos
proporcionalmente más severos en regiones cálidas como América Latina y el Caribe,
lo que confirma que la continuidad del modelo productivo dependiente de
homogeneidad genética, insumos externos y expansión territorial incrementa la
vulnerabilidad sistémica (Ortiz-Bobea et al., 2021). Por tanto, la agricultura sostenible
introduce una racionalidad distinta: no busca maximizar rendimientos aislados en el
corto plazo, sino preservar la capacidad de los agroecosistemas para seguir
produciendo bajo incertidumbre climática, degradación ambiental y volatilidad
económica.
En relación con las prácticas sostenibles identificadas, la diversificación agrícola
aparece como el eje más transversal y con mayor respaldo empírico, porque articula
biodiversidad, estabilidad productiva y provisión de servicios ecosistémicos. El
metaanálisis de Tamburini et al. (2020) muestra que la diversificación mejora
biodiversidad, polinización, control de plagas, ciclado de nutrientes, fertilidad del suelo
y regulación hídrica sin comprometer los rendimientos promedio, lo cual debilita el
argumento de que la sostenibilidad necesariamente reduce productividad. Este punto
es decisivo para la discusión del artículo, ya que permite afirmar que la agricultura
sostenible no representa una renuncia a la producción, sino una estrategia de
recomposición funcional del sistema agrícola para hacerlo menos dependiente, menos
frágil y más adaptable ante perturbaciones recurrentes.
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 95
Artículo Científico
El aporte de la agroecología, por su parte, amplía la discusión porque desplaza el
análisis desde la finca como unidad técnica hacia el territorio como sistema
socioecológico. La agroecología no se limita a sustituir fertilizantes sintéticos por
abonos orgánicos o pesticidas por control biológico; implica rediseñar relaciones entre
suelo, agua, semillas, conocimiento campesino, organización comunitaria, mercados
locales y dietas culturalmente pertinentes. En ese sentido, la literatura sostiene que
las transiciones agroecológicas requieren cambios simultáneos en prácticas
productivas, instituciones, normas, circuitos de comercialización y formas de
gobernanza, lo que explica por qué sus efectos sobre la seguridad alimentaria
dependen de condiciones sociales y políticas, no solo de atributos biofísicos del cultivo
(HLPE, 2019).
La evidencia revisada también permite discutir que la resiliencia alimentaria tiene una
dimensión profundamente territorial. En Centroamérica, Harvey et al. (2018)
encontraron que el 95% de pequeños productores encuestados había observado
cambios climáticos, mientras que el 87% de productores de maíz y el 66% de
productores de café reportaron impactos negativos sobre la producción; además, el
32% manifestó inseguridad alimentaria después de eventos extremos y el 46% de
quienes percibieron cambios modificó sus prácticas agrícolas, especialmente
mediante la plantación de árboles. Estos datos indican que la adaptación no ocurre de
manera abstracta, sino en contextos de finca, paisaje, ingreso, acceso a asistencia
técnica y disponibilidad de recursos; por ello, las políticas de agricultura sostenible
deben ser diferenciadas y sensibles a la heterogeneidad rural (Harvey et al., 2018).
Los resultados también sugieren que la contribución de la agricultura sostenible a la
seguridad alimentaria no se agota en la disponibilidad de alimentos, aunque esta
dimensión sea fundamental. La diversificación, los huertos familiares, los policultivos,
las leguminosas, los árboles alimentarios y la integración de cultivos con animales
menores pueden ampliar la base alimentaria de los hogares, mejorar la diversidad
dietaria y reducir la dependencia de compras externas en momentos de crisis. Esta
discusión es particularmente relevante en América Latina y el Caribe, donde 186,7
millones de personas experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave en
2023 y 182,9 millones no pudieron costear una dieta saludable en 2022, pese a que
la región mantiene una alta capacidad agroexportadora (FAO et al., 2025).
No obstante, la discusión debe evitar una lectura idealizada de la agricultura
sostenible. La adopción de prácticas como agricultura de conservación,
agroforestería, manejo orgánico de suelos o sistemas silvopastoriles puede exigir
inversión inicial, conocimiento técnico, trabajo adicional, disponibilidad de biomasa,
tiempo de transición y acceso a mercados o incentivos adecuados. De hecho, la
literatura sobre conservación agrícola advierte que sus beneficios dependen de la
aplicación integrada de principios —mínima remoción del suelo, cobertura permanente
y rotación/diversificación—, por lo que la adopción parcial puede producir resultados
limitados o incluso inconsistentes (Pittelkow et al., 2015). Esta tensión obliga a discutir
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 96
Artículo Científico
la sostenibilidad como proceso gradual, contextual y políticamente mediado, más que
como paquete universal de soluciones transferibles.
Desde una perspectiva económica, los hallazgos permiten sostener que la agricultura
sostenible puede fortalecer el acceso alimentario cuando reduce la dependencia de
insumos externos, diversifica fuentes de ingreso y mejora la estabilidad productiva; sin
embargo, estos beneficios no son automáticos ni uniformes. En territorios con pobreza
rural, baja capitalización y limitada asistencia técnica, la transición sostenible puede
quedar restringida si no existen crédito adecuado, extensión rural, infraestructura
hídrica, seguros agropecuarios, información climática y mercados inclusivos. Esta
condición es crucial porque la región registra el costo de dieta saludable más alto del
mundo, con 4,56 dólares PPA por persona al día en 2022, lo que demuestra que la
seguridad alimentaria depende tanto de producir alimentos como de garantizar
capacidad económica y territorial para acceder a ellos (FAO et al., 2025).
La discusión ambiental refuerza la necesidad de integrar adaptación y mitigación, ya
que los sistemas agroalimentarios latinoamericanos son simultáneamente víctimas y
agentes del cambio climático. La agricultura y los cambios de uso del suelo explican
casi la mitad de las emisiones regionales de gases de efecto invernadero, por lo que
la transformación de la ganadería, la restauración de pasturas, la agroforestería, el
silvopastoreo y la reducción de pérdidas alimentarias son medidas relevantes para
disminuir emisiones sin desatender la nutrición de una población creciente (Dumas et
al., 2022). Así, la agricultura sostenible adquiere una doble función: protege la
producción frente a amenazas climáticas y, al mismo tiempo, reduce la presión
ambiental que compromete la seguridad alimentaria futura.
En el plano institucional, la revisión permite argumentar que la resiliencia agrícola no
se produce únicamente dentro de la parcela, sino en la interacción entre productores,
organizaciones, políticas públicas, mercados, infraestructura y conocimiento. El IPCC
advierte que Centro y Sudamérica presentan desigualdades sociales profundas, alta
desigualdad en la tenencia de la tierra y vulnerabilidad diferenciada por ruralidad,
género y etnicidad, condiciones que amplifican los impactos climáticos y limitan la
capacidad adaptativa de los grupos más expuestos (Castellanos et al., 2022). Por ello,
una política de agricultura sostenible que ignore acceso a tierra, agua, financiamiento,
asistencia técnica y participación de productores vulnerables corre el riesgo de
reproducir desigualdades, aun cuando promueva prácticas ambientalmente
deseables.
Los resultados de este artículo exploratorio también muestran una brecha teórica y
metodológica relevante: gran parte de la literatura analiza por separado prácticas
agrícolas, cambio climático y seguridad alimentaria, pero todavía son insuficientes los
estudios que integran simultáneamente variables productivas, nutricionales,
económicas, institucionales y climáticas. Esta fragmentación limita la comprensión de
mecanismos causales y mediadores, por ejemplo, cómo una práctica sostenible
mejora el acceso alimentario a través del ingreso, cómo la diversificación incide en la
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 97
Artículo Científico
calidad de la dieta o cómo la gobernanza local del agua condiciona la estabilidad
productiva. En consecuencia, el aporte de este trabajo radica en proponer una lectura
articulada de la agricultura sostenible como estrategia de resiliencia alimentaria,
coherente con los enfoques de transición y transformación de sistemas
agroalimentarios sostenibles (HLPE, 2019; FAO et al., 2025).
Finalmente, la discusión permite afirmar que la agricultura sostenible constituye una
vía prometedora, aunque no suficiente por sola, para enfrentar la inseguridad
alimentaria en contextos de cambio climático. Su potencia reside en que combina
funciones ecológicas —suelo, agua, biodiversidad, carbono— con funciones sociales
—autonomía productiva, diversificación de ingresos, aprendizaje colectivo y resiliencia
comunitaria—; su límite, en cambio, aparece cuando se pretende trasladar la
responsabilidad de la adaptación exclusivamente a los productores sin modificar
estructuras de mercado, financiamiento, tenencia de la tierra y política pública. Por
ello, la originalidad del enfoque discutido consiste en comprender la seguridad
alimentaria como resultado de sistemas agroalimentarios territorialmente resilientes, y
no como simple consecuencia de mayores volúmenes de producción (Tamburini et al.,
2020; Castellanos et al., 2022).
5. Conclusiones
La agricultura sostenible se consolida como una estrategia de resiliencia fundamental
para enfrentar la inseguridad alimentaria en contextos de cambio climático,
especialmente en América Latina, donde la producción agrícola convive con una
elevada exposición a sequías, inundaciones, degradación de suelos, pérdida de
biodiversidad y volatilidad de precios. El análisis realizado permite concluir que la
seguridad alimentaria no depende únicamente del aumento de la productividad, sino
de la capacidad de los sistemas agroalimentarios para sostener la disponibilidad, el
acceso, la utilización y la estabilidad de los alimentos bajo condiciones ambientales
cada vez más inciertas.
Las prácticas sostenibles identificadas en la literatura —diversificación de cultivos,
agroecología, agroforestería, agricultura de conservación, manejo ecológico de
suelos, gestión eficiente del agua y sistemas silvopastoriles— muestran un potencial
significativo para reducir la vulnerabilidad productiva y fortalecer la estabilidad de los
medios de vida rurales. Estas prácticas no actúan como soluciones aisladas, sino
como componentes interdependientes de un sistema agrícola más complejo, capaz
de amortiguar perturbaciones climáticas, disminuir la dependencia de insumos
externos y preservar funciones ecosistémicas esenciales para la producción
alimentaria.
Los aportes de la agricultura sostenible a la seguridad alimentaria se expresan en
varias dimensiones complementarias. En términos productivos, favorece una mayor
estabilidad de la oferta alimentaria; en términos económicos, puede reducir costos y
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 98
Artículo Científico
diversificar fuentes de ingreso; en términos nutricionales, amplía la disponibilidad de
alimentos frescos, variados y culturalmente pertinentes; y en términos ambientales,
contribuye a conservar suelos, agua, biodiversidad y carbono. Por ello, su valor no
radica solo en producir más, sino en producir de manera más resiliente, equitativa y
compatible con los límites ecológicos del territorio.
También se concluye que la transición hacia sistemas agrícolas sostenibles no ocurre
de forma automática ni homogénea. Su implementación exige condiciones habilitantes
como asistencia técnica, financiamiento rural, acceso a información climática,
infraestructura hídrica, mercados inclusivos, seguridad en la tenencia de la tierra y
políticas públicas diferenciadas para pequeños productores, mujeres rurales y
comunidades indígenas. Sin este soporte institucional, las prácticas sostenibles
pueden quedar restringidas a experiencias locales fragmentadas, sin capacidad
suficiente para transformar las estructuras que reproducen vulnerabilidad alimentaria
y climática.
La revisión evidencia, además, que persiste una brecha analítica importante: muchos
estudios abordan por separado la sostenibilidad agrícola, el cambio climático y la
seguridad alimentaria, pero aún son insuficientes los enfoques que integran
simultáneamente variables productivas, ecológicas, económicas, nutricionales e
institucionales. Esta fragmentación limita la comprensión de los mecanismos mediante
los cuales una práctica sostenible incide en la alimentación de los hogares, en la
estabilidad territorial y en la resiliencia de los sistemas agroalimentarios.
En conjunto, el artículo permite sostener que la agricultura sostenible debe entenderse
como una vía estratégica, aunque no suficiente por sola, para enfrentar la
inseguridad alimentaria en escenarios de cambio climático. Su mayor contribución
consiste en desplazar la mirada desde un paradigma centrado exclusivamente en el
rendimiento hacia una comprensión integral de la resiliencia agroalimentaria. Desde
esta perspectiva, garantizar alimentos en el futuro requerirá no solo incrementar la
producción, sino transformar las formas de producir, distribuir, acceder y consumir
alimentos en territorios climáticamente vulnerables.
CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
Referencias Bibliográficas
Alcocer-Quinteros, R. P., Knudsen-González, J. A., & Marrero-Delgado, F. (2024).
Contribución a la gestión integral de los residuos sólidos urbanos en cantones
del Ecuador. Editorial Grupo AEA. https://doi.org/10.55813/egaea.l.80
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 99
Artículo Científico
Altieri, M. A., Nicholls, C. I., Henao, A., & Lana, M. A. (2015). Agroecology and the
design of climate change-resilient farming systems. Agronomy for Sustainable
Development, 35, 869890. https://doi.org/10.1007/s13593-015-0285-2
Avellaneda Vázquez, J. P., & Herrera-Eguez, F. E. (2024). Dosis de silicio como nueva
estrategia para el control de la mancha marrón (Bipolaris oryzae) en arroz
(Oryza sativa L.). Editorial Grupo AEA. https://doi.org/10.55813/egaea.l.81
Bezner Kerr, R., Madsen, S., Stüber, M., Liebert, J., Enloe, S., Borghino, N., Parros,
P., Mutyambai, D. M., Prudhon, M., & Wezel, A. (2021). Can agroecology
improve food security and nutrition? A review. Global Food Security, 29,
100540. https://doi.org/10.1016/j.gfs.2021.100540
Caicedo-Aldaz, J. C., & Herrera-Sánchez, D. J. (2022). El Rol de la Agroecología en
el Desarrollo Rural Sostenible en Ecuador. Revista Científica Zambos, 1(2), 1-
16. https://doi.org/10.69484/rcz/v1/n2/24
Campuzano-Vera, S. E., Alcázar-Espinoza, J. A., Alcázar-Campuzano, M. Z., & Wolf-
Noblecilla, D. M. (2024). Contenido fenólico y capacidad antioxidante de un vino
a base de Reina Claudia roja (Prunus domestica). Journal of Economic and
Social Science Research, 4(4), 303–320.
https://doi.org/10.55813/gaea/jessr/v4/n4/149
Cargua-Chávez, J. E., Carrillo-Cruz, A. I., Cedeño-García, G. A., Jácome-Gómez, L.
R., Valencia-Enríquez, X. P., Martínez-Sotelo, M. C., Mendoza-Vélez, C. F.,
Ronquillo-Narváez, E. X., Jumbo-Romero, P. A., Montero de la Cueva, J. V.,
Chica-Solórzano, H. F., Cárdenas-Carrión, J. A., González-Buitrón, K. T.,
González-Sanango, H., & Coello-Merchán, B. M. (2024). Alternativas de
alimentación para rumiantes. Editorial Grupo AEA.
https://doi.org/10.55813/egaea.l.72
Castellanos, E. J., Lemos, M. F., Astigarraga, L., Chacón, N., Cuvi, N., Huggel, C.,
Miranda, L., Moncassim Vale, M., Ometto, J. P., Peri, P. L., Postigo, J. C.,
Ramajo, L., Roco, L., & Rusticucci, M. (2022). Central and South America. En
H.-O. Pörtner et al. (Eds.), Climate Change 2022: Impacts, Adaptation and
Vulnerability. Cambridge University Press.
https://doi.org/10.1017/9781009325844.014
Donatti, C. I., Harvey, C. A., Martinez-Rodriguez, M. R., Vignola, R., & Rodriguez, C.
M. (2019). Vulnerability of smallholder farmers to climate change in Central
America and Mexico: Current knowledge and research gaps. Climate and
Development, 11(3), 264–286.
https://doi.org/10.1080/17565529.2018.1442796
Dumas, P., Wirsenius, S., Searchinger, T., Andrieu, N., & Vogt-Schilb, A. (2022).
Options to achieve net-zero emissions from agriculture and land use changes
in Latin America and the Caribbean. Inter-American Development Bank.
https://doi.org/10.18235/0004427
FAO, IFAD, PAHO, WFP, & UNICEF. (2025). Latin America and the Caribbean:
Regional overview of food security and nutrition 2024. FAO.
FAO. (2013). Climate-smart agriculture sourcebook. Food and Agriculture
Organization of the United Nations. https://www.fao.org/4/i3325e/i3325e.pdf
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 100
Artículo Científico
Gliessman, S. R. (2015). Agroecology: The ecology of sustainable food systems (3rd
ed.). CRC Press. https://doi.org/10.1201/b17881
Guamán-Rivera, S. A. (2022). Desarrollo de Políticas Agrarias y su Influencia en los
Pequeños Agricultores Ecuatorianos. Revista Científica Zambos, 1(3), 15-28.
https://doi.org/10.69484/rcz/v1/n3/30
Guamán-Rivera, S. A., & Flores-Mancheno, C. I. (2023). Seguridad Alimentaria y
Producción Agrícola Sostenible en Ecuador. Revista Científica Zambos, 2(1),
1-20. https://doi.org/10.69484/rcz/v2/n1/35
Harvey, C. A., Saborio-Rodríguez, M., Martinez-Rodríguez, M. R., Viguera, B., Chain-
Guadarrama, A., Vignola, R., & Alpizar, F. (2018). Climate change impacts and
adaptation among smallholder farmers in Central America. Agriculture & Food
Security, 7, Article 57. https://doi.org/10.1186/s40066-018-0209-x
Herrera-Feijoo, R. J. (2024). Principales amenazas e iniciativas de conservación de la
biodiversidad en Ecuador. Journal of Economic and Social Science
Research, 4(1), 33–56. https://doi.org/10.55813/gaea/jessr/v4/n1/85
Herrera-Sánchez, D. J., & Gavilánez-Buñay, T. C. (2023). Estrategias de agricultura
regenerativa para mejorar la salud del suelo. Revista Científica Ciencia Y
Método, 1(2), 15-28. https://doi.org/10.55813/gaea/rcym/v1/n2/12
HLPE. (2019). Agroecological and other innovative approaches for sustainable
agriculture and food systems that enhance food security and nutrition. High
Level Panel of Experts on Food Security and Nutrition.
https://www.fao.org/3/ca5602en/ca5602en.pdf
Holt-Giménez, E. (2002). Measuring farmers’ agroecological resistance after
Hurricane Mitch in Nicaragua: A case study in participatory, sustainable land
management impact monitoring. Agriculture, Ecosystems & Environment, 93(1–
3), 87–105. https://doi.org/10.1016/S0167-8809(02)00006-3
Jat, M. L., Dagar, J. C., Sapkota, T. B., Govaerts, B., Ridaura, S. L., Saharawat, Y. S.,
Sharma, R. K., Tetarwal, J. P., Jat, R. K., Hobbs, H., & Stirling, C. M. (2016).
Climate change and agriculture: Adaptation strategies and mitigation
opportunities for food security in South Asia and Latin America. Advances in
Agronomy, 137, 127235. https://doi.org/10.1016/bs.agron.2015.12.005
Kassam, A., Friedrich, T., & Derpsch, R. (2019). Global spread of conservation
agriculture. International Journal of Environmental Studies, 76(1), 29–51.
https://doi.org/10.1080/00207233.2018.1494927
Loor-Macías, M. G., Mendoza-Cevallos, M. G., Alcívar-Catagua, M. A., Álvarez-
Gutiérrez, Y. de las M., Lino-García, M. J., Cañarte-Baque, S. J., Gras-
Rodríguez , R., Quimis-Gómez, A. J., & Fienco-Bacusoy, A. R. (2024).
Regulaciones Ambientales y de Seguridad Laboral en Ecuador. Editorial Grupo
AEA. https://doi.org/10.55813/egaea.l.93
Mbow, C., Smith, P., Skole, D., Duguma, L. A., & Bustamante, M. (2014). Achieving
mitigation and adaptation to climate change through sustainable agroforestry
practices in Africa. Current Opinion in Environmental Sustainability, 6, 814.
https://doi.org/10.1016/j.cosust.2013.09.002
Revista Científica Enfoques del Conocimiento | V.01 | N.03 | AbrJun | 2024 | https://revistacec.blez.edu.ec pág. 101
Artículo Científico
OECD/FAO. (2025). OECD-FAO Agricultural Outlook 2025–2034. OECD
Publishing/FAO. https://doi.org/10.1787/601276cd-en
Ortiz-Bobea, A., Ault, T. R., Carrillo, C. M., Chambers, R. G., & Lobell, D. B. (2021).
Anthropogenic climate change has slowed global agricultural productivity
growth. Nature Climate Change, 11, 306312. https://doi.org/10.1038/s41558-
021-01000-1
Pittelkow, C. M., Liang, X., Linquist, B. A., van Groenigen, K. J., Lee, J., Lundy, M. E.,
van Gestel, N., Six, J., Venterea, R. T., & van Kessel, C. (2015). Productivity
limits and potentials of the principles of conservation agriculture. Nature, 517,
365368. https://doi.org/10.1038/nature13809
Pretty, J., Benton, T. G., Bharucha, Z. P., Dicks, L. V., Flora, C. B., Godfray, H. C. J.,
Goulson, D., Hartley, S., Lampkin, N., Morris, C., Pierzynski, G., Prasad, P. V.
V., Reganold, J., Rockström, J., Smith, P., Thorne, P., & Wratten, S. (2018).
Global assessment of agricultural system redesign for sustainable
intensification. Nature Sustainability, 1, 441446.
https://doi.org/10.1038/s41893-018-0114-0
Reganold, J. P., & Wachter, J. M. (2016). Organic agriculture in the twenty-first century.
Nature Plants, 2, 15221. https://doi.org/10.1038/nplants.2015.221
Rojas, F. E., & Saavedra-Mera, K. A. . (2022). Diversificación de Cultivos y su Impacto
Económico en las Fincas Ecuatorianas. Revista Científica Zambos, 1(1), 51-68.
https://doi.org/10.69484/rcz/v1/n1/21
Romero Cedeño, K. A., & Cadme Arévalo, M. L. (2024). Uso de sistemas de aeronaves
remotamente pilotadas (RPAS) en el monitoreo de plantaciones forestales.
Editorial Grupo AEA. https://doi.org/10.55813/egaea.l.8
Tamburini, G., Bommarco, R., Wanger, T. C., Kremen, C., van der Heijden, M. G. A.,
Liebman, M., & Hallin, S. (2020). Agricultural diversification promotes multiple
ecosystem services without compromising yield. Science Advances, 6(45),
eaba1715. https://doi.org/10.1126/sciadv.aba1715
Vera Chang, J. F., Barzola Miranda, S. E., & Álvarez Aspiazu, A. A. (2024).
Procesamiento y conservación de frutas y hortalizas. Editorial Grupo AEA.
https://doi.org/10.55813/egaea.l.8
Villanueva-Conforme, G. M., & Cervantes-Molina, X. P. (2024). Cadena de Valor de
los Residuos Sólidos Urbanos: Un Enfoque Integral. Editorial Grupo AEA.
https://doi.org/10.55813/egaea.l.8
Viteri-Robayo, C. P., Mallitasig-Endara, F. V. ., Tapia-Barahona, S. A., Robayo-Zurita,
V. A., Lozada-Tobar, L. A., Cruz-Hidalgo, P. A., Camacho-Aldaz, M. P., Hidalgo-
Morales, K. P., Fiallos-Altamirano, F. F., Ortiz-Gavilanes, J. I., Gutiérrez-
Lozada, A. E., Cabrera-Beltran, L. J., Iza-Iza, S. P., Arteaga-Almeida, C. A.,
Bustillos-Ortiz, A. A., Bustillos-Ortiz, D. I. ., Pomboza-Tamaquiza, P. P.,
Ulcuango-Ulcuango, K. del C., Moreno-Mejía, C. R., Guanga-Lara, V. E., &
Galarza-Esparza, W. B. (2023) Antropología Alimentaria. Editorial Grupo AEA.
https://doi.org/10.55813/egaea.l.2022.39